domingo, 30 de mayo de 2021

Venerable Mariano José de Ibargüengoitia y Zuloaga


Mariano José de Ibargüengoitia y Zuloaga nació en Bilbao el 8 de septiembre de 1815, siendo el menor de 11 hermanos, en el seno de una familia relacionada con el comercio marítimo de la Villa. Recibió una educación esmerada en un ambiente de profunda religiosidad. Tiene sólo dos años cuando fallece su padre y será su madre la que sostenga la unidad familiar. Cuando todo hacía presagiar que seguiría la tradición comercial que le ofrecía un futuro prometedor, él expresa su deseo de ser sacerdote: “el comercio que quiero entender es el de salvar mi alma”. Recibe la ordenación presbiteral en la basílica romana de San Juan de Letrán el 18 de abril de 1840.

A su vuelta a Bilbao ejerce su ministerio en la parroquia de San Antonio Abad, de la que es nombrado cura párroco el 27 de noviembre de 1858; desde 1873 lo será de la basílica de Santiago (hoy iglesia Catedral), cargo que desempeñará hasta su muerte.

En 1860 es nombrado examinador sinodal por su Obispo de Calahorra, puesto de especial relieve y confianza, y en 1862, creada la diócesis de Vitoria, recibe del Papa Pío IX el título de Misionero Apostólico y recorre la diócesis predicando misiones y ejercicios espirituales. Cuatro años antes, en 1858, había editado una obra en dos tomos titulada "Ejercicios Espirituales para Sacerdotes", según el método de San Ignacio de Loyola, obra recomendada por el arzobispo san Antonio María Claret, quien decía que "debiera estar en toda biblioteca sacerdotal". Buena prueba de su finura espiritual es igualmente su obra titulada "Método para facilitar la adquisición de las virtudes por medio del examen particular”.

Como párroco, actividad principal de su ministerio, fue pionero e incansable: promotor de las primeras comuniones solemnes de niños, introductor del "Mes de María" en Bilbao, instaurador del culto al Cristo de la Misericordia en la parroquia de San Antonio Abad y de la Archicofradía del Purísimo Corazón de María para la conversión de los pecadores, de la Congregación de San Luis para la juventud, de las Conferencias de San Vicente de Paúl en ayuda de los necesitados, y de las Madres Católicas de Santa Mónica. Pastor según el Corazón de Cristo, don Mariano visita a los enfermos, a los encarcelados, a las familias pobres, dedicándose a la atención solícita y cotidiana de sus feligreses, y tantos otros trabajos que lleva consigo el celo apostólico de las almas.

Su mirada de misericordia le descubre las necesidades más urgentes de una ciudad en el albor del desarrollo industrial y despegue económico, con toda su vitalidad, pero también con sus carencias: prostitución en las calles, jóvenes huérfanas sin atención, enfermos solos en sus casas, situación precaria de los obreros, pobres que necesitan lo más urgente para sobrevivir, encarcelados. Será continua su labor de promover la fundación de comunidades religiosas que no sólo paliarán, en gran medida, esas necesidades sino que producirán en la Villa un resurgir espiritual: en 1857, comisionado por las Juntas Generales del Señorío de Vizcaya reunidas en Guernica, tramita la fundación en Bilbao de las Religiosas de Nuestra Señora del Refugio, para la rehabilitación de las mujeres que habían caído en la prostitución, y dos años después se interesa por la venida de las Religiosas de la Cruz, para que se hagan cargo de la instrucción de huérfanas pobres; en 1871 promueve la fundación del colegio de las religiosas Carmelitas de la Caridad en Zumaya (Guipúzcoa) y en 1878 llama a las mismas religiosas para abrir otra escuela en Deusto. En 1879 ayuda a los Pasionistas en la fundación del Retiro de Deusto, que será el primero de la Congregación en España.

A partir de 1871 colaboró decisivamente con santa María Josefa del Corazón de Jesús en la fundación de la congregación de las Siervas de Jesús de la Caridad, siendo el director espiritual de la misma.

Culminando una vida sacerdotal de entrega a Dios y a los hermanos, murió en olor de santidad el 31 de enero de 1888 en Bilbao. El 10 de julio de 2020, el Santo Padre Francisco ha autorizado a la Congregación de las Causas de los Santos la promulgación del Decreto de sus Virtudes Heroicas.

Madre Margarita Teresa de Marchis

Sor Margarita Teresa De Marchis nació en Roma en 1669 y entró en la Congregación de las Hermanas Oblatas del Niño Jesús en Roma, fundada por la Madre Anna Moroni.

Se dedicó a enseñar catecismo a los niños preparándolos para la Primera Comunión y las actividades litúrgicas. Tenía un don especial para cuidar a los niños pequeños, era una madre espiritual amable, sencilla, y amorosa.

En 1693 fue enviada a San Severino Marche junto con otra Hermana, Laura Falischi, a petición del P. Giambattista Beni, de establecer una rama de la misma Congregación en esa Ciudad con la aprobación de nuestro Co-fundador P. Cosimo Berlinsani.

Llevó una destacada vida espiritual y, como Superiora, se convirtió en modelo de vida consagrada y una madre para sus hijas religiosas.

Murió el 16 de marzo de 1714; Fue enterrada en la capilla del convento de San Severino Marche (Italia), donde se encuentra hasta ahora, como podemos ver en su lápida con esta inscripción (Aquí está enterrado el cuerpo de la fallecida Margherita Teresa De Marchis, nacida en Roma, Fundadora de esta Congregación. Su vida digna de veneración por su santa vida. Murió el 16 de marzo de 1714, a los 45 años de edad.

Las hermanas del Niño Jesús se dedican a la educación e instrucción cristiana de la juventud y de la infancia, en colegios bajo su administración y en la catequesis para la primera comunión. Además gestionan casas para ejercicios espirituales. En 2015, el instituto contaba con unas 43 religiosas y 11 comunidades, presentes en Filipinas e Italia.

sábado, 29 de mayo de 2021

Siervo de Dios Cosme Berlinsani


Cosme Berlinsani nació en Lucca el 12 de diciembre de 1619, hijo de Vincenzo y Maria Pinocci. El padre era cirujano y la madre provenía de una familia de boticarios.
El joven Cosme es recordado como un niño tranquilo que se distinguió por la piedad y el celo, inclinado a la virtud y a la vida cristiana.

Durante un período de su juventud ejerció con pasión la profesión de boticario y luego maduró en él la idea de ser sacerdote.

Cosme entre 1637 y 1642 estudió teología en el seminario de la catedral de Lucca. El 25 de octubre de 1642, con la correspondiente dispensa papal, a la edad de veintitrés años fue ordenado sacerdote.

Unos meses más tarde, se unió a su hermano Ludovico, quien ejerció como médico en la capital y se mudó a Roma.

Cosme era muy devoto de la Virgen, por lo que algún tiempo después decidió ingresar en la Congregación de la Madre de Dios, que había sido fundada en Lucca en 1574 por su conciudadano, San Juan Leonardi (1541-1609). La Cofradía Sacerdotal Reformada, que más tarde tomó el nombre de Orden de Clérigos Regulares de la Madre de Dios, tenía su casa general en la iglesia de Santa Maria in Campitelli en la capital y la casa de noviciado en Santa Maria in Portico.

Cosme, el 25 de marzo de 1643, tomó el hábito de Congregación y comenzó su noviciado, que durará dos años.

El 25 de marzo de 1646 hizo su profesión solemne, fue trasladado por los superiores a la cercana iglesia de Santa María en Campitelli donde se le confió la tarea de sacristán y fue destinado a confesiones por la sabiduría y bondad que había demostrado. Su notoriedad se extendió por toda la ciudad, tanto que mucha gente acudió en masa a su confesionario.

En 1649,  Anna Moroni decidió encomendarse a la dirección espiritual del padre Cosme Berlinsani. Durante este período, el padre Cosme conoció los dones humanos y espirituales de Moroni.

Con el brote de la peste en 1656, por consejo del padre Cosme, Anna Moroni se fue a hospedar cerca del hospital donde trabajaba el hermano de su director espiritual, y comenzó a ayudarlo.

En 1656, el padre Cosimo Berlinsani publicó un libro, "La enfermera espiritual del Niño Jesús", destinado a las personas de las que era director espiritual. Se trataba de un librito devocional donde el autor, junto con los deberes materiales de una enfermera, proponía toda una serie de actos de piedad y prácticas devocionales.

Anna Moroni acogió con entusiasmo este texto del padre Cosme, convirtiéndolo en su programa de vida.

En 1659, el padre Cosme presentó a nueve niñas que querían tomar su primera comunión. El sacerdote los envió a Anna Moroni para que los instruyera y preparara para recibir dignamente la Eucaristía. Otros párrocos también hicieron lo mismo.

Bajo la dirección del padre Cosme, en 1661 Moroni comenzó a cuidar de dos prostitutas, que habían decidido cambiar de vida y una esclava africana, estableciendo una escuela para ellas en el Palazzo Serlupi en Piazza Margana para que pudieran educarse en las virtudes.

Esta primera experiencia sentó las bases de la Congregación de las "Oblatas del Niño Jesús" para la que el P. Cosme elaboró ​​la primera regla de vida.

Después de que Anna y su comunidad tuvieron que mudarse a una casa de precio modesto en 1667, con el padre Cosme comenzó el proyecto para pensar en una comunidad de mujeres consagradas dedicadas a tiempo completo a la recepción gratuita de niñas y niñas para prepararlas para la Primera Comunión, la acogida de aquellas jóvenes que querían cambiar de vida y de todas las casadas que pretendían hacer los ejercicios espirituales.

En 1671, la comunidad estaba formada por 42 mujeres. Entre ellos, el padre Cosimo y Anna Moroni eligieron a doce, en honor a los Santos Apóstoles, y Fundaron a las Oblatas del Niño Jesús".

La comunidad eligió por unanimidad y por voto secreto a Anna Maroni como superiora. El inicio oficial del Instituto se aplazará unos meses, el 2 de julio de 1672, cuando Anna Moroni y sus doce compañeras hicieron las promesas de obediencia, castidad y pobreza que acompañaron únicamente del voto de perseverancia en la comunidad hasta la muerte. 

En otras palabras, las Oblatas no hicieron votos solemnes como las monjas, sino que prometieron permanecer en el Instituto hasta la muerte, viviendo los tres consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia. Así nació una comunidad que no era monástica sino de orientación laical.

El 25 de marzo de 1674, el padre Cosme y Anna Moroni decidieron que había llegado el momento de preparar una regla de Congregación. Además, en el mismo período,  escribió a todos los párrocos de Roma para explicar la utilidad de las Oblatas del SS. Niño Jesús.

Tras el primer borrador del reglamento de 1674, y la muerte de Anna Maroni el 8 de febrero de 1675, el padre Cosimo, cinco años después, redactó un nuevo y más amplio borrador de la regla, sin dejar de estar siempre al lado de su hijas, recordando continuamente la memoria de su fundadora.

Después de la muerte de Moroni, el padre Cosimo continuó dirigiendo espiritualmente el Instituto fundando otras casas fuera de Roma, cada una "sui iuris", para que cada una pudiera mantener su independencia.

En 1683 se convirtió en el promotor de la apertura de una nueva comunidad en Spoleto y en 1684 en Città di Castello.

Padre Cosme, en su papel de fundador de la Congregación, fue a menudo víctima de envidia y algunas disensiones y persecuciones incluso por parte de sus hermanos y superiores, cuyas "obligaciones acogió con caridad solidaria y lejos. -Obediencia vidente ". Superadas estas dificultades y restablecido plenamente en su papel, trabajó por la aprobación de la regla de la Congregación, que tuvo lugar provisionalmente en 1687 y definitivamente en 1693.

Poco antes de su muerte, el padre Cosimo quería que el padre Federico Orsucci siguiera a la Congregación, quien lo ayudó a asistir a las Oblatas.

En 1693 hizo imprimir un folleto para buscar ayuda económica para ellas y promovió la apertura de la casa en San Severino y Rieti.

En octubre de 1684 cayó gravemente enfermo. Después de nueve días de agonía, el padre Cosimo Berlinsani murió en el concepto de santidad en Roma, el 26 de octubre de 1694.

Fue enterrado en la iglesia de Santa Maria di Campitelli, donde había vivido durante más de medio siglo.


En 1717, con el entonces Protector de la Congregación, el Cardenal Lorenzo Corsini, las Oblatas asumieron la Regla de San Agustín y se convirtieron en los Agustinas Oblatas del Santo Niño Jesús.

En el siglo XVIII, la Congregación se extendió a Ascoli Piceno (1701), en Fermo (1717), en Sezze (1717), en Palestrina (1722) y luego en Gualdo Tadino (1817).
En 1926 se decide la unión de las distintas Casas y la constitución jurídica de una Congregación centralizada; y en 1928, las oblatas pasaron al estatus de religiosas.
Con la unión de la Congregación las hermanas traspasaron las fronteras europeas y llegaron a fundar varias casas en Brasil y Perú.

El 5 de junio de 2015 en el Vicariato de Roma se abrieron las Causas de Beatificación y Canonización del Padre Cosimo Berlinsani y Anna Moroni. 

Madre Anna Moroni


La Sierva de Dios Madre Anna Moroni nació en Roma el 6 de marzo de 1613. Sus padres fueron Camaiore Moroni y Angela Maddalena Surci. Fue bautizada el 14 de marzo en la parroquia de SS. Celso y Giuliano en Bianchi.

Quedó huérfana de ambos padres y creció en el Collegio di S. Spirito hasta 1633. Luego comenzó a servir como asistente de algunas familias nobles (Costaguti, Serlupi y Vidman).

Deseosa de seguir al Señor con fe y humildad, pidió a las religiosas de la Congregación de los Clérigos Regulares de la Madre de Dios de Campitelli seguir su en su camino espiritual. Así fue que después del P. Leonardi y el P. Giuseppe Giobbi. Anna fue confiada al P. Cosimo Berlinsani. Este último, impresionado por la fe y el fervor de su penitente, le encomendó unas niñas que querían recibir la Primera Comunión.

Más tarde, entre 1661 y 1662, Anna, habiendo consultado con el P. Cosimo, decidió acoger en su casa a varias jovencitas a las que brindó una enseñanza espiritual combinada con la cultural y diversos trabajos manuales (bordado, costura, etc.).

Habiendo comprobado el éxito de la iniciativa y obtenido, en 1667, con la la autorización de Roma, Mons. Galión, Anna Moroni y el P. Cosimo Berlinsani decidió crear un nuevo Instituto. Así fue como, el 2 de julio de 1672, junto a doce jóvenes funda, la Congregación de las Oblatas del SS. Niño Jesús (el nombre fue elegido por la gran devoción de los dos Fundadores al Niño Jesús). Anna Moroni fue elegida primera superiora de la Congregación, cargo que ocupó hasta su muerte la noche del 8 de febrero de 1675.

A partir de la experiencia de una profunda espiritualidad centrada en los misterios de la encarnación y pasión de Cristo, supo vivir su tiempo y captar sus problemas y contradicciones.

En el año 2015 se inicia en Roma la causa de beatificación y canonización.

Beato Juan Martín Moyë


Nació el 27 de enero de 1730 en Cutting, Francia. Fue el sexto de trece hermanos. Sus padres eran agricultores con ciertos recursos, personas sensibilizadas y comprometidas con la fe. Antes de nacer, su madre supo por un sueño que sería santo. La tendencia que mostró en su infancia así lo ratificaba. Era un niño en el que calaron hondamente las enseñanzas y el testimonio de su ejemplar familia. Junto a ella comenzó a experimentar una irresistible devoción por la Pasión, se enamoró de todo gesto caritativo, y se abrazó a la penitencia. Amaba la oración, rezaba piadosamente con los brazos en cruz, y tenía arte para conmover el corazón de otros chicos a los que narraba la vida de san Martín y les instruía explicando el catecismo encaramado en un peral. De su madre heredó la generosidad con los necesitados, y si veía a un pobre no dudaba en desprenderse de lo que tenía, incluidos sus zapatos. Fue alumno aventajado en la universidad de Pont-a-Mousson regida por los jesuitas. Estaba dotado para los idiomas, cualidad que le iba a servir, y mucho, en su labor misionera. Fue brillante en los estudios filosófico-teológicos, un gran especialista experto en la historia de la Iglesia. 

Se ordenó en 1754 y dada su trayectoria académica pensaron que era idóneo para ocupar la cátedra de letras del seminario mayor. Pero él eligió la misión pastoral y fue designado coadjutor de la parroquia de san Víctor de Metz. Como era un hombre que amaba la virtud, se rodeó expresamente de buenas compañías, sacerdotes íntegros que sabía iban a ayudarle en el alto ideal que se había propuesto. Entre los santos, el de su mayor devoción fue san Francisco de Sales, a quien eligió como patrono. Siendo director espiritual del seminario mayor, halló entre los presbíteros un alma gemela, Luis Jobal, que moriría prematuramente, y del que fue su biógrafo. Ambos compartieron similares anhelos. Tuvieron como objetivo la infancia desamparada y falta de instrucción. 

Para Juan fue prioritario remediar tantas carencias detectadas en sus constantes incursiones por las calles, en las que veía a prostitutas, jóvenes vagabundos, ancianos y enfermos. Se propuso no dejar desasistidos a los niños que podían morir sin recibir el bautismo. Observó la bondad de las manifestaciones populares de fe, como los desfiles procesionales, pero vio que no sirven para erradicar problemas a los que conduce la falta de cultura. En cambio, una adecuada formación va penetrando en el estrato social por influjo de la acción individualizada. El problema era que el acceso a ella estaba vedado para los pobres. Y en resolver este vacío puso sus miras. Luego verbalizó este sentimiento: «No hay nada más importante que la educación de la niñez y la juventud puesto que de ella depende toda la vida». 

Había ejercido su ministerio en las parroquias de San Livier, de San Víctor y de Santa Cruz. Y cuando se hallaba en Dieuze se produjo una curación prodigiosa por su mediación en un niño moribundo que había sido víctima de un incendio. A la madre, que había acudido a él angustiada buscando su consuelo y a la que aseguró que el niño sanaría, le rogó que fuese prudente ante el hecho. Pero ella proclamó el milagro a los cuatro vientos, lo cual supuso para Juan un cúmulo de problemas e incomprensiones de gran alcance. Otro tanto sucedió cuando emprendió la tarea de instruir a las niñas indigentes de los pueblos a través de la Congregación de Hermanas de la Providencia, fundada por él. 

La creación de «miniescuelas» en barrios apartados, proyecto que había acariciado y para el que contó con la generosidad de Marguerite Lecomte, fue considerada un golpe bajo por los altos estamentos de la sociedad y suscitó recelos dentro del clero. El obispo vetó la apertura de nuevos centros, y Juan pasó por un trance espiritual doloroso. Luis Jobal le ayudó y compartió con él la convicción de que la obra era fruto de la Providencia. El beato siguió confiando en Dios. Además, Marguerite ya había sembrado la semilla de la Congregación nacida bajo el sello de una fe inalterable en las previsiones divinas; no había vuelta atrás. Al tiempo, el prelado levantó la prohibición.

En 1772 recaló en Macao, China. Nunca se había apagado su deseo de ser misionero. «No me prometí convertir primero muchas almas sino hacer y sufrir en China lo que Dios quisiera», dijo después. Durante diez años se integró de tal modo en el país que hasta adoptó la forma externa de vestir de los ciudadanos chinos. Con astucia evangélica, en un lugar que prohibía la presencia de misioneros, recorrió montañas y ríos, ocultándose en los frondosos campos de maíz. Fue descubierto en distintas ocasiones y castigado: «A veces tenía tanto miedo que no sentía el dolor». Jamás dejó de animar, consolar y difundir la fe. 

Compuso oraciones en chino, lengua que llegó a dominar, bautizó a millares de niños, muchos en trance de morir, ayudó a las mujeres y a los jóvenes, proporcionó formación a los sacerdotes, auxilió a los pobres… Fue un apóstol valeroso y perseverante; un gran confesor que vivió amparado siempre en la oración. Regresó a Francia en 1783 y se dedicó a fortalecer la fe de sus hijas, algunas vacilantes y tendentes a una cierta relajación. Cuidando a soldados enfermos en Tréveris, Alemania, contrajo el tifus. Murió el 4 de mayo de 1793. Pío XII lo beatificó el 21 de noviembre de 1954.

Beatas enfermeras mártires de Astorga


María Pilar Gullón Yturriaga nació en Madrid el 29 de mayo de 1911, en el seno de una familia muy religiosa. El 28 de junio fue bautizada en la parroquia de San Ginés; hizo la Primera Comunión en el colegio Blanca de Castilla, en Madrid. Fue la primera de cuatro hermanos, era soltera y se dedicó al cuidado de sus padres, en particular del padre enfermo.

La experiencia de fe, vivida en su casa, favoreció su vida espiritual y su compromiso en la Iglesia. El 16 de julio de 1936 la familia se trasladó a Astorga, de donde era originaria, y donde gozaba de prestigio y de respeto moral.

Octavia Iglesias Blanco era prima segunda de María Pilar, nació el 30 de noviembre de 1894 en Astorga (León) y fue bautizada el 9 de diciembre en la parroquia de San Julián. Creció en una familia caracterizada por una profunda religiosidad, cuidó con empeño las virtudes y las obras apostólicas, entre ellas colaboró con la fundación del convento de las Madres Redentoristas de Astorga, donde se consagró religiosa una hermana suya.

La sierva de Dios se ocupaba de cuidar, primero a su padre anciano y enfermo, y luego a su madre viuda; pertenecía a la Acción Católica y a las asociaciones de las Hijas de María y del Sagrado Corazón.

Olga Pérez-Monteserín Núñez nació en París (Francia) el 16 de marzo de 1913 de padres de origen español, que regresaron a Astorga en 1920. Olga era la segunda de tres hermanos, recibió el bautismo el 5 de julio en la parroquia de san Francisco Javier, en París.

Soltera, se dedicaba a la vida de familia y a los trabajos artísticos, en particular al arte de la pintura, gracias al don heredado del padre, pintor leonés con mucha fama.

En medio de un ambiente antirreligioso muy duro, el 8 de octubre de 1936 las siervas de Dios llegaron al hospital de Puerto de Somiedo (Pola de Somiedo-Asturias). Su turno estaba previsto que durara 8 días, pero una vez terminados quisieron continuarlo, a pesar de la situación de emergencia.

Al amanecer del martes 27 de octubre comienzan a recrudecerse los ataques en el frente en el que se ve afectado el pequeño hospital. Aun teniendo la posibilidad de huir, Pilar, Octavia y Olga renunciaron a ello y decidieron no abandonar a los heridos, sino continuar asistiéndolos, poniendo en peligro la propia vida. Sin embargo, los heridos fueron fusilados y el personal sanitario fue apresado.

Las tres enfermeras fueron conducidas después de una larga marcha a Pola de Somiedo junto con otros prisioneros, entre ellos el comandante, el capellán y el médico, que fueron asesinados.

A pesar de que la tres pertenecían a la Cruz Roja, fueron entregadas al Comité local de guerra, y luego a los milicianos que, durante toda la noche, sometieron a las Siervas de Dios a vejaciones y abusos, pretendiendo que renegaran de la fe a cambio de obtener la libertad. Su claro rechazo recrudecía la violencia por parte de los milicianos para con ellas.

Estas tres Siervas de Dios soportaron las humillaciones y torturas con fortaleza sobrenatural y se prepararon a la muerte con espíritu de fe y rezando.

Tres milicianas desnudaron a las enfermeras, las llevaron a un prado y, al mediodía del día 28 de octubre de 1936 fueron fusiladas, mientras aclamaban a Cristo Rey. Las milicianas después de matarlas se repartieron las ropas de las tres enfermeras.

Sus cuerpos fueron tratados de modo ignominioso y abandonados hasta la noche cuando los sepultaron en una fosa común, excavada por algunos hombres del pueblo obligados por los milicianos.

La fama del martirio de las siervas de Dios se difundió enseguida en la comunidad eclesial, de modo tal que el 30 de enero de 1938 sus restos fueron acogidos en la Catedral de Astorga, centro de la vida diocesana. El 28 de junio de 1948, a petición de la Asamblea Nacional de la Cruz Roja, fueron trasladados a un nuevo mausoleo en la capilla de San Juan Bautista en la Catedral.

Fueron solemnemente beatificadas el 29 de mayo de 2021, durante el Pontificado del Papa Francisco.


Fuente: Aciprensa.

viernes, 28 de mayo de 2021

Beato Cristóbal de Santa Catalina


Nació en Mérida, Badajoz, España, el 25 de julio de 1638, la pobreza de su familia y el espíritu de generosidad, que junto a ella aprendió y ejercitó cotidianamente, le dispusieron para ser paño de lágrimas de numerosos infortunados. La cercanía de los padres franciscanos, a los que quiso unirse antes de cumplir los 8 años, incrementó su piedad y extrajo de él sus muchas virtudes. Con ellos se impregnó de ese carisma, que fue para el beato como una segunda piel, unido al de los religiosos de San Juan de Dios, en cuyo hospital desempeñó la tarea de enfermero. El director del mismo fue quien atisbó que podía hallarse ante un futuro presbítero y llamó su atención hacia la vida sacerdotal. Cristóbal estaba acostumbrado al esfuerzo y al sacrificio. Era pronto, dispuesto, muy responsable. Al ser el sacristán del convento de las franciscanas concepcionistas, solía madrugar para ayudar en misa.

Cursó estudios eclesiásticos en Badajoz y fue ordenado en esta capital en 1663. Cuando trabajaba en el hospital de su ciudad natal había dicho: “cuán suave es el Señor servido en sus pobres”. De modo que al regresar a Mérida, junto al ejercicio de su ministerio, retomó la labor ya que su atracción por el mundo de los enfermos sin recursos seguía intacta. Auxilió y consoló a quienes habían perdido la salud y con ella otros bienes materiales y espirituales. En esta misión se hallaba inmerso cuando fue reclamado para sumirse en un escenario virulento: el de la guerra que se libraba entre España y Portugal; fue capitán de uno de los tercios españoles. Noche y día intentaba sanar las heridas del cuerpo y las del alma, atendiendo a los infelices soldados heridos y enfermos que yacían en el suelo. En distintos momentos estuvo a punto de fenecer. Así, se libró milagrosamente de la muerte en el fragor de la lucha, hallándose debajo de un árbol, en medio de una emboscada, y en otras circunstancias. Finalmente, la grave enfermedad que contrajo lo devolvió a su hogar. Entonces comenzó otro hito de su vida: el desierto.

La invitación a sumirse en la experiencia eremítica se tornó especialmente apremiante en su interior. Por eso, y aún en medio de dudas y de cierta reserva, como sopesaba esta vía, rechazó la oferta de un acaudalado ciudadano que quiso poner en sus manos la administración de sus bienes. Sin embargo no tomó partido por ella hasta que murió un íntimo amigo. Entonces no demoró más su respuesta. Conocía la existencia de monjes en la serranía cordobesa y eligió ese destino. Llegó en 1667, tras recorrer a pie más de doscientos kilómetros. Le animaba este afán: “Mi ánimo, oh Dios, es servirte en la soledad. Mi viaje no ha de ser por camino conocido. Guíame para que, sin ser visto, pueda llegar al desierto donde Tu amor me llama”. El hermano encargado de franquearle la entrada del eremitorio debió conmoverse cuando le oyó decir: “Soy un pecador que viene buscando quien le enseñe a hallar a Dios por el camino de la penitencia, porque no tiene otro el que ha pecado. Te pido que me recibas como hijo y me enseñes como Padre que yo prometo ser obediente a tus mandatos”.

Inicialmente nadie supo que era sacerdote. Hizo de la oración, el ayuno y el trabajo su pauta de conducta, sin escatimar sacrificios ni mortificaciones, con toda fidelidad y obediencia a las indicaciones que le fueron proporcionando. Profesó como terciario franciscano en 1670 con el nombre religioso por el que es conocido. Pasado el tiempo, los ermitaños que admiraban su virtud, le tomaron como guía y dieron lugar al nacimiento de la congregación de Ermitaños de San Francisco y San Diego, de espíritu franciscano. Allí comenzaron a conocerse algunos de sus prodigios.

Pero su meta apostólica era Córdoba. Cuando viajaba a la ciudad observaba la radical diferencia existente entre ricos y pobres, la desidia de aquéllos y de las autoridades ante tantas carencias esparcidas por sus calles: un mundo de miseria, abandono e injusticia tal que removió su sensibilidad llegándole a las entrañas. “Serviré a Dios sustentando pobres”, se dijo. Y este castigadísimo colectivo fue para siempre el objeto de su caridad. En 1673 abrió un humilde hospitalito presidido por un Jesús Nazareno con esta leyenda: “Mi Providencia y tu fe han de tener esto en pie”; le ayudó a superar las dificultades y contrariedades que fueron llegando. Comenzó con seis camas, pero sus desvelos y afanes por estos desheredados, que le traían y llevaban por todos los rincones de la capital, fue despertando conciencias y se abrieron otras opciones. Hombres y mujeres iban uniéndose a él, y muchos quisieron entregarse por completo a esta labor, siendo origen de los Hermanos y Hermanas Hospitalarios de Jesús Nazareno, para “servir a los pobres”. Si sus seguidores se sentían tambalear, decía: “Tened confianza porque la mano de Dios sabe abrirse para el socorro cuando las necesidades aprietan”.

Su ardiente caridad se hizo patente en detalles delicados como las flores que perfumaban los lechos de sus enfermos. Niños, ancianos, jóvenes, prostitutas, incluso facinerosos bandoleros sabían de su bondad. Paciencia, humildad, generosidad diseminadas en todos los rincones. Los milagros se multiplicaban en medio de gestos que recuerdan a los del Poverello. Cuando salía a pedir limosna la gente contemplaba en él al auténtico discípulo de Cristo. El cólera azotó severamente la ciudad en 1690. Le faltaban manos para atender a los enfermos en las calles y dentro del hospital, y se contagió. Falleció el 24 de julio de ese año. Fue beatificado en Córdoba el 7 de abril de 2013 por el cardenal Angelo Amato, en representación del papa Francisco.

Beatas Hermanas mártires Capuchinas de la Madre del Divino Pastor


La Hna. Andrea nació en Lérida el 3 de abril de 1875. Bautizada en la iglesia de San Lorenzo mártir. A la edad de un año recibe el Sacramento de la Confirmación. Ingresó en el Instituto de Capuchinas de la Madre del Divino Pastor en abril de 1893 en Sants y profesó el 20 de mayo de 1894 en Igualada. El testimonio de las hermanas es unánime: era entregada, alegre, creativa. Esta entrega había madurado en una fuerte vida interior y en un profundo amor a María, Madre del Buen Pastor, que incansable se agota hasta dar la vida por sus ovejas. Amor a María que transmitía con ilusión y convicción a sus alumnas que recuerdan, como varias veces al día les hablaba de ella y a ella acudían con frecuencia. Invocaban la fuerza y protección de María al empezar y terminar las clases. A imitación de María, su FIAT, es el himno a la obediencia y el himno de la alegría. Lo que Dios quiera en mí… La Persecución Religiosa española le sorprendió en la Comunidad de Premiá de Mar. Los milicianos las reconocieron como Religiosas y las fusilaron el día 31 de julio. Fue identificada por el número que tenía de ingreso en la Congregación. De María recibió la fuerza para vivir amando y morir perdonando, con las mismas actitudes de Cristo.

La Hna. María Auxilio, nació en Manresa (Barcelona), Obispado de Vic. Fue bautizada el 4 de julio de 1870 y confirmada el 25 de octubre del mismo año. Ingresó en el Noviciado de las Capuchinas de la Madre del Divino Pastor en 1896, en Sants (Barcelona), donde hizo su Profesión Perpetua en 1903. Al estallar la revolución de 1936 estaba destinada en la Comunidad de Premiá de Mar (Barcelona). En un primer momento, se alojó con la Hermana Andrea Solans en la casa de los Sres. Estival, esperando la oportunidad de viajar a Manresa donde vivía su familia. Un hijo de los Sres. Estival que les acompañó en su viaje a Barcelona, fue testigo de su detención. Como auténtica seguidora de san Francisco de Asís y del beato José Tous, destaca en ella, la verdadera alegría que brota de la entrega generosa y agradecida al Señor. Es la alegría de poder vivir en la paz y el gozo de Dios. Según cuenta alguna de sus alumnas, “inspiraba confianza”, atraía con sus iniciativas, su pedagogía innovadora entonces, y por su sencillez y bondad. Buscaba que cada alumna fuera la protagonista de su propia formación. Su vida y también su muerte son testimonio del valor del amor y del perdón, y, de la convicción de que el único absoluto en la vida es Dios, que con frecuencia inculcaba a sus alumnas y que vivió fielmente hasta dar su vida.

La Hermana Patrocinio, nació en Sant Feliu de Codines (Barcelona) el 13 de abril de 1877. Dos días después fue bautizada en la Parroquia de Sant Feliu y a los tres años recibe el Sacramento de la Confirmación. Ingresó en el Instituto de Capuchinas de la Madre del Divino Pastor en 1908, profesando en la Casa Noviciado de Sarriá en 1909. Formaba parte de la Comunidad-Colegio de Sarriá al iniciarse la persecución. Como a todas las demás hermanas le fue forzoso salir de la Casa el 19 de julio de 1936 y se refugió en una casa vecina, la de los Sres. Aumedes. Fue testigo del asalto y el incendio del Colegio de Sarriá. No pudiendo continuar en dicha casa, buscó refugio en la de su hermano en Sants, pero a los pocos días temiendo comprometerles, con mucha delicadeza dejó una nota de despedida y abandonó la casa. Fue a ofrecer sus servicios al Hospital Clínico, reconocieron que era religiosa y no se lo permitieron. Narra la Hna. Dolores Massó: “La Hna. Patrocinio presintió que iba a morir y me pidió que le cosiera un crucifijo en la ropa interior, pues preveía lo que le acontecería en el camino, … supe después que el día 31 de julio fue introducido el cadáver en el Hospital Clínico”. Esta Hermana llevaba una vida oculta y sencilla, de verdadera Hermana Capuchina, tan simple, que no refleja sino la humilde fidelidad en las cosas ordinarias, en el encuentro con las hermanas, con los niños y jóvenes, para transmitirles que Dios les ama. Una vida modesta y humilde, haciendo con sencillez, alegría y perfección la misión encomendada por el Instituto. Hermana convencida y que amaba su vocación, que había sentido a la edad de 14 años y hubo de ver cumplida a los 31, por tener que atender a su familia. Los rasgos franciscanos de sencillez, humildad y alegría eran vividos por cada una de estas tres hermanas de manera muy notoria. La Eucaristía diaria, que tanto amaba el B. José Tous, les infundió la fuerza necesaria para sufrir con Cristo.

El papa Francisco aprobó el Decreto de Beatificación el 18 de diciembre de 2017. El 23 de febrero de 2018, la SecretarÍa de Estado comunicó oficialmente la fecha de la celebración. La beatificación se celebró el 10 de noviembre de 2018 por el Delegado del Santo Padre en la Basílica de la Sagrada Familia en Barcelona. Fue una fiesta del Pueblo de Dios y un signo del triunfo del Amor. Conjuntamente con nuestras beatas, fueron beatificados 13 compañeros más pertenecientes a otras congregaciones.

Beata Carlota de la Visitación


Baudelia Duque Belloso nació en Nava del Rey, cerca de Valladolid, el 20 de mayo de 1872. A la edad de siete años, era huérfano de su padre; Ella era la mayor de seis hermanos. En 1886, la Madre Carmen del Niño Jesús, fundadora de las Hermanas Franciscanas de los Sagrados Corazones (beatificada en 2007), abrió una casa en su ciudad. Baudelia, fascinada por el espíritu y el estilo de vida de los religiosos, a la edad de quince años pidió ingresar al noviciado en Antequera. Con el nombre de Carlota de la Visitación, hizo sus primeros votos en febrero de 1889 y, en 1893, los perpetuos. A la edad de veintiún años, obtuvo el diploma de maestro en la Scuola Normale di Siviglia.

Ocupó diversos roles de responsabilidad en su congregación: secretaria de la madre fundadora, secretaria y consejera general, superiora de comunidad y directora de escuelas de la congregación. La persecución religiosa relacionada con la guerra civil española la alcanzó en Vilanova di Bellpuig, cerca de Lérida. Después de que su comunidad fuera expulsada de la casa del lugar, fue recibida por los habitantes del pueblo, pero, no queriendo ponerlos en peligro, se refugió en una casa en Barcelona. Sin embargo, la cuidadora la denunció como religiosa: fue arrestada por algunas milicias de la Falange Ibérica Armada (FAI). Le dispararon en el barrio marítimo de Casa Antunes en Barcelona, ​​entre el 11 y el 14 de noviembre de 1936. Formaba parte de un grupo de dieciséis. Fue beatificada el 10 de noviembre de 2018, bajo el pontificado del Papa Francisco.

Beata Carmen del Niño Jesús González

 

Nace en Antequera, Málaga, el día 30 de junio de 1834, en el seno de una familia cristiana. Recibe el Bautismo al día siguiente de su nacimiento.

Desde niña, Carmen es querida por su bondad y simpatía, su corazón generoso y su actitud conciliadora, la inteligencia y viveza de su carácter, su disposición y habilidad para las tareas de la casa. El ambiente familiar ayuda a cultivar la sensibilidad espiritual de la pequeña, que destaca por su intensa piedad manifestada de modo especial en el amor a la Santísima Virgen y a la Eucaristía. Es grande su amor a los pobres, a quienes visita y socorre.

A los 22 años, segura de que hace la voluntad de Dios, contrae matrimonio con Joaquín Muñoz del Caño. Comienza una etapa larga y difícil en la que Carmen da pruebas de magnanimidad y fortaleza sostenida por una fe intensa y una caridad heroica. La constante solicitud de esposa fiel y paciente, la oración y penitencia durante veinte años, se ven recompensadas cuando al fin Joaquín pide perdón por sus extravíos y enmienda su vida.

Carmen queda viuda, sin hijos, a los 47 años. La grandeza de su espíritu, el amor a los necesitados, el impulso apostólico de su alma, la llevan a buscar la voluntad divina sobre su vida y el modo de «enseñar a las almas a conocer y amar a Dios».

Los niños pobres de medios, de cultura, de fe, llaman con fuerza a su corazón que ve en ellos la presencia de Jesús Niño.

Con la orientación del Padre Bernabé de Astorga, Capuchino, abre en su casa una pequeña escuela. Se le unen algunas jóvenes que comparten su inquietud y se pone la semilla de lo que será una Congregación Religiosa.

Al fin, el 8 de mayo de 1884, Carmen González Ramos y sus primeras compañeras, llegan al Convento de Nuestra Señora de la Victoria de Antequera. Es el primer paso de las Hermanas Terciarias Franciscanas de los Sagrados Corazones de Jesús y María.

La vida de Madre Carmen al frente de la Congregación pasa por grandes pruebas y dificultades, calumnias, oposición dentro y fuera del Instituto. También ahora el amor, la humildad, la fortaleza, la caridad y el perdón marcan su sentir y su actuar. Los misterios de Belén, el Calvario y la Eucaristía son la fuente viva donde su espíritu recibe aliento y claridad.

Abre once Casas, no sólo para enseñanza sino también para atención a enfermos, guardería, escuela nocturna de jóvenes obreras. En todas es posible enseñar a las almas el amor que Dios les tiene.

A los 65 años de edad, el día 9 de noviembre de 1899, fallece Madre Carmen del Niño Jesús en Antequera, la ciudad que la vio nacer y la contempló en los diversos estados de su vida. La ciudad que espera ilusionada el día 6 de mayo de 2007 para asistir, con traje de fe y de fiesta a la Solemne Ceremonia de su Beatificación.

Beato José Ambrosoli

Nacido el 25 de julio de 1923 en Ronago, un pequeño pueblo en la provincia de Como, el padre Giuseppe dejó a su familia y una brillante carrera como médico para dedicarse a los últimos. “Dios es amor, hay un prójimo que sufre y yo soy su servidor”. Con estas sencillas pero profundas palabras anunció su vocación misionera a su madre y su familia. Después de graduarse en Medicina y Cirugía, en Londres logró una especialización en enfermedades tropicales. Fue ordenado sacerdote de la Congregación de los Misioneros Combonianos el 17 de diciembre de 1955. En febrero de 1956 partía para África, destinado a Kalongo, una aldea remota en el norte de Uganda, para administrar un pequeño dispensario médico. Permaneció allí hasta su muerte en 1987.


El padre Giuseppe todavía es recordado hoy en Uganda como el médico de la caridad”. Gracias a su profesionalidad, su incansable dedicación, su fe inquebrantable y su espíritu emprendedor, durante sus treinta y dos años de trabajo misionero, el padre Giuseppe logró transformar el pequeño dispensario médico de Kalongo en un hospital eficiente y moderno. Junto al hospital, fundó la St. Mary’s Midwifery Training School, hoy reconocida oficialmente como una de las mejores escuelas de obstetricia del país.


El 13 de febrero de 1987, en el momento más dramático de la guerra civil que azotó el norte de Uganda, el padre Giuseppe fue obligado por orden militar a evacuar el hospital. Tras rescatar al personal médico y a los enfermos, logró salvar la escuela de obstetricia al permitir que los estudiantes terminaran el año escolar. Su salud ya precaria se ve irreparablemente afectada y el 27 de marzo de 1987, 44 días después de la evacuación del hospital, murió en Lira. Poco antes de su muerte, pide poder quedarse en Uganda entre su gente, a la que había dedicado su vida. Descansa en Kalongo al lado del hospital que lleva su nombre.


El decreto de milagro, atribuido a la intercesión del Venerable Siervo de Dios Giuseppe Ambrosoli, en diciembre de 2019. Será beatificado el próximo de 21 de noviembre de 2021.

Beata Victoria Valverde

Victoria Valverde González nace el 20 de abril de 1888 en Vicálvaro, provincia de Madrid, y es bautizada con el nombre de Francisca Inés de la Antigua. De familia sencilla, vive su infancia y juventud como cualquier niña de su tiempo.

Durante unos años es pupila en un orfanato de las Hijas de la Caridad, y allí recibe una buena formación cristiana que la ayuda a escuchar la Voz de Dios que la llama a seguirle como religiosa en nuestra Congregación. Su inquietud por la vida religiosa la lleva a incorporarse a la comunidad de Sanlúcar de Barrameda, donde llega entre marzo y abril de 1910 con el firme deseo de pertenecer al Instituto Calasancio de Hijas de la Divina Pastora.

El 28 de agosto viste el hábito y decide cambiar su nombre por el de Victoria, como era costumbre en aquella época. Es en Sanlúcar donde recibe además sus votos temporales, hablamos ya del 16 de septiembre de 1911. Entonces, M. Victoria contaba con 23 años.

El 17 de septiembre de 1916, habiendo estado tres años en la comunidad de Monóvar (Alicante), recibe la Profesión Perpetua en Monforte de Lemos (Lugo).

En 1917, año de la fundación de la casa de Martos (Jaén), M. Victoria llega para incorporarse a la comunidad. Allí permanecerá hasta su entrega definitiva al Señor. Sólo se ausenta unos años cuando es nombrada Superiora de la comunidad de Sanlúcar de Barrameda.

M. Victoria vuelve definitivamente a Martos en 1931. Años más tarde, en 1937, la situación provocada por la Guerra Civil se complica cada vez más y numerosos religiosos/as son perseguidos/as, las iglesias quemadas o saqueadas, los colegios registrados continuamente… Ante esta situación M. Victoria concede a dos de sus hermanas de comunidad reunirse con sus familias, quedando ya sólo tres en Martos: M. Amparo, M. Salesa Baña y ella. El 20 de Julio se ven obligadas a abandonar el colegio y se establecen en la casa de Dña. Ana Fernández, familia afín al colegio. La situación cada vez es más complicada, en varias ocasiones le aconsejan salir de Martos, a lo que ella responde firme y convencidamente: “Mientras haya una religiosa yo no me marcho de Martos”.

Los días los pasaba rezando y pidiendo a Dios por sus hermanas… en todo momento se hizo cargo de cualquier responsabilidad, de hecho, acudía cada día al ayuntamiento para dar constancia de donde se alojaba cada una, y les tenía dicho: “si os preguntan algo, no respondáis nada, decid que toda la responsabilidad es de vuestra superiora”.

El 12 de enero, en torno a las 8 de la tarde, la milicia llega busca a M. Victoria, y es conducida junto con tres religiosas más a la cárcel. Allí pasan la noche rezando y hablando de cómo será el encuentro con el Padre, al que tanto aman y por el que van a entregar su vida. En la madrugada del 12 al 13 de enero, M. Victoria junto a las demás religiosas es conducida al cementerio de Las Casillas, cercana a Martos. Allí, aferrada a la puerta del cementerio, como hija que quieren acogerse a los brazos del Padre, es donde M. Victoria es fusilada. Pasados unos años, se exhuman los cuerpos y es llevada y enterrada en una cripta de la Iglesia de la Virgen de la Villa, allí yacen sus restos junto con los de otros mártires.

La gracia del Espíritu nos hace ver la grandeza con la que vivió M. Victoria, y de cómo aceptó la voluntad de Dios con un AMOR sin límites a El y al Instituto Calasancio. Por ello, el 13 de octubre de 2013 es Beatificada en Tarragona como parte de los acontecimientos propios del Año de la Fe. Su testimonio de vida entregada por amor y por la fe, nos fortalece en nuestro caminar cristiano y calasancio.

Beato Rosario Livatino



Livatino nació el 03 de octubre de 1952 en Canicattì, en Sicilia. Después de completar con éxito la escuela secundaria, ingresó en la Facultad de Derecho de la Universidad de Palermo en 1971 y se graduó en 1975. Entre 1977 y 1978 se desempeñó como subdirector en la Oficina de Registro en Agrigento. En 1978, después de estar entre el porcentaje más alto en la auditoría del Poder Judicial, consiguió un puesto como magistrado en el tribunal de Caltanissetta.

Ferviente católico, tuvo una breve vida no sólo de honestidad, sino también de ayuda y de intento de recuperación de los mafiosos. Explican que cuando entraban a su oficina, él se levantaba y estrechaba la mano y que incluso fue una vez a la morgue a rezar junto al cadáver de un mafioso asesinado.

"Que Dios me acompañe y me ayude a respetar el juramento, y a comportarme como exige la educación que me dieron mis padres", escribió en su cuaderno el primer día que accedió a la magistratura de Agrigento.

"Todas las mañanas, antes de entrar en la corte de Agrigento, iba a rezar a la cercana iglesia de San José. En la mesilla de noche guardaba la Biblia y el rosario junto con los códigos de leyes, escribe hoy el diario Avvenire recordando su vida.

En 1979 se convirtió en "sostituto procuratore" (fiscal adjunto) en el tribunal de Agrigento, cargo que mantuvo hasta 1989, cuando fue nombrado juez auxiliar (giudice a latere). 

El 21 de septiembre de 1990, como cada mañana, se dirigía al juzgado desde Canicattì, donde vivía con sus padres y mientras atravesaba el viaducto de la carretera estatal 640 se le acercó una moto y un Fiat Punto le cortó el paso. Después de los primeros disparos, intentó escapar hacia el acantilado, pero uno de los asesinos lo alcanzó y lo remato con siete tiros.


Durante su carrera, Livatino trabajó contra la corrupción y obtuvo éxito en varios casos, obteniendo la incautación de grandes sumas de dinero y propiedades y el arresto de figuras importantes del crimen organizado.

En 1993, el obispo de Agrigento le pidió a la antigua maestra de Rosario Livatino, Ida Abate, que recopilara cualquier testimonio disponible para la beatificación de Livatino.

El Papa Juan Pablo II dijo que Rosario Livatino era una "Mártir de la Justicia y de manera indirecta, de la Fe Cristiana"

En diciembre de 2020, el Papa Francisco aprobó el decreto de martirio propuesto por la Congregación para las Causas de los Santos del Vaticano. El siervo de Dios Rosario Angelo Livatino ha sido proclamado oficialmente Beato el domingo 9 de mayo de 2021 en la Catedral de Agrigento, Sicilia por el cardenal Marcello Semeraro, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos.​ 

jueves, 27 de mayo de 2021

miércoles, 26 de mayo de 2021

Santa Mariana de Jesús Paredes y Flores

 

Mariana de Jesús Paredes y Flores, «la Azucena de Quito», es la primera santa de Ecuador. Nace el 31 de octubre de 1618 del capitán español Jerónimo de Paredes y Flores y de la noble Mariana Jaramillo, una familia descendiente directa de los conquistadores españoles. Antes de cumplir los siete años se queda huérfana, y pasa a encargarse de su educación Jerónima, una de sus siete hermanas y esposa del capitán Cosme de Miranda.

Aprende el catecismo tan bien que a los ocho años es admitida a la Primera Comunión (una excepción en aquella época). El sacerdote que la examina se queda admirado de lo bien que esta niña comprende las verdades del catecismo. Pronto Mariana empieza a cultivar una intensa piedad y mortificación, y da muestras de una precoz vida religiosa. Pasa largas horas en oración e invita a sus sobrinas, que son casi de su misma edad, a rezar el rosario y a hacer el viacrucis. Al escuchar un sermón acerca de la cantidad tan grande de gente que todavía no ha recibido el mensaje de Jesús, decide irse con un grupo de compañeritas a evangelizar paganos. Por el camino las devuelven a sus casas porque no se dan cuenta de lo grave que es la determinación que han tomado. Otro día se propone irse con otras niñas a una montaña a vivir como anacoretas dedicadas al ayuno y a la oración. Afortunadamente un toro muy bravo las devuelve corriendo a la ciudad. Entonces su cuñado, al darse cuenta de los grandes deseos de santidad y oración que tiene esta niña, trata de que la reciban en una comunidad de religiosas. Pero las dos veces que trata de entrar de religiosa, se presentan contrariedades imprevistas que no le permiten estar en el convento. Entonces se da cuenta de que Dios la quiere santificar quedándose en la ciudad.


Hace construir en la casa de su hermana una habitación separada, y allí se dedica a una vida ascética, a orar, a meditar, y a hacer penitencia hasta límites insospechados. Prepara su habitación despojándola de muebles, con la única compañía de una calavera. Ha aprendido música y canto, y toca hermosamente el clavicordio y la vihuela. Aprende a coser, tejer y bordar, y todo esto le sirve para no perder tiempo en la ociosidad. Tiene una armoniosa voz y siente una gran afición por el canto, y cada día se ejercita un poco. Le agrada mucho entonar cantos religiosos, que le ayudan a meditar y a elevar su corazón a Dios. Su día lo reparte entre la oración, la meditación, la lectura de libros religiosos, la música, el canto y los trabajos manuales. Su meditación preferida es la Pasión y Muerte de Jesús.

En la parroquia de los jesuitas encuentra al padre Juan Camacho, que la pastorea y le enseña el método de san Ignacio de Loyola, consistente en examinarse tres veces por día la conciencia: por la mañana para ver qué peligros habrá en el día y evitarlos y qué buenas obras tendremos que hacer. El segundo examen: al mediodía, acerca del defecto dominante, aquella falta que más cometemos, para planear cómo no dejarse vencer por esa debilidad. Y el tercer examen por la noche, sobre todo el día, analizando las palabras, los pensamientos, las obras y las omisiones de esas 12 horas. Esos tres discernimientos la van llevando a una gran fidelidad en el cumplimiento de sus deberes cotidianos, y a hacer un voto de virginidad perpetua.



Más tarde, su afán apostólico y de caridad hacia los demás la lleva a intentar ejercer de misionera entre los indios mainas y a asistir a los enfermos y desgraciados. El 6 de noviembre de 1639 es recibida en la Tercera Orden Franciscana, la que mejor se acomoda a su espíritu de renuncia. Se entrega con gozo y amor a la ayuda espiritual de sus compatriotas sin distinción de raza ni color. Suele anunciar hechos que van a suceder en el futuro (incluyendo la fecha de su muerte, que según anuncia sería un viernes 26). Tiene un don especial para poner paz entre los que se pelean y para lograr que algunas personas dejen de pecar. Intenta hacer vida eremita a los pies del Pichincha, esperando conjurar los peligros del volcán.


Es llamada "La Azucena de Quito" porque en una enfermedad le hacen una sangría y la muchacha de servicio echa en una matera la sangre que le saca a Mariana, y en esa matera nace una azucena. Con esa flor es pintada en los cuadros.

En 1645 hay en Quito un gran terremoto, que causa muchas muertes por una terrible epidemia que tiene aterrorizada a la ciudad. El cuarto domingo de cuaresma, un padre jesuita dice en el sermón: "Dios mío, te ofrezco mi vida para que se acaben los terremotos". Pero Mariana ora: "No, Señor. La vida de este sacerdote es necesaria para salvar muchas almas. En cambio yo no soy necesaria… Te ofrezco mi vida para que cesen los terremotos". La gente se admira del gesto, y aquella misma mañana ella empieza a sentirse muy enferma. Ya no se repiten los terremotos y no muere más gente.

Acompañada por tres padres jesuitas Mariana muere santamente el viernes 26 de mayo de 1645, a los 26 años. Desde entonces los quiteños le tienen una gran admiración. Su entierro es una inmensa ovación de toda la ciudad. Y los continuos milagros que ocurren después de su muerte, obtienen su beatificación el 20 de noviembre de 1853 por Pío IX. Es proclamada «heroína nacional» el 30 de noviembre de 1945 por la Asamblea Constituyente de Ecuador, y canonizada el 4 de junio de 1950 por Pío XII.

domingo, 23 de mayo de 2021

Letanías al Espíritu Santo

 


LETANIAS AL ESPIRITU SANTO

Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
Cristo, Padre celestial Ten piedad de nosotros.
Dios hijo, Redentor del mundo
Espíritu Santo que procedes
Del Padre y del Hijo Te alabamos y te bendecimos.
Espíritu del Señor, Dios de Israel.
Espíritu que posees todo poder.
Espíritu, fuente de todo bien.
Espíritu que embelleces los cielos.
Espíritu de sabiduría e inteligencia.
Espíritu de consejo.
Espíritu de fortaleza.
Espíritu de ciencia.
Espíritu de piedad.
Espíritu de temor del Señor.
Espíritu, inspirador de los santos.
Espíritu prometido y donado por el Padre.
Espíritu de gracia y de misericordia.
Espíritu suave y benigno.
Espíritu de salud y de gozo.
Espíritu de fe y de fervor.
Espíritu de paz.
Espíritu de consolación.
Espíritu de santificación.
Espíritu de bondad y benignidad.
Espíritu, suma de todas las gracias.

Cordero de Dios Que quitas los pecados del mundo.
Perdónanos, Señor.

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo.
Escúchanos Señor.

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo.
Ten piedad de nosotros.

sábado, 22 de mayo de 2021

Santa Joaquina de Vedruna

Santa Joaquina de Vedruna fue la fundadora de la Congregación Hermanas Carmelitas de la Caridad, nacida en Vic (España) el 26 de febrero de 1826.

Natural de Barcelona y educada en un ambiente familiar muy cristiano, se sintió siempre atraída por Dios. Casada con un joven de Vic, Teodoro de Mas, se amaron profundamente y se entregaron ilusionados a la tarea de educar a sus nueve hijos.

Prematuramente viuda, Joaquina dedicó lo mejor de sí misma a sus hijos y a los enfermos pobres de la ciudad de Vic, decidida entonces a acabar sus días como religiosa, en la pobreza y la oración.

Cuando, ya mayores sus hijos, parecía llegado el momento del retiro a la vida monástica, el Señor le mostró, a través de providenciales circunstancias, el camino hacia una meta nueva: poner en marcha una congregación religiosa "para abrazar las necesidades de los pueblos, ya para cuidar enfermos, ya para la enseñanza de las niñas", como ella misma decía.

Deseosa únicamente de "emprender lo que el Señor quiera", "dispuesta para hacer su voluntad", reunió hermanas e inició con ellas un nuevo modo de vida religiosa al servicio de las clases populares del país. La infancia y la juventud, los marginados y los enfermos encontraron en ella acogida y respuesta a sus necesidades.

Murió en Barcelona, víctima del cólera, el 28 de agosto de 1854, dejando tras sí numerosas comunidades, que, herederas de su carisma, son hasta hoy las continuadoras de su obra en la Iglesia.

"Madre de nueve hijos - dijo de ella Juan XXIII - se convertirá en madre de innumerables pobres". Él mismo, en 1959, añadía el nombre de Joaquina de Vedruna a la lista de los testigos ejemplares del Señor, a la lista de sus santos.



Oración a Santa Rita de Casia

Santa de lo Imposible. Oh Santa Patrona de los necesitados, Santa Rita, cuyas plegarias ante el Divino Señor son casi irresistibles, quien por la generosidad en otorgar favores has sido llamada Mediadora de los sin esperanza e incluso de lo Imposible; Santa Rita, tan humilde, tan pura, tan mortificada, tan paciente y de tan compadecido amor por Jesús Crucificado que podrías obtener de El cualquier cosa que le pidas. A cuenta de esto recurrimos confiados a ti, esperando, si no siempre alivio, al menos consuelo. Se favorable a nuestra petición, mostrando el poder de Dios a nombre de este/a suplicante, se generosa con nosotros, como lo has sido en tantos casos maravillosos, para la más grande gloria de Dios, por la divulgación de tu propia devoción, y por el consuelo de aquellos que confían en ti. Prometemos, si nuestra petición es concedida, glorificar tu nombre, informando del favor concedido, para bendecir y cantar tus alabanzas por siempre. Confiando entonces en los méritos y poder ante el Sagrado Corazón de Jesús, te rogamos:

(Mencione ahora su petición)

Obtén para nosotros nuestra petición:

Por los singulares méritos de tu infancia,
Por la perfecta unión con la Divina Voluntad,
Por los heroicos sufrimientos durante tu vida de casada,
Por el consuelo que experimentaste con la conversión de tu esposo,
Por el sacrificio de tus niños antes de verlos ofender gravemente a Dios,
Por tu milagrosa entrada al Convento,
Por las austeras penitencias y las sangrientas ofrendas tres veces al día.
Por el sufrimiento causado por la herida que recibiste con la espina del Salvador Crucificado;
Por el amor divino que consumió tu Corazón,
Por la notable devoción al Sagrado Sacramento, con el cual exististe por cuatro años,
Por la felicidad con la cual partiste de tus pruebas para reunirte con el Divino Esposo,
Por el ejemplo perfecto que diste a la gente de cada estado de vida.
Santa de lo Imposible

Oremos
Oh Dios, Quien en tu infinita ternura has sido bondadoso para escuchar la plegaria de Tu sierva, Santa Rita, y otorgas a su suplica lo que es imposible a la vista, conocimiento y esfuerzos, en recompensa de su compadecido amor y firme confianza en Tu promesa, ten piedad en nuestra adversidad y socórrenos en nuestras calamidades, que el no creyente pueda saber que Tu eres la recompensa del humilde, la defensa de los sin esperanza, y la fuerza de aquellos que confían en Ti, a través de Jesucristo, nuestro Señor. Amén

Fuente: Aciprensa

viernes, 21 de mayo de 2021

San José y Santa María Eufrasia Pelletier


Santa María Eufrasia tenía una gran devoción  a San José, esta  crecía cada día y se manifestaba por una ilimitada confianza. 
Desde 1861 todos los miércoles después de la Eucaristía recitaba esta oración compuesta por una de las Hermanas misionera: “Me dirijo a Vos Oh San José, como mi poderoso protector ante Dios, y patrono de este Instituto: pongo en Vos toda mi confianza y os suplico que me protejáis durante mi vida y a la hora de la muerte. Obtenedme el espíritu interior y las virtudes de la Santa Infancia, la castidad, obediencia y pobreza que os hicieron digno de ser Esposo de María y padre alimentante de Jesús. Obtenednos vocaciones capaces de glorificar a Dios, y no consintáis que tengamos otras. Extended vuestra protección a todos los que os aman y que, a nosotras, nos hacen bien. Oh santo Patriarca, a vos me consagro para siempre.”


En agosto de 1861, mientras hacía construir el monumento al Jefe de la Sagrada Familia pedía a sus hijas escribirle súplicas y a colocarlas dentro del pedestal, con profunda fe, lo nombra como ecónomo de la Casa y Superior General del Instituto.

El 23 de septiembre de 1861, dijo a la Comunidad: “Estando hoy en el locutorio tuve una idea, la de servir todos los días una porción de comida a San José y será para el primer pobre que se presente en la puerta. Desde entonces San José tuvo almuerzo y comida en el refectorio de las Hermanas profesas, y postres, en el de las novicias.

No tardó en recibir recompensa de ese acto de confianza, que debía atraer tantas bendiciones. Ante las dificultades económicas decía: “Seguramente San José pagará hoy la comida”. En el acto en que la Hermana despensera servía la comida a San José, la llamaban al locutorio, para traerle el dinero que necesitaban para pagar a los proveedores.


Un día de septiembre de 1857 la comunidad tenía una gran deuda. Llena de confianza en la poderosa intercesión del Jefe de la Sagrada Familia,  hizo celebrar nueve Misas y pidió una novena. Al día siguiente, por la mañana, una pobre mujer de setenta años le entregó la cantidad suficiente para poder pagar sus deudas. 

La Santa Madre Pelletier en sus cartas les decía: "San José les concede todo lo que le piden: el trabajo llega de todos lados, para las Penitentes y las Niñas". (Carta 1686.a Monseñor LEBOUCHER.3 Marzo 1860).

"San José nos protege siempre admirablemente; el Padre Chaignon nos ha predicado muy bien el día de su fiesta".( Carta 1689.a Monseñor LEBOUCHER. 21 Marzo1860).




Aparición de San José en Cotignac, Francia

El 7 de junio de 1660, San José se apareció a un joven pastor en el monte Bessillon, en la localidad francesa de Cotignac, la única aparición en la que el Santo Custodio de la Familia de Nazareth aparece solo y que ha sido reconocida por la Iglesia Católica.

Según relata el sitio web de la Diócesis de Fréjus-Toulon, “el 7 de junio de 1660, alrededor de las 13 horas (1:00 p.m.), Gaspard Ricard, un joven pastor de 22 años, cuidaba a su rebaño en el monte Bessillon”.

“El calor era sofocante y tenía sed. De repente, percibió a ‘un hombre a su costado’, que le señaló una gran roca y le dijo: ‘Yo soy José, muévela y beberás’”.

Algunos relatos de la época indican que la roca era tan grande que se habría necesitado la fuerza de unos ocho hombres para moverla.

El relato de la diócesis señala que “ante la sorpresa y la duda del joven pastor, la aparición reiteró su consejo. Gaspard hizo caso, movió la roca sin problemas y descubrió una fuente donde bebió hasta saciarse”.

El joven pastor marchó luego a su pueblo para dar la noticia de la fuente que había surgido donde nunca antes hubo un manantial de agua fresca.

De acuerdo al sitio web del monasterio benedictino ubicado en Cotignac, tras conocer la noticia, el 9 de agosto los habitantes de la región comenzaron a construir una capilla en el lugar de la aparición, hasta donde llegaban muchos enfermos que volvía “sanados o consolados ante sus dolencias”.

La capilla se concluyó en 1663 y fue confiada por el obispo de entonces a los padres oratorianos, que construyeron un santuario alrededor de la fuente.

Hasta el día de hoy se puede ver en el lugar una inscripción tomada del libro de Isaías: “Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación”.

En marzo de 1917, el entonces Obispo de Fréjus-Toulon, Mons. Félix Guillibert, afirmó en una carta que la brevedad del mensaje de San José en la aparición de 1660 muestra que el Santo Custodio “no es hablador. Nada más simple, ni más pobre que esa intervención, la única aparición de San José de este tipo en toda la historia de la Iglesia, en una tierra que se había reservado ya para sí Nuestra Señora”.

Fuente: Aciprensa.