viernes, 21 de junio de 2024

San Luis Gonzaga

San Luis Gonzaga nació en Castiglione el 9 de marzo de 1568. Su Padre, Don Ferrante fue marqués de Castiglione, y posteriormente príncipe del Sacro Imperio Romano. Su madre, doña Marta, era hija de los Barones de Santena de Chieri (cerca de Turín). Por ser el primogénito, Luis era el herdero del marquesado

La infancia de Luis estuvo signada por su pertenencia a la nobleza. La niñez de Luis fue la propia de todo niño noble de la época feudal. Sus padres tenían grandes expectativas depositadas sobre él y tuvo a su disposición gran cantidad de servidores, una excelente educación y estuvo en contacto con los nobles y poderosos de su sociedad.

De niño, en parte debido a su educación y en parte a las visitas a los campamentos militares que frecuentaba con su padre, Luis demostraba un gusto particular por los juegos de guerra. Sin embargo, con el paso del tiempo, los intereses del hijo mayor de don Ferrante fueron cambiando, apareciendo cada vez más tranquilo, reflexivo y piadoso a los ojos de su padre a medida que iba creciendo.

El primer contacto del joven Luis con la Compañía de Jesús fue a los 9 años, cuando deseaba tener un confesor estable y, elige al Rector del Colegio de los jesuitas, el P. Francisco de la Torre.

A los 11 años Luis hace los votos de perpetua virginidad, y a los 12 recibe la primera Comunión. Ya en ese tiempo se iba formando en él la decisión de optar por la vida religiosa.

Debido a los avatares propios de ser parte de la nobleza, Luis es llevado de una corte a otra de acuerdo a los ascensos sociales que su padre iba haciendo. A la edad de 14 años, fue nombrado, junto con su hermano Rodolfo, paje de don Diego, Príncipe de Asturias. Esto fue considerado por Don Ferrante como un honor enorme.

Sin embargo, Luis rechazaba esta vida de lujo y opulencia. A medida que crecía, se volvía más firme en su rebeldía acerca de la formación que él mismo recibía y los valores de ese mundo de honores y dignidades en el que había nacido.

El jesuita Fernando Paternó empezó a ser su director espiritual. Luis comienza a vivir, dentro de la corte, una vida austera y modesta. Estas actitudes de parte del joven generan reacciones diversas.
Discernimiento Espiritual

Poco a poco, Luis, fue llegando a la decisión que le parecía lógica: renunciaría a todo y se haría religioso. El discernimiento termina el 15 de agosto de 1583 día en que se sintió llamado por Nuestra Señora del Buen Consejo a entrar en la Compañía de su Hijo.

Sin embargo, el llevar a cabo esta decisión no sería fácil para el joven Luis. Si bien su madre aceptó con docilidad la vocación de su hijo, su padre se opuso terminantemente, dado que tenía depositadas en Luis expectativas diferentes, que se acercaban más a la vida de gloria, grandeza y dignidades que deseaba para sí mismo. Por esto, Don Ferrante recurrió a las más diversas autoridades políticas, eclesiales y familiares, en busca de que convencieran a Luis de cambiar la elección que había hecho para su vida. La decisión del joven era, empero, irrevocable.

Finalmente, en 1585, Luis presenta su renuncia al marquesado y el 25 de noviembre de ese mismo año ingresa al Noviciado de San Andrés del Quirinal. Tras una feliz experiencia de noviciado, y un examen de Filosofía exitoso, el 25 de noviembre de 1587, Luis hizo los votos perpetuos de pobreza, castidad y obediencia. Luego, Luis comenzó los estudios en Teología en el entonces Colegio Romano, cuna de la Universidad Gregoriana, donde resulta ser un alumno sobresaliente.

Al comenzar el año 1591, en Roma se desata la peste. Las grandes muchedumbres habían abandonado los campos. Por las malas cosechas y el hambre, llegaban a la ciudad. Muy pronto los hospitales estuvieron llenos. La ciudad no estaba preparada para esta demanda. Demasiada pobreza y falta de higiene.

Los jesuitas colaboraron con las autoridades en la atención a los enfermos. En el contacto con ellos Luis, al igual que otros de sus compañeros, contrae la enfermedad que lo sostuvo durante tres meses en una lenta agonía.

En 1560-1593 la peste hizo estragos en Roma, causando miles de muertes entre ellas la de los papas Sixto V, Urbano VII y Gregorio XIV. Luis atendió con heroísmo a los enfermos en S. Giacomo degli Incurabili, en San Juan de Letrán, en S. María de la Consolación, y en el hospital improvisado junto a la iglesia del Gesú, donde contrajo la enfermedad.

Con la mirada puesta en el crucifijo y el nombre de Jesús en sus labios, falleció el 21 de junio de 1591, a los 23 años, tras una vida rica en experiencias. Fue canonizado en 1726 con San Estanislao de Kostka. La Iglesia lo declaró Patrono de la Juventud.

San Luis Gonzaga, ruega por nosotros

domingo, 16 de junio de 2024

Santa María Micaela del Santísimo Sacramento


Santa María Micaela del Santísimo Sacramento rescató muchas mujeres de la prostitución. Fundó el Instituto de Adoratrices Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Caridad.

Santa María Micaela nació en Madrid en 1890, en una familia de clase alta, pero desde pequeña tuvo que afrontar grandes pesares, sus padres murieron inesperadamente, su hermanita perdió la razón y su otra hermana fue desterrada por los enemigos políticos de su esposo. Tuvo que acompañar a su hermano en su trabajo como embajador en París y luego en Bruselas.

Solía madrugar para hacer sus prácticas de piedad, ir a misa y hacer obras de caridad con los pobres y enfermos. Desde el mediodía tenía que asistir a los banquetes diplomáticos y diversas actividades, mostrándose sonriente a pesar de no sentirse bien de salud.

Al volver a Madrid, se encuentra con María Ignacia Rico, con quien visitó el hospital San Juan de Dios, donde había mujeres de la mala vida que habían caído enfermas y Micaela se quedó impresionada con la vida horrorosa y cruel de las prostitutas.

Con su amiga Ignacia consiguieron una casita para albergar a las muchachas, resumirlas y salvarlas. Esto generó habladurías e incomprensiones para con Micaela en la alta sociedad y en el clero, perdiendo a sus amistades. La Santa dejó su elegante barrio y se fue a vivir con las pobres mujeres.

Santa Micaela solía escuchar voces interiores de Dios pero su director espiritual le prohíbe hacerle caso. Ella por obediencia no siguió la voz que le decía:” que la comida estaba envenenada” y se enfermó. Más adelante, llega un santo directo espiritual: San Antonio María Claret, con quien pudo crecer en santidad.

Cierto día va a una casa de citas a rescatar a una muchacha que estaba allí obligada, la insultaron, le lanzaron piedras y la insultan con vulgaridades, pero Santa Micaela salva a la chica sonriendo como si estuviera recibiendo todos los honores.

Más adelante, la reina de España la manda a llamar para pedirle unos consejos. Funda la comunidad de Hermanas Adoratrices del Santísimo Sacramento dedicadas a orar a Cristo Jesús en la Eucaristía y a trabajar para preservar a las muchachas en peligro y a redimir a las pobres que ya cayeron en los vicios y en la impureza.

María Micaela había socorrido por varios años a los enfermos de la peste de tifus negro sin contagiarse. Pero en 1865 se fue a Valencia a ayudar a los enfermos del cólera y contrajo la mortal enfermedad. Partió a la casa del padre el 24 de agosto.

Fue beatificada en 1924 y canonizada en 1934 por el Papa Pío XI.

domingo, 5 de mayo de 2024

La Cruz de Mayo en Chile

La fiesta de Cruz de Mayo, cuyo origen se remonta a los tiempos de la Conquista, cuando una de las devociones más generalizadas en el país era el culto a la Santa Cruz.

Como el misionero católico apenas sabía el idioma de los indios a quienes venía a evangelizar, para hacerse entender necesitó servirse de signos externos para reforzar su enseñanza. Era primordial inculcar la idea de Dios, unida al misterio de la redención y a la verdad de la recompensa después de esta vida. Para esto recurrían a la cruz, la que colocaban en alguna colina o lugar visible cerca de sus misiones.

Como un medio de mantener viva la doctrina, nombraban fiscales en los pueblos, quienes tenían el encargo de bautizar y rezar los días festivos en la capilla o al pie de esa cruz expuesta a la veneración pública.

Los misioneros fundaron hermandades en torno al culto de la cruz el que se tributaba los últimos ocho días de ese mes en los que acudían bailes chinos a danzar ante el madero.

Posteriormente, las cruces veneradas en los campos se arreglaban con flores y variados adornos. En las casas se honraba la cruz con el rezo del rosario, el canto de letanías, con canto a lo divino y se festejaba con mistelas y "gloriao".

La hermosa costumbre popular atravesó los siglos y llegó hasta nuestros días. De modo que, no hace mucho, era común todavía en nuestros campos y ciudades, dedicarse la tarde de ese día a adornar la cruz con flores y a fabricar farolitas en que se encendían velas para los acompañantes. Llegada la noche, grupos familiares, de amigos, vecinos o parroquiales salían cantando y visitando casa por casa para recolectar una limosna, comúnmente en especies, la cual era distribuida después a algún asilo u hospital.

Mientras recorría las residencias el grupo entonaba:

Aquí anda la Santa Cruz
visitando a sus devotos,
con un cabito de vela
y un cantarito de mosto.

Si la tiene, no la niegue,
le servirá de algún daño
por no dar la limosna
a la Santa Cruz de Mayo.

Qué bonita es la casita
que el carpintero la hizo,
por dentro está la gloria
y por fuera el paraíso.

[si no se abre la puerta]

Las estrellitas del cielo
cada una tiene su nombre.
¿Dónde estará el dueño de casa
que le hablo y no me responde?

[si se abre la puerta y se entrega limosna]

Muchas gracias caballero (señorita)
por la limosna que ha dado,
pasaron las tres Marías
por el camino sagrado.

¡VIVA LA CRUZ DE MAYO! ¡VIVA!

[Aquí se levanta la cruz]
Se va la pepita
se va la manzana
adiós señorita
será hasta mañana.

[y si no se entrega limosna]

Esta es la casa de los Pino
donde viven los mezquinos.
Esta es la casa de los Tachos
donde viven los borrachos.

Fuente: https://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-97386.html

viernes, 8 de marzo de 2024

Bendición de San Juan de Dios



BENDICIÓN DE SAN JUAN DE DIOS a los bienhechores de los pobres

¡Oh buen hermano, oh buena hermana! Bendito seáis de Dios de vosotros, y toda vuestra generación. Desde aquí no puedo veros, os echo mi bendición, aunque indigno pecador, Dios que os hizo y os crió os de gracia con que os salvéis. Amén Jesús. La bendición de Dios Padre, y el amor del Hijo, la gracia del Espíritu Santo sea siempre con vosotros y con todos y conmigo. Amén Jesús. De Jesucristo seáis consolados y socorridos, pues por Jesucristo me ayudaste y socorriste hermano y hermana mía en Jesucristo.

(De la carta tercera del Santo a doña María de Mendoza de Sesa)



Juan Ciudad. Nació en 1495 en la población de Montemor o Novo, de la diócesis de Évora, en el reino de Portugal. Criado y educado cristianamente, en su adolescencia fue zagal y pastor de ganados. Su camino lo lleva a Granada, donde ejerce de vendedor de libros.

Allí oye predicar a San Juan de Ávila, el Maestro de Ávila, y tiene tan extraordinaria conmoción espiritual que da voces y gritos, lo que le llevaría a ser juzgado por loco y ser recluido en el Hospital Real granadino. Juan sufre en propia carne el trato que se da a los internados.

En su encierro toma conciencia de su misión. Logra salir y asume el compromiso de atender a los enfermos, los pobres y todos los necesitados practicando, a su vez, un intenso apostolado.

Comienza a recibir a pobres y enfermos y a pedir limosnas en Granada para sostenerlo y atendiéndolos con extrema caridad. Se le unen algunos compañeros. Sin embargo, el destino hace que tras rescatar a un muchacho que se estaba ahogando, fuera víctima de una fuerte pulmonía que iba a debilitar gravemente su salud, por lo que muere el ocho de marzo de 1550. Fue canonizado en 1690. Fue declarado Patrono de los enfermos y hospitales. 


martes, 20 de febrero de 2024

Beata María Ludovica De Angelis


Nacida en San Gregorio, un pequeño pueblo de montaña en la región de los Abruzzos, Italia, en 1880, Antonina De Angelis, quien como religiosa se llamará Sor María Ludovica, llegará al Puerto de la Ciudad de Buenos Aires el 4 de diciembre de 1907, para trasladarse inmediatamente a la Ciudad de La Plata, donde se incorpora al incipiente Hospital de Niños local.

Destinada al lugar más humilde del centro de salud, la cocina y la despensa, se ocupará de preparar los alimentos para internados y residentes.

Sor Ludovica comienza a visitar, primero esporádicamente y luego de manera más asidua, las salas de niños enfermos, descubriendo en ellas las carencias y necesidades que padecían, y consolándolos a todos con afecto maternal.

Tal fue su actitud, que en 1909 el director del nosocomio, la propone como administradora, cargo que la religiosa italiana intenta rechazar por no considerarse capaz.

Conociendo de cerca las carencias que el Hospital de Niños padece, sor Ludovica inicia una serie de obras tendientes a su ampliación. A partir de entonces, en el Hospital de Niños de La Plata "todo será obra concebida, dirigida y obtenida por la Madre Ludovica". Luego de una vida dedicada a los niños del hospital, sor Ludovica fallece en 1962.

Es el Hospital de Niños de La Plata que hoy lleva su nombre: Sor Ludovica.

En el año 2004 es beatificada por el Papa San Juan Pablo II, después de haber sido reconocido un milagro de curación en una niña platense de pocos años de edad.

Durante la homilía de la beatificación su Santidad Juan Pablo II destacó de Sor Ludovica lo siguiente: “Dios no nos ha dado un espíritu cobarde, sino un espíritu de energía, amor y buen juicio" (2 Tm 1, 7). Estas palabras de san Pablo nos invitan a colaborar en la construcción del reino de Dios, desde la perspectiva de la fe. Bien se pueden aplicar a la vida de la beata Ludovica de Angelis, cuya existencia estuvo consagrada totalmente a la gloria de Dios y al servicio de sus semejantes.

En su figura destacan un corazón de madre, sus cualidades de líder y la audacia propia de los santos. Con los niños enfermos tuvo un amor concreto y generoso, afrontando sacrificios para aliviarlos; con sus colaboradores en el hospital de La Plata fue modelo de alegría y responsabilidad, creando un ambiente de familia; para sus hermanas de comunidad fue un auténtico ejemplo como Hija de Nuestra Señora de la Misericordia. En todo estuvo sostenida por la oración, haciendo de su vida una comunicación continua con el Señor.” 


lunes, 12 de febrero de 2024

Beata María Leonia Paradis

Nació en el seno de una humilde y creyente familia de L'Acadie, Quebec, Canadá el 12 de mayo 1840. Fue bautizada con el nombre de Virginie-Alodie. Persiguiendo un futuro mejor para la familia, su padre, que había intentado sostenerla inútilmente trabajando en un molino, partió a California, como otros hicieron, seducido por la fiebre del oro. Al regresar se encontró con que su pequeña, que había dejado interna con 9 años en el convento de las Hermanas de Notre-Dame en Laprairie, ya formaba parte de la comunidad de las Marianitas de San Lorenzo fundadas por el P. Basile Moreau. Era una adolescente de 14 años. De los seis hijos tenidos por Joseph Paradis y Émilie Grégoire, dos habían fallecido, el resto eran varones, por tanto, ella era la única niña. Joseph, hombre afable y bondadoso, pensó que podría disuadirla. Pero no logró hacerla desistir; tampoco la forzó a hacerlo. Muy segura de lo que quería para su vida, Marie Leonie profesó en 1857 amparada por el fundador a pesar de su frágil salud, y se dedicó a la docencia. Interiormente se sentía llamada a sostener la vida de los sacerdotes. Durante unos años impartió clases en Montreal y en el orfanato San Vicente de Paul de Nueva York.

En 1874 llevó a cabo su misión en el colegio de San José, en Memramcook, New Brunswick, Indiana, al frente del cual se hallaba el P. Camille Lefebvre, de la Santa Cruz. Muchas jóvenes de L'Acadie sin recursos y con dificultades para expresarse en inglés, que desempeñaban labores domésticas, albergaban el deseo de establecer un compromiso religioso. Marie Leonie que había comenzado enseñando francés estaba en condiciones de dar clases de inglés porque ya dominaba la lengua. Pero juzgó conveniente propiciar la apertura de un noviciado francófono en L'Acadie para evitar que las jóvenes tuvieran que ir a Indiana a realizar el noviciado. Su propuesta no fue acogida. Y en 1880 impulsó el Instituto de las Pequeñas Hermanas de la Sagrada Familia, aún siendo ella todavía religiosa de la Santa Cruz. El objetivo no era otro que colaborar y apoyar a los religiosos de la misma Orden en su labor educativa. Ellos fueron los que ese año de 1880, en su capítulo general, autorizaron a que las integrantes de este nuevo movimiento hiciesen votos privados y bajo el amparo de Marie Leonie actuasen con autonomía. Su labor sería ocuparse de los trabajos domésticos de los colegios de Santa Cruz extendidos por Canadá.

María y José estaban tan fuertemente anclados en su corazón que no se cansaba de decir: «Mi confianza es ilimitada en nuestra buena Madre. Conoce nuestras necesidades y tiene un poder tan grande sobre el corazón de su divino Hijo». Dentro de las advocaciones conferidas a la Virgen ella se inclinaba por Nuestra Señora de los Siete Dolores y Nuestra Señora del Rosario. Respecto al Santo Patriarca igualmente se dejaba llevar por esa devoción sin cota alguna, recurriendo a él en cualquier situación. Para ello peregrinó en distintas ocasiones al santuario de santa Ana. Sencilla, de gran corazón, extrajo su peculiar forma de consagrar su vida a la atención de los sacerdotes de su contemplación de la Eucaristía y la Sagrada Familia de Nazaret. Humilde, orante, activa, siempre dispuesta a colaborar con generosidad, al igual que María había hecho, serían las claves de su quehacer y fundación. Su lema fue «piedad y dedicación». No dejó de trabajar en ningún instante. Fue una de las características de su vida. Siempre animosa, decía a las suyas: «¡Trabajemos, mis hijas, descansaremos en el cielo!». Mons. Paul LaRocque, prelado de Sherbrooke, Québec precisaba personas de confianza para su seminario y el obispado. Y la beata, que tuvo noticias de ello en 1895, vio la ocasión de trasladar allí la comunidad, siendo acogidas por él en su diócesis. Ese año falleció el P. Lefebvre que había sido sostén de la comunidad. En 1896 obtuvieron la aprobación diocesana. Pero fue pasando el tiempo y Marie Leonie que continuaba vistiendo el hábito de la Santa Cruz, veía aumentar su anhelo de convertirse en otro miembro más de la Sagrada Familia. En 1905 Pío X le concedió la autorización que precisaba quedando liberada del compromiso que había establecido con la anterior Congregación. Quedó como superiora general al frente de la Orden fundada por ella dedicándose todas a servir como «auxiliares» y «cooperadoras» domésticas a comunidades de religiosos y de sacerdotes. Fue la artífice de las constituciones, y justamente cuando se disponía a imprimirlas, el 3 de mayo de 1912, murió repentinamente tras la cena. Poco antes había dicho a una enferma: «¡Adiós hasta el cielo!».
Fue beatificada en 1984 por San Juan Pablo II y será canonizada en 2024 por su Santidad Papa Francisco.

sábado, 10 de febrero de 2024

Santa María Antonia de San José de Paz y Figueroa “Mama Antula”


María Antonia de Paz y Figueroa nació en Santiago del Estero en 1730. A los 15 años empezó a acompañar a los Jesuitas como Beata de la Compañía de Jesús en la tarea de evangelización de los pueblos originarios santiagueños, enseñándoles la Palabra de Dios, a leer y a escribir, y a perfeccionar técnicas de ganadería y agricultura. Mama Antula hablaba quichua. Y fueron los indígenas quienes la bautizaron Mama Antula. Cuando los jesuitas fueron expulsados de América en 1767, en una experiencia de epifanía en la celda capilla de San Francisco Solano y a la edad de 38 años, Mama Antula recibió la misión de su vida: continuar con la práctica de los Ejercicios Espirituales que realizaban los jesuitas, para la salvación de las almas. Fue entonces cuando empezó su misión en salida y eligió su nombre de Iglesia: María Antonia de San José.

Por entonces las mujeres estaban confinadas a casarse o elegir los votos religiosos, no leían ni escribían y mucho menos salían al mundo sin la compañía de un hombre y libradas a la providencia divina. Mama Antula desafió las convenciones de su tiempo y peregrinó por todo el actual territorio argentino -por entonces formábamos parte del virreinato del Perú-, organizando los Ejercicios Espirituales a pesar de estar prohibidos por el Rey Carlos III, pero consiguiendo que los Obispos locales autorizaran su tarea. 

Llegó a Buenos Aires caminando más de 5 mil kilómetros, donde realizó su obra cúlmine -en los inicios del virreinato del Río de la Plata-: La construcción de la Santa Casa, un lugar levantado enteramente con donaciones, y donde exclusivamente se realizan los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola. Fue inaugurada en 1795 y allí murió Mama Antula en 1799, y desde entonces sigue funcionando hasta el día de hoy. Allí ricos y pobres compartían mesa y rezaban juntos, y se estima que 70 mil personas realizaron los Ejercicios Espirituales allí, compartiendo el pan y aprendiendo los valores que precedieron y formaron la gesta de mayo y a la creación del Estado Argentino. 

La primera santa de la argentina es laica, valiente, considerada la primera escritora del Río de la Plata, una mujer fuerte que nos enseña la santidad cotidiana y a confiar en la providencia con una fe inquebrantable.

Es la patrona de las empresarias argentinas, y a ella se le reza pidiéndole perseverancia en las dificultades y la aceptación de la voluntad de Dios. Su fiesta litúrgica es el 7 de marzo.

Fue beatificada en 2016 y canonizada el 11 de febrero de 2024, por su Santidad Papa Francisco.