miércoles, 6 de septiembre de 2017

Beatos Jesús Jaramillo y Pedro María Ramírez




Beato Monseñor Jesús Emilio Jaramillo 

Nació en Santo Domingo Antioquia (Colombia), el 14 de febrero de 1916. En 1929 ingresó al Seminario de Misiones Extrajeras de Yarumal. En 1936 realizó su promesa definitiva dentro del instituto de misioneros, y en 1940 fue ordenado sacerdote sacerdote.
En su trabajo pastoral de los primeros años de sacerdocio se destaca el trabajo en parroquia, el trabajo de profesor en el seminario, capellán de la cárcel de mujeres y maestro de novicios.
Fue un sacerdote de grandes capacidades, no sólo como pastor, sino también como intelectual y como religioso. Por ello en 1959 fue elegido superior general de su instituto religioso de misioneros de Yerumal.
El 8 de enero de 1970 la Santa Sede elevó la Prefectura Apostólica de Arauca al rango de Vicariato Apostólico (en 1984 fue elevado a diócesis). Como primer Vicario, el Papa Pablo VI eligió al Padre Jaramillo, quien fue ordenado Obispo el 10 de enero de 1971. En su labor como obispo fue pastor de la región “Sarare”, que es la inexpugnable selva colombiana, donde viven tribus y familias de los aborígenes Tunebos. Él comenzó el llamado “Equipo del Indio”, una organización pastoral especializada en la evangelización de los indígenas del Sarare. Fue una acción sin descanso.
El 2 de octubre de 1989 durante una visita pastoral a algunas parroquias rurales de su diócesis fue asesinado por una célula guerrillera del ELN (Ejército de Liberación Nacional).
El Papa Francisco autorizó, el 7 de julio de 2017, la promulgación del decreto en el que se lo reconoce como Mártir. Su beatificación: 8 de septiembre 2017 en Villavicencio, Colombia.


Beato Pedro María Ramírez

Pedro María Ramírez Ramos nació el 23 de octubre de 1899 en el municipio de La Plata (Huila), Colombia, en el seno de una familia conservadora. Sus padres eran Ramón Ramírez e Isabel Ramos. Sus estudios primarios los realizó en su pueblo, mientras que la educación secundaria la realizó en el Seminario Menor San Luis Gonzaga de Elías (Huila).

Con el deseo de ser sacerdote ingresó al seminario de María Inmaculada en Garzón el 4 de octubre de 1915, donde recibió las órdenes menores en 1917. Por dudas vocacionales se retiró del seminario en 1920. Ocho años más tarde regresó al seminario pero en esta ocasión al de Ibagué (Tolima), donde en 1931 es ordenado sacerdote. El obispo de Ibagué, Pedro Martínez, le nombra primeramente párroco de Chaparral, en 1931, luego de Cunday, en 1934. Hacia el 1943 se encuentra como párroco de Fresno y finalmente hacia 1948 en Armero.

Estaba visitando unos enfermos en el hospital cuando estalla en Colombia una revolución ocasionada por el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán, candidato a la presidencia de la República, era el 9 de abril de 1948. Armero no escapó de las revueltas que se presentaron a lo largo y ancho del país por los simpatizantes de Gaitán, sin embargo la situación se escapó de las manos de todos, se desató una guerra entre liberales y conservadores. En Armero algunos asesinos aprovecharon las circunstancias para sembrar la violencia. Cuando el sacerdote regresaba a su casa, sintió los gritos de la turba y se refugió en la iglesia.

Estando en la iglesia, el padre Pedro fue animado por las monjas, que tenían su convento al lado de la misma, a huir durante la noche con la ayuda de algunas familias de la ciudad, a lo que se negó diciendo que el pueblo necesitaba de él. El 10 de abril, hacia las cinco de la tarde, una multitud de personas entró en la iglesia, profanando el templo y pidieron a las monjas y al padre Pedro que entregaran unas supuestas armas que tenían escondidas en el convento. Al no encontrar nada, sacaron al sacerdote y en el centro de la plaza lo asesinaron a machetazos.

El cuerpo del padre Pedro quedó expuesto en la plaza toda la noche porque ninguno se atrevía a recogerlo por el temor de correr la misma suerte. A media noche los asesinos recogieron el cuerpo y lo tiraron en una cuneta a la puerta del cementerio. No fue sepultado sino un día después, sin sotana y sin cajón, impidiendo que los fieles le rindieran cristiana sepultura.

El 21 de abril llegaron a la ciudad las autoridades para poner orden. Permitieron que se hiciera la autopsia al cuerpo del padre Pedro y se le diera una sepultura más respetuosa. Pasados veintidós días llegaron sus familiares a reclamar el cuerpo y lo trasladaron a su tierra natal.