jueves, 11 de febrero de 2021

Nuestra Señora de Lourdes en las palabras de Santa Teresa de Los Andes

En febrero de 1917, Juanita hizo con su madre una peregrinación al santuario de la gruta de Lourdes en Santiago. Al volverse, ella escribió en su Diario la oración siguiente a la Virgen María.


Anteayer y ayer fuimos a Lourdes. ¡Lourdes! Esta sola palabra hace vibrar las cuerdas más sensibles del cristiano, del católico. ¡Lourdes! ¡Quién no se siente conmovido al pronunciarla! Significa un Cielo en el destierro. Lleva envuelto en su manto de misterio todo lo grande de lo que es capaz de sentir el corazón católico. Su nombre hace remover los recuerdos pasados y conmueve las sensaciones íntimas de nuestra alma. Ella encierra alegría, paz sobrehumana, donde el peregrino, fatigado del camino pesaroso de la vida, puede descansar; puede sin cuidado dejar su bagaje, que son las miserias humanas, [y] abrir su seno para recibir el agua del consuelo, del alivio. Es donde las lágrimas del pobre con el rico se confunden, donde sólo encuentra una Madre que los mira y los sonríe Y en esa mirada y sonrisa celestiales hacen brotar de ambos pechos sollozos que el corazón, de felicidad, no puede dejar de escapar y que lo hace esperar, amar lo imperecedero y lo divino.

Sí, Tú eres, Madre, la celestial Madonna que nos guío. Tú dejaste caer de entre tus manos maternales rayos de cielo. No creí que existiera la felicidad en la tierra; pero ayer, mi corazón sediento de ella, la encontró. Mi alma, extasiada a tus plantas virginales te escuchaba. Eras Tú la que hablabas y tu lenguaje de Madre era tan tierno... Era de cielo, casi divino.

¿Quién no se anima, al verte tan pura, tan tierna, tan compasiva, a descubrir sus íntimos tormentos? ¿Quién no te pide que seas estrella en este borrascoso mar?¿Quién es el que no llora entre tus brazos sin que al punto reciba tus ósculos inmaculados de amor y de consuelo? Si es pecador, tus caricias lo enternecen. Si es tu fiel devoto, tu presencia solamente enciende la llama viva del amor divino. Si es pobre, Tú con tu mano poderosa lo socorres y le muestras la patria verdadera. Si es rico, lo sostienes con tu aliento contra los escollos de su vida agitadísima. Si es afligido, Tú, con tus miradas lagrimosas, le muestras la Cruz y en ella a tu divino Hijo. ¿Y quién no encuentra el bálsamo de sus penas al considerar los tormentos de Jesús y de María? El enfermo, por fin, halla en su seno maternal el agua de salud que deja brotar con su sonrisa encantadora, que lo hace sonreír de amor y de felicidad.

Sí, María, eres la Madre del universo entero. Tu corazón está lleno de dulzura. A tus pies se postran con la misma confianza el sacerdote como la virgen para hallar entre tus brazos al Amor de tus entrañas. El rico como el pobre, para encontrar en tu corazón su cielo. El afligido como el dichoso, para encontrar en tu boca la sonrisa celestial. El enfermo como el sano, para encontrar en tus manos dulces caricias. Y por fin, el pecador como yo encuentra en Ti la Madre protectora que bajo tus plantas inmaculadas tienes quebrantada la cabeza del dragón; mientras que en tus ojos descubre la misericordia, el perdón y faro luminoso para no caer en las cenagosas aguas del pecado.

Madre mía, sí. En Lourdes se encontraba el cielo: estaba Dios en el altar rodeado de ángeles, y Tú, desde la concavidad de la roca, le presentabas los clamores de la multitud arrodillada ante el altar. Y le pedías que oyese las súplicas del pobre desterrado en este valle de lágrimas, mientras que, junto con los cantos, te ofrecían un corazón lleno de amor y gratitud.

(Diario, §19)

lunes, 8 de febrero de 2021

Santa Josefina Bakhita

No se conocen datos exactos sobre su vida, se dice que podría ser del pueblo de Olgossa en Darfur, y que 1869 podría ser el año de su nacimiento. Creció junto con sus padres, tres hermanos y dos hermanas, una de ellas su gemela.

La captura de su hermana por unos negreros que llegaron al pueblo de Olgossa, marcó mucho en el resto de la vida de Bakhita, tanto así que más adelante en su biografía escribiría: "Recuerdo cuánto lloró mamá y cuánto lloramos todos".

En su biografía Bakhita cuenta su propia experiencia al encontrarse con los buscadores de esclavos. "Cuando aproximadamente tenía nueve años, paseaba con una amiga por el campo y vimos de pronto aparecer a dos extranjeros, de los cuales uno le dijo a mi amiga: 'Deja a la niña pequeña ir al bosque a buscarme alguna fruta. Mientras, tú puedes continuar tu camino, te alcanzaremos dentro de poco'. El objetivo de ellos era capturarme, por lo que tenían que alejar a mi amiga para que no pudiera dar la alarma.

Sin sospechar nada obedecí, como siempre hacia. Cuando estaba en el bosque, me percate que las dos personas estaban detrás de mí, y fue cuando uno de ellos me agarró fuertemente y el otro sacó un cuchillo con el cual me amenazó diciéndome: 'Si gritas, morirás! Síguenos!'".

Los mismos secuestradores fueron quienes le pusieron Bakhita al ver su especial carisma.

Luego de ser capturada, Bakhita fue llevada a la ciudad de El Obeid, donde fue vendida a cinco distintos amos en el mercado de esclavos.

Nunca consiguió escapar, a pesar de intentarlo varias veces. Con quien más sufrió de humillaciones y torturas fue con su cuarto amo, cuando tenía más o menos 13 años. Fue tatuada, le realizaron 114 incisiones y para evitar infecciones le colocaron sal durante un mes. "Sentía que iba a morir en cualquier momento, en especial cuando me colocaban la sal", cuenta en su biografía.

El comerciante italiano Calixto Leganini compró a Bakhita por quinta vez en 1882, y fue así que por primera vez Bakhita era tratada bien.

"Esta vez fui realmente afortunada - escribe Bakhita - porque el nuevo patrón era un hombre bueno y me gustaba. No fui maltratada ni humillada, algo que me parecía completamente irreal, pudiendo llegar incluso a sentirme en paz y tranquilidad".

En 1884 Leganini se vio en la obligación de dejar Jartum, tras la llegada de tropas Mahdis. Bakhita se negó a dejar a su amo, y consiguió viajar con él y su amigo Augusto Michieli, a Italia.

La esposa de Michieli los esperaba en Italia, y sabiendo la llegado de varios esclavos, exigió uno, dándosele a Bakhita. Con su nueva familia, Bakhita trabajo de niñera y amiga de Minnina, hija de los Michieli.

En 1888 cuando la familia Michieli compró un hotel en Suakin y se trasladaron para allá, Bakhita decidió quedarse en Italia.

Bakhita y Minnina ingresaron al noviciado del Instituto de las Hermanas de la Caridad en Venecia, tras ser aconsejadas por las hermanas. Esta congregación fue fundada en 1808 con el nombre de Instituto de las Hermanas de la Caridad en Venecia, pero son más conocidas como Hermanas de Canossa.

Recién en el Instituto, Bakhita conoció al Dios de los cristianos y fue así como supo que "Dios había permanecido en su corazón" y le había dado fuerzas para poder soportar la esclavitud, "pero recién en ese momento sabía quién era". Recibió el bautismo, primera comunión y confirmación al mismo tiempo, el 9 de enero de 1890, por el Cardenal de Venecia. En este momento, tomó el nombre cristiano de Josefina Margarita Afortunada.

"¡Aquí llego a convertirme en una de las hijas de Dios!", fue lo que manifestó en el momento de ser bautizada, pues se dice que no sabía cómo expresar su gozo. Ella misma cuenta en su biografía que mientras estuvo en el Instituto conoció cada día más a Dios, "que me ha traído hasta aquí de esta extraña forma".

La Señora de Michieli volvió de Sudán a llevarse a Bakhita y a su hija, pero con un gran coraje, Bakhita se negó a ir y prefirió quedarse con las Hermanas de Canossa. La esclavitud era ilegal en Italia, por lo que la señora de Michieli no pudo forzar a Bakhita, y es así que permaneció en el Instituto y su vocación la llevó a convertirse en una de las Hermanas de la Orden el 7 de diciembre de 1893, a los 38 años de edad.


Fue trasladada a Venecia en 1902, para trabajar limpiando, cocinando y cuidando a los más pobres. Nunca realizó milagros ni fenómenos sobrenaturales, pero obtuvo la reputación de ser santa. Siempre fue modesta y humilde, mantuvo una fe firme en su interior y cumplió siempre sus obligaciones diarias.

Algo que le costó demasiado trabajo fue escribir su autobiografía en 1910, la cual fue publicada en 1930. En 1929 se le ordena ir a Venecia a contar la historia de su vida. Luego de la publicación de sus memorias, se convirtió en un gran personaje, viajando por todo Italia dando conferencias y recolectando dinero para la orden.

La salud de Bakhita se fue debilitando hacia sus últimos años y tuvo que postrarse a una silla de ruedas, la cual no le impidió seguir viajando, aunque todo ese tiempo fue de dolor y enfermedad. Se dice que le decía la enfermera: "¡Por favor, desatadme las cadenas… es demasiado!". Falleció el 8 de febrero de 1947 en Schio, siendo sus últimas palabras: "Madonna! Madonna!"

Miles de personas fueron a darle el último adiós, expresando así el respeto y admiración que sentían hacia ella. Fue velada por tres días, durante los cuales, cuenta la gente, sus articulaciones aún permanecían calientes y las madres cogían su mano para colocarla sobre la cabeza de sus hijos para que les otorgase la salvación. Su reputación como una santa se ha consolidado. Josefina ha sido recordada y respetada como Nostra Madre Moretta, en Schio.

Fue santificada por el pueblo, por lo que en 1959 la diócesis local comenzó las investigaciones para encontrarla venerable. Todo salió muy bien y fue así que el 1 de diciembre de 1978 fue declarada Venerable. Por tanto, el proceso para declararla santa empezó con gran auge y el 17 de mayo de 1992 fue beatificada por Juan Pablo II y se declaró día oficial de culto el 8 de febrero.

En la ceremonia de beatificación, el Santo Padre reconoció el gran hecho de que transmitiera el mensaje de reconciliación y misericordia.

Ella misma declaró un día: "Si volviese a encontrar a aquellos negreros que me raptaron y torturaron, me arrodillaría para besar sus manos porque, si no hubiese sucedido esto, ahora no sería cristiana y religiosa".

S.S. Juan Pablo II la canonizó el 1 de octubre del 2000. Lo cual, para los católicos africanos es un gran símbolo que era necesario, para que así los cristianos y las mujeres africanas sean honradas por lo que sufrieron en momentos de esclavitud.

Verdaderamente, Bakhita es la santa africana y la historia de su vida es la historia de un continente, válida para los católicos, protestantes, musulmanes o seguidores de cualquier otro tipo de religión tradicional. Su espiritualidad y fuerza la han convertido en Nuestra Hermana Universal, como la llamó el Papa.

Santa Francisca Javiera Cabrini, la santa de la maleta


Santa Francisca Javiera Cabrini, Patrona de los migrantes, tiene como símbolo una maleta, esa maleta que la acompañó en los cientos de viajes que realizó por América, para ayudar  y socorrer especialmente a los más necesitados. 

Francisca Cabrini, la menor de trece hermanos, nació el 15 de julio de 1850 en un pequeño pueblo llamado S'ant Angelo, Lodigiano cerca de la ciudad de Milán, Italia. Creció cautivada por las historias de los misioneros y decidió unirse a una orden religiosa. Debido a su frágil salud, no se le permitirá unirse a las Hijas del Sagrado Corazón que han sido sus maestras y bajo cuya guía obtuvo su certificado de maestra.

Sin embargo, en 1880, con siete mujeres jóvenes, Francisca fundó el Instituto de las Hermanas Misioneras del Sagrado Corazón de Jesús. Ella era tan ingeniosa como orante, encontrando personas que donaran dinero, tiempo, trabajo y apoyo para los más necesitados. Ella y sus hermanas querían ser misioneras en China; visitó Roma para obtener una audiencia con el Papa León XIII. El Papa le dijo a Francisca que fuera “no al Este, sino al Oeste” a Nueva York en lugar de a China como había esperado. Ella iba a ayudar a los miles de inmigrantes italianos que ya estaban en Estados Unidos.

El 18 de marzo, las primeras seis hermanas Misioneras del Sagrado Corazón destinadas a América, junto con su fundadora, reciben el crucifijo misionero de las manos del Mons. Scalabrini. En su homilía el obispo hace una pequeña, pero gran revelación, que parece coincidir con el sueño de la Madre Cabrini. Después de recorrer el contenido desgarrador de muchas cartas que recibe de América, recuerda a un misionero que ha pedido el envío “inmediato” de algunas monjas, para asistir a las niñas huérfanas e impedir que tantas niñas abandonadas se vayan por un mal camino.


En 1889, Nueva York parecía estar llena de caos y pobreza, y en este nuevo mundo intervinieron la Madre Francisca Cabrini y sus hermanas compañeras. Cabrini organizó clases de catecismo y educación para los inmigrantes italianos y atendió las necesidades de muchos huérfanos. Estableció escuelas y orfanatos a pesar de las tremendas dificultades.

Su obra se extendió también a las minas, a las cárceles, a los algodonales, a las construcciones de ferrocarril, a todos los lugares donde ella y sus Hermanas iban en ayuda de los pobres italianos esclavizados por la necesidad de ganar algo y, a menudo, abrumados por dificultades existenciales. Luchó por ellos, por su dignidad y por recuperar su identidad cultural de la que se avergonzaban de hablar. Luchaba para que la religión católica no fuese abandonada y sobre todo para que la instrucción religiosa fuese fuente de consuelo, de crecimiento humano y cristiano, la fuerza para progresar en la vida e integrarse dignamente en la nueva cultura sin perder la propia.

Pronto, Madre Cabrini recibió solicitudes para abrir escuelas de todo el mundo. Viajó a Europa, Centroamérica, Sudamérica y por todo Estados Unidos. Hizo 23 cruces transatlánticos y estableció 67 instituciones: escuelas, hospitales y orfanatos.


En 1985 viajó  para fundar en Argentina, Madre Cabrini en Panamá se embarcó en el navío chileno "Mapocho" que la llevaría hasta el puerto de Valparaíso.  Había tomado la ruta más larga, la del Pacífico, porque le interesaba conocer lo más posible América del Sur.

Durante las escalas, pudo conocer en Lima, la iglesia y tumba de Santa Rosa de Lima, a quien le tenía una profunda devoción, luego prosiguieron  su viaje, donde apreció el desierto, y entre tantos paisajes.

Desembarcó en Valparaíso, Chile, un pintoresco puerto edificado sobre cerros, que a Madre Francisca Javiera le recordó a Génova. Las hermanas tuvieron que tomar una decisión: de continuar el viaje a Buenos Aires por mar, travesía larga en la que debían llegar hasta el estrecho de Magallanes para volver luego por el Atlántico hasta Buenos Aires, o bien dirigirse por tierra a la capital argentina, cruzando la importante cordillera de los Andes. El segundo trayecto era más corto y directo, pero el paso por la cordillera era extremadamente penoso.

Se dirigieron a Santiago (la capital queda a unos cien kilómetros de Valparaíso), y ahí tuvieron que esperar veinticinco días a que las condiciones para viajar por los Andes mejoraran. En este punto, en la frontera chileno-argentina, la cordillera de los Andes alcanza su mayor altura, y los caminos fronterizos fácilmente quedan interrumpidos por la nieve.

La espera en Santiago permitió a las misioneras un providencial descanso, para recuperar las fuerzas luego de un largo viaje; necesitarían de todas sus energías para cruzar la cordillera. 

Restablecido el paso cordillerano, las misioneras emprendieron la travesía hacia Buenos Aires. En la ciudad fronteriza de Los Andes, las hermanas comulgaron (no podrían hacerlo hasta llegar a la capital argentina), y pidieron la bendición del párroco.

En esa época el paso por la cordillera era realmente peligroso. El camino subía y bajaba por arriesgados pasos a miles de metros de altura. Un primer tramo del viaje se podía hacer en un precario tren. Luego, la parte más difícil había que continuarla a lomo de mula. Los animales avanzaban con los temerosos viajeros a través de la nieve y de un viento frío y constante. La altura producía agotamiento y mareo. La experiencia de la travesía de los Andes quedó como un recuerdo imborrable para las misioneras; sufrieron penurias, pero contemplaron igualmente la grandeza de Dios en las altas montañas. El diario de la madre Cabrini está lleno de detalles interesantes. Al fin, las peregrinas llegaron a Mendoza, al otro lado de la cordillera, y pudieron tomar el tren que las condujo hasta la ciudad de Buenos Aires, a través de la pampa monótona e interminable.

“Cuando el buen Jesús quiso, llegamos a la Cumbre que es la cima más alta que se pueda pasar, en las cercanías del volcán Aconcagua, y allí se hizo una breve parada, que yo hubiera deseado larga. ¡Qué espectáculo majestuoso! ¡Qué paisaje encantador! ¡Parece ver todo el mundo de una sola mirada! Allí está el confín entre Chile y la Argentina…
… Deseábamos gozar de la vista del mar, pero ya descendía la niebla, y venía a quitarnos vista tan encantadora…"

Madre Cabrini murió el 22 de diciembre de 1917, dejando unas setenta obras funcionando eficazmente y cerca de mil Hermanas. Su Instituto se extendía por América del Norte: Estados de Nueva York, Nueva Jersey, Pennsylvania, Mississippi, Luisiana, Illinois, Colorado, Washington, California; en Centro América: Nicaragua y Panamá; en Sur América: Argentina y Brasil; en Europa: Italia, Francia, España e Inglaterra.



Sus obras eran educativas, hospitalarias, sociales y parroquiales, y su apostolado era variadísimo. Las Misioneras visitaban las cárceles, las zonas rurales, las familias y los hospitales públicos, siempre en busca, no solo de italianos emigrados, sino de todos aquellos que por diversos motivos se hallaban lejos de la patria y, sobre todo, de Dios.

Fue canonizada por el Papa Pío XII, el 07 de julio de 1946 en reconocimiento a su santidad y servicio a la humanidad. 
Fue nombrada Patrona de los migrantes en 1950.


En tiempos más recientes, las Misioneras de Madre Cabrini se han extendido por África, Australia, Rusia, Islas Filipinas; comprometidas especialmente en la defensa de la vida en todas sus etapas, de los grandes valores de la fe cristiana, entre los emigrantes, los niños abandonados, los ancianos y en favor de una cultura de acogida y de solidaridad.


domingo, 7 de febrero de 2021

Presbítero Blas Cañas y Calvo

Santiago de Chile 1826, hace muy pocos años se había logrado la independencia de los españoles, se vivía en el país, un período de desorden, revoluciones y anarquía política.

El 03 de Febrero de 1827, nace Blas, el primer hijo del matrimonio de José Antonio Cañas y Mercedes Calvo.

Todas las tardes, su madre salía con su pequeño Blas a caminar, y frecuentemente visitaban la Basílica de la Merced, de quien eran muy devotos de María, Madre de la Merced.

Le encantaba estudiar, era un alumno ejemplar. A los nueve años, fue matriculado en el Seminario Conciliar de los Santos Ángeles Custodios.

Los años pasan... Blas es un joven que muchos admiran, por su humildad, piedad y obediencia. Ha recibido las órdenes menores. En 1845, una gran epidemia afecta al seminario, Blas ayudó a cada uno de sus compañeros, trabajando todo el día sin descanso.

El 29 de Marzo de 1849 recibe el diaconado y un par de meses más tarde, el 22 de septiembre fue ordenado SACERDOTE, en la Iglesia Catedral de Santiago, por Monseñor Rafael Valentín Valdivieso.

El 24 de Septiembre, en la Fiesta de Nuestra Señora de la Merced, celebró su Primera Misa, el nuevo sacerdote.

Sus sermones y predicas eran muy edificantes, todos emocionados escuchaban con atención al Padre Blas. Todos los días rezaba ante Jesús, y le pedía ser un buen y santo sacerdote.

Fue nombrado capellán de las Religiosas del Sagrado Corazón de Jesús. Un día estaba la Hermana sacristana lavando los purificadores de la Misa. El padre Blas le dijo “Acuérdese, hermana que esta lavando los pañales del Niño Jesús”.

El Padre Blas Cañas estaba muy preocupado de la protección y educación de los niños y niñas más pobres de nuestro país.

El 18 de Julio de 1856 caía sobre Santiago una fuerte lluvia. Una mujer muy pobre con cuatro niños, toca la puerta.

- ¿Qué le trae por aquí señora?
- Padre, soy madre de estos niños y no tengo nada para darles de comer.

La mujer lloraba amargamente y le cuenta a al Padre, que un hombre le ha ofrecido ayuda a cambio de su honor, lo cual ella no está dispuesta a aceptar.

Muy emocionado, ayudo a la pobre señora. Sin embargo su preocupación siguió y la idea de fundar una casa para las niñas pobres se hizo más fuerte.

Siguiendo el espíritu de San Vicente de Paul que decía: “Sirviendo a los pobres se sirve a Jesucristo”.

El Padre Blas fue a visitar a Monseñor Rafael Valentín Valdivieso y le comunica su deseo de fundar una casa para proteger a las niñas abandonadas y desvalidas del país.

De inmediato el Padre Blas se reunió con un grupo de señoras y funda la Congregación del Salvador, quienes ayudarían a socorrer a las niñas y jóvenes más pobres.

El 19 de noviembre de 1856, funda la Casa de María, un nuevo hogar para las niñas pobres.

El Padre Blas Cañas muy devoto de nuestra Madre del Cielo, consagraba el hogar y a las niñas a María, la madre de Jesús.

El famoso pintor italiano que vivía en Chile, Don Alejandro Cicarelli, dona al Padre Blas Cañas la quinta de la calle Carmen.

El Padre Blas empezó con gran entusiasmo las obras de construcción de la nueva casa de María y de la Iglesia del Dulce nombre de María.



Otro gran anhelo del Padre Blas Cañas era la fundación de una congregación religiosa que se preocupara de la educación y atención de las niñas de la Casa de María.

Así el 15 de agosto de 1866, con la aprobación del Arzobispo de Santiago, se funda la Primera Congregación religiosa de Chile, Hermanas de la Casa de María.

La primera Superiora y Maestra de Novicias, de la nueva congregación fue la Madre María del Salvador Sanfuentes (1833- 1872) Luego la sucede en el cargo la madre Mercedes del Corazón de Jesús Olavarrieta (+1884)



Con el fin de conseguir la aprobación de la Iglesia, de la nueva congregación religiosa de las Hermanas de la Casa de María, viaja a Roma en septiembre 1869. Su Santidad Pío IX bendice su obra.

Muchos sufrimientos e incomprensiones, tuvo que enfrentar el Padre Blas Cañas, e incluso el alejamiento de su obra y la congregación. Sin embargo con mucha humildad lo acepta y lo ofrece todo a Jesús Crucificado.

En 1872, funda con la ayuda de un grupo de jóvenes, el Patrocinio de San José, con el fin de otorgar a los niños, la misma ayuda que a las niñas de la Casa de María.




En 1886 se le ofrece el Obispado de Concepción, el cual no se sentía digno de tan alto honor. Pocos días después cae gravemente enfermo. En medio de los sufrimientos dijo: “Cuando muera, llévenme a la Casa de María y entiérrenme ahí”.

El 23 de Marzo de 1886, entrega su alma al  Creador. Fue sepultado en la Casa de María, y ante él, desfiló un gran número de personas. Treinta años más tarde su cuerpo fue encontrado intacto.

Su cuerpo, su corazón y diferentes objetos de su uso personal, se encuentran en la capilla lateral de la Iglesia del Dulce Nombre de María, en la calle Carmen – Santiago Centro.


Hermana Constanza y compañeros mártires de Memphis


Memphis sufrió epidemias periódicas de fiebre amarilla, una infección viral transmitida por mosquitos, durante todo el siglo XIX. La peor de las epidemias ocurrió en el verano de 1878, cuando murieron 5.150 personas. Cinco años antes, un grupo de monjas episcopales de la recientemente Hermandad de Santa María llegó a Memphis para trabajar en la Escuela para Niñas de Santa María, que fue reubicada en el sitio de la catedral.

Cuando golpeó la epidemia de 1878, varios sacerdotes y monjas (tanto protestantes como católicas), médicos e incluso la propietaria de un burdel se quedaron para atender a los enfermos y moribundos. La superiora de las monjas episcopales, la hermana Constanza, junto a tres religiosas y dos sacerdotes episcopales entregaron su vida durante la epidemia que afectaba a la localidad.

Hermana Constance (Caroline Louise Darling, nació en Medway, Mass., 1846), superiora de la obra en Memphis, directora de la Escuela para Niñas St. Mary.

Hermana Thecla, sacristana de la Catedral de Santa María y de la capilla de su escuela, profesora de música y gramática (inglés y latín)

Hermana Ruth, enfermera de Trinity Infirmary, Nueva York

Hermana Frances, una monja profesa recientemente a cargo del orfanato de Church Home.

El Rev. Charles Carroll Parsons, rector de la Iglesia Episcopal Grace, Memphis; ex comandante de artillería del ejército de los EE. UU., ex alumno y profesor de West Point.

El Rev. Louis S. Schuyler, rector asistente recién ordenado en la parroquia anterior de Parsons, Holy Innocents Episcopal Church, Hoboken, Nueva Jersey.

En septiembre y principios de octubre de 1878, la fiebre amarilla diezmó la ciudad y el grupo que trabajaba fuera de la catedral. Parsons, murió el 6 de septiembre. Tres días después, la Hermana Constanza, superiora en Memphis y directora de la escuela, murió. Tenía 33 años. La Hna. Thecla, murió el 12 de septiembre. La hermana enfermera Ruth, y el reverendo Louis S. Schuyler, murieron el 17 de septiembre. La hermana Frances, murió el 4 de octubre.

Los seis están enterrados uno cerca del otro en el histórico Cementerio Elmwood de la ciudad, uno de los primeros cementerios rurales del sur. El altar mayor de Santa María, consagrado en Pentecostés de 1879, conmemora a la entrega heroica de los religiosos y religiosas que dieron su vida por los enfermos y moribundos.

sábado, 6 de febrero de 2021

Venerable Hermana María dos Anjos de Santa Teresa


Dináh Amorim, nació en la ciudad de Claudio, estado de Minas Gerais (Brasil), el 08 de agosto de 1917, fue la última de una familia de once hermanos.

Mujer inteligente con una gran inclinación hacia la pintura, la música y la poesía, además tenía habilidades para aprender idiomas. Cursó estudios de Magisterio de 1929 a 1933, en Oliveira. 

De 1934 a 1938, fue profesora en un instituto de su ciudad natal. En su parroquia fue responsable de la catequesis y de la pastoral, desarrollando sus cualidades musicales para la animación litúrgica. El amor a la Virgen la llevó a formar parte de la Cofradía de Nuestra Señora de la Consolación. 

El 10 de enero de 1939 ingresó al pre noviciado de las Hijas de María, Religiosas de las Escuelas Pías - Madres Escolapias en Belo Horizonte. Comenzó el Noviciado, escogiendo el nombre de María de los Ángeles de Santa Teresa del Niño Jesús. Profesó en la Escuela Pía, el 02 de febrero de 1942. Se entregó plenamente a la educación cristiana de la niñez y juventud, teniendo especial predilección por los más pobres.

Realizó su misión de educadora como escolapia de la escuela normal Nuestra Señora de Oliveira, donde permaneció 21 años.

Fue muy querida y admirada por sus alumnas, que apreciaban sus virtudes. Con su testimonio de vida, promovió la pastoral vocacional, siendo instrumento de Dios para el discernimiento vocacional de numerosas jóvenes.

Fundó en Belo Horizonte la escuela "Madre Paula" e impulsó muchas mejoras en el barrio Providencia, dotándolos de estructuras básicas; luz, agua, teléfono, asfalto, escuela y dispensario, pero sobre todo promociono la educación y la evangelización, la fe, la caridad y la entrega con que ejercía su trabajo era extraordinaria.

Como escolapia fue una gran pedagoga, educó con su testimonio de vida. Trabajó incansablemente por promover a la mujer y salvar a las familias. Fue una mujer llena de Dios, orante y disponible para con quienes la necesitaban, especialmente los más pobres y con aquellos que presentaban dificultades de aprendizaje. 

En 1963, aparecieron las primeras molestias de un cáncer que la acompañará durante toda su vida, uniendo su sufrimientos con paciencia y amor a  los de la pasión de Jesús.

En enero de 1988, una recaída la obligó a mermar su actividad física, pero no su oración, ni su amor incondicional a los demás.

El 01 de septiembre de 1988, Madre María de los Ángeles, regresó a la casa del Padre. Sus restos reposan en la parroquia de Todos los Santos, en el Barrio Providencia de Belo Horizonte, lugar en el que ella entregó su vida, en favor de los desfavorecidos.  

Fue declarada Venerable por el Papa Francisco, el 11 de diciembre de 2019. 



Madre María Luisa Hartzer

María Luisa Mestmann nació en 1837 en un pequeño pueblo llamado Wissembourg, en el noreste de Francia, muy cerca de la frontera con Alemania. Su padre era holandés y médico. Su madre era francesa y su abuelo materno era alemán. Su familia era rica y muy católica. Iba a misa todos los días. Su padre murió cuando María Luisa tenía 17 años. Buscó y encontró en María, “consuelo de los afligidos”, el consuelo que necesitaba.

Cuando cumplió 21 años en 1858, María Luisa se casó con Victor Hartzer, quien era director de la prisión. Tuvieron 2 hijos. Después de 11 años de matrimonio, Víctor se enfermó y ella lo cuidó con gran dedicación durante varios años hasta su muerte.

Se trasladó a Estrasburgo y continuó dedicándose a la educación de sus hijos mientras cuidaba de su madre enferma.

María Luisa pasó momentos de gran sufrimiento, pero buscó la fuerza en la oración porque tenía mucha fe en Dios.

En 1870, Alemania y Francia entraron en guerra, provocando muchas dificultades porque el lugar donde vivía se vio terriblemente afectado por la guerra. Fue durante este tiempo que sus 2 hijos decidieron convertirse en sacerdotes Misioneros del Sagrado Corazón. Como María Luisa estaba suscrita a la revista Anais, fue a través de ella que conocieron a las Misioneras del Sagrado Corazón.

En 1874, también a través de los Anales, María Luisa conoció la nueva Congregación fundada por el Padre Julio Chevalier - Congregación de las Hijas de Nuestra Señora del Sagrado Corazón de Issoundun.

Visitó Issoundun por primera vez en 1876 y regresó 5 años después, decidida a concentrarse en esta congregación. Pero regresó muy decepcionada, porque la Congregación que una vez floreció exuberantemente, ahora estaba al borde del colapso. Luego comenzó a preguntarse si eso era lo que debía decidir. Por su parte, el padre Julio Chevalier la animó a rezar a Dios, con la intención de que Él la iluminara en su decisión. Permaneció en Issoundun y, después de 6 meses, solicitó unirse a la Congregación.

El 25 de marzo, 13 años después de la muerte de su esposo, realizó su sueño de ser miembro de esta familia religiosa. Poco menos de 9 años después de su ingreso, precisamente el 8 de diciembre de 1882, a pesar de su negativa, el padre Julio Chevalier la presentó al grupo como Superiora y Maestra de Novicios.

El 9 de septiembre de 1884, María Luisa hizo sus primeros votos junto con otras cuatro hermanas. Para el año 1888 ya había asumido la plena responsabilidad de la formación de las novicias y estaba tomando decisiones importantes para la vida de la nueva Congregación de las Hijas de Nuestra Señora del Sagrado Corazón.

Madre María Luisa, entregó su alma a Dios en 1908, después de 26 años de animar y guiar a la congregación.