jueves, 20 de julio de 2017

Beato Antonio Chevrier

Nació en Lión el 16 de abril de 1826 de una familia modesta. A los diecisiete años el joven Antonio sintió la llamada al ministerio sacerdotal. En el primer año de los estudios teológicos pensó seriamente ingresar en el Instituto de Misiones extranjeras de París. No logró realizar su deseo, pero el anhelo misionero permaneció en él y se manifestó concretamente en el momento de su ordenación sacerdotal, en 1850, cuando aceptó gustoso el nombramiento rechazado por otros, de vicario en la parroquia de San Andrés, en pleno barrio obrero, en medio de los pobres. Allí ejerció un apostolado fructuoso por su caridad inagotable.

La noche de Navidad de 1856, delante del pesebre, recibió la revelación de la divina pobreza y el amor de Navidad, y desde entonces, como perfecto imitador de San Francisco de Asís, vivió una vida cada vez más pobre. Alentado por el santo Cura de Ars aceptó en 1857 el oficio de director espiritual de la “Ciudad del Niño Jesús”, una obra fundada en Lión para niños pobres, que se proponía sobre todo la preparación de los niños para la primera comunión y la acogida de niños abandonados. En 1859 decidió fundar una obra suya en favor de los muchachos marginados. Con la ayuda de Fray Pedro Louat y de Sor Amelia y Sor María compró un gran salón de baile, situado cerca de la parroquia de San Andrés en Lión, que se llamaba “Prado” y que fue el centro de sus obras asistenciales.

A la obra para los muchachos añadió pronto una escuela para clérigos de la cual salieron los sacerdotes que formaron la “Sociedad de los Sacerdotes del Prado”. Antonio Chévrier está ciertamente entre los primeros en tomar conciencia de la apostasía de las masas y del riesgo que corría el sacerdote permaneciendo lejos de los pobres. Por eso quiso “sacerdotes pobres entre los pobres”, verdaderos testigos de Cristo buen samaritano y, como él, solícitos sobre todo de la salvación de los hermanos.

Como los grandes apóstoles de la juventud, Antonio meditaba a menudo las palabras de Jesús (Mc 10,14): “Dejad que los niños vengan a mí y no se lo prohibáis, porque de los que son como ellos es el reino de Dios”. “Si no os convertís y no os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos (Mt 18,3). “El que acoge a uno de estos mis pequeños, a mí me acoge!”.

En Lión, después de un año de agudos dolores a causa de una úlcera, se durmió en la paz de los santos el 2 de octubre de 1879, a los 53 años. Fue beatificado por Juan Pablo II durante su peregrinación apostólica a Lión el 4 de octubre de 1986.

Beata María de Jesús d'Oultremont

Emilia nace en Wégimont, Bélgica, el 18 de Octubre de 1818. Dotada de una rica personalidad, tiene encanto y voluntad. Su padre es embajador de Bélgica ante la Santa Sede, y Emilia le acompaña en sus viajes a través de Europa. Muy joven, se siente atraída fuertemente por Dios como el absoluto y descubre la persona y la espiritualidad de Ignacio de Loyola.

En ella crece el deseo de la vida religiosa. Pero a los 18 años, siguiendo la costumbre de la época, sus padres le hablan de matrimonio. Después de un tiempo de vacilación, el 19 de Octubre de 1837, contrae matrimonio con Víctor d'Hooghvorst. Es un matrimonio concertado que se va a transformar en un matrimonio de amor y que será bendecido con el nacimiento de cuatro hijos, dos niños y dos niñas.

La vida de Emilia se reparte entre su familia, el servicio a los pobres y sus compromisos sociales. Un día en Roma, en medio de una gran baile, Dios se le revela como el Único. Esto hace brotar en ella la respuesta: “¡Maestro, Tú solo en mi vida!” “A partir de este momento, comprendí que entre El y yo existía una unión que nadie podría romper”.

La felicidad de Emilia y de Víctor será de corta duración: Víctor contrae una grave enfermedad y muere prematuramente en 1847.

A los 29 años, Emilia se encuentra viuda y con cuatro niños, entre los 2 y los 9 años, que ella educa con amor. Pero el deseo de pertenecer totalmente a Jesús se apodera más y más de su corazón. En los cuatro años siguientes a la muerte de su marido, fallecen también sus padres. En este momento decide poner a sus hijos en un colegio en Francia y ella con sus hijas hace las gestiones necesarias para establecerse en París; en 1854 sale definitivamente de Bélgica, distanciándose así de su familia. Pero antes de su marcha, una de sus tías le invita a su castillo de Bauffe. Allí le esperaba Dios.

El 8 de Diciembre de 1854, en el preciso momento en el que el Dogma de la Inmaculada Concepción se proclama en Roma, Emilia se encuentra en oración en la capilla de Bauffe. Allí vive una fuerte experiencia espiritual que va a iluminar y a transformar su vida para siempre.

Emilia relata esta experiencia como un encuentro con María. Esta le confía el deseo secreto de su corazón maternal. María le llama a amar a Jesús y a los miembros de su Cuerpo, “con la delicadeza del amor que se encuentra en el corazón de una madre” y ser así “María para Jesús”. Es una invitación a colaborar en la misión de redención y de reparación de Cristo. Emilia responde sin reserva:

“Prometí todo a María”.

Emilia se siente impulsada a una vida de “reparación”, según una corriente espiritual del siglo XIX y en una época muy sensible a las profanaciones de la Eucaristía; valora el peso de la ternura de Dios por el mundo y toma conciencia de la urgencia de responder con el don de su vida.

Para Emilia, reparar es querer estar vuelta a Cristo sin cesar, desear servirle y darle a conocer, aceptar seguirle hasta su pasión, viviendo la solidaridad efectiva con la humanidad que sufre la prueba, ofrecer gestos de comunión y ser artífices de la paz.

“Al lado de María y por medio de su Corazón, todo en nuestra vida será para Dios, su gloria y la Reparación.”

Desde el principio, Emilia, rodeada de jóvenes de distintas nacionalidades y ayudada por varios Jesuitas comienza una experiencia de vida religiosa.

La primera comunidad oficial se abre en Estrasburgo el 1 de Mayo de 1857. Emilia toma el nombre de “María de Jesús”. Paralelamente a esta fundación, continúa ocupándose del cuidado y la educación de sus hijos e hijas. Desde los orígenes, la unidad del grupo se hace en torno a la Eucaristía, vivida en su doble dimensión de adoración y anuncio de la Palabra cuidando un equilibrio entre oración y actividad apostólica.

El Instituto no tiene más que dos años de existencia cuando a la Madre María de Jesús le piden una fundación en la India

Es el principio de la expansión de la Congregación que va rápidamente a extenderse a Francia, India, Inglaterra, Bélgica, Isla de la Reunión, Italia, Isla Mauricio, Irlanda y España. Este desarrollo reúne las aspiraciones misioneras de la Fundadora: “Protegidas por María, nuestra Madre, sin temor a los peligros... atravesaremos los mares para anunciar en las comarcas más lejanas el nombre de Jesús, su misericordia y su amor”. (TF – Carta 2 de Julio, nº 13)

La M. María de Jesús conoce las alegrías y las dificultades, los tiempos de lucha y los momentos de tranquila confianza de una fundadora. En 1863 obtiene del papa Pío IX un reconocimiento canónico y un primer “decreto laudatorio”. En 1865 la casa generalicia se establece en Roma. Con la ayuda del P. Ginhac, s.j. la Fundadora continúa la elaboración de las Constituciones que serán aprobadas definitivamente por el Papa León XIII en 1883, después de su muerte.

Infatigable, apasionada, la Madre María de Jesús fundará todavía, después de Estrasburgo y Paris, veinte comunidades en ocho países. Muere en Florencia el 22 de Febrero de 1878 a los 59 años de edad.

Ha sido beatificada por el Papa Juan Pablo II el 12 de Octubre de 1997 y se estableció su memoria el 11 de octubre.

Beato Edmundo Ignacio Rice

Nació el 01 de junio de 1762, en Watercourt, Callan, Irlanda, en el seno de una familia de agricultores. A causa de las "Penal Laws", leyes restrictivas contra los católicos de Irlanda, sus sacerdotes perseguidos que no podían tener escuelas, Edmundo fue educado en las escuelas clandestinas organizadas por los irlandeses en los campos, muy ligadas a la fe católica y sus profesores se trasladaban siempre de un lugar a otro. Edmundo también estudió en una escuela clásica de Kilkenny City; ya que a los católicos les estaba prohibido el acceso a la carrera militar, a los puestos estatales y jurídicos, a este joven de 17 años se fue a trabajar como aprendiz junto a un tío paterno que era exportador de mercancías en Waterford.

Con los años llegó a ser un mercader de éxito; en el 1787, con 25 años, se casó, pero dos años después se quedó viudo con una niña deficiente llamada Mary. Intensificó la unión con Dios en la meditación de las Escrituras, frecuentó los sacramentos y la misa, dedicándose a las obras de caridad y ayudando a los pobres con sus propios bienes.

En aquel período de gran fermento para la sociedad irlandesa, con el aumento de la población, en el doble, en sesenta años, la independencia de Estados Unidos en el 1776, los católicos de Irlanda pidieron la paridad de derechos con los protestantes, pero era necesario hacer algo por la educación, por esto Edmundo se propuso trabajar en este campo esencial para sociedad del futuro. Había conocido a la Sierva de Dios "Nano" Nagle, que en el 1778 había fundado las Hermanas de la Presentación para la instrucción y el cuidado de las niñas, y la había ayudado a abrir una casa en Waterford.

Con este ejemplo, en 1793 comenzó su obra para la educación. Obtuvo los fondos necesarios, le pidió al papa Pío VI para abrir un nuevo Instituto y con el apoyo del obispo de Hussey, fundó en un establo abandonado, una escuela provisional, después de vender su hacienda y colocar adecuadamente a su familia. Después de las iniciales dificualtades, nació en 1806, la Congregación de los Hermanos de la Presentación, con la misión de la educación cristiana y de llevar a los pobres al conocimiento de su dignidad y filiación divina. El nuevo Instituto fue el primero que surgió en Irlanda, Edmundo tomó el nombre de Ignacio, fundó un monasterio llamado Mont Sion en Waterford, que será la Casa madre. El número de religiosos creció y se extendió por Irlanda y seguían la Regla de las Hermanas de la Presentación, pero sujetos a la jurisdicción de los obispos. En 1817 conoció a los hermanos de las Escuelas Cristianas, fundadas por san Juan Bautista de La Salle y pidió a la Santa Sede la aprobación de una Regla semejante para su Instituto. Fue aprobado por Pío VII en 1820. En 1822, la mayor parte de los Hermanos de la Presentación aceptaron la nueva Regla y cambiaron su nombre por el de Hermanos Cristianos y eligieron a Edmundo como su Superior General.

No todos se adhirieron, comandados por el hermano Miguel Agustín Riordan, permanecieron con la denominación inicial y bajo jurisdicción diocesana hasta que en 1889, tuvieron la aprobación pontificia. Las dos Instituciones se expandieron por Inglaterra, Gibraltar y Australia. En 1838, Edmundo dimitió como Superior General a causa de la edad y murió el 29 de agosto de 1844, con fama de santidad en Mont Sion (Waterford). Las dos Congregaciones, hoy están presentes en los cinco Continentes, en las regiones de misión de la Iglesia y entre los marginados de las grandes ciudades.

El 2 de abril de 1993 fue declarado venerable. Fue beatificado el 6 de octubre de 1996 por el papa Juan Pablo II.

Beato María Eugenio del Niño Jesús

Enrique (Henri) Grialou nació el 2 de diciembre de 1894, en una modesta familia de Gua, pueblo minero de la región de Aveyron, en Francia. Fue el tercero de cinco hermanos. Su infancia estuvo marcada por la muerte de su padre, en 1904 y, a partir de entonces, por el esfuerzo abnegado de su madre para sacar a sus hijos adelante, a pesar de las dificultades.

Educado en un clima de fe, se siente desde niño atraído por el sacerdocio. Ni las penurias de su familia, ni la Primera Guerra Mundial, que interrumpirá sus estudios de seminarista, apartarán a Enrique de su decisión de ser sacerdote. Por el contrario, le harán madurar en su vocación y en su convencimiento de entregarse totalmente a Dios. Una característica de toda su vida será esta entrega total a la voluntad de Dios, manifestada a través de los acontecimientos. Un libro sobre Juan de la Cruz le descubre su llamada al Carmelo Teresiano.

Después de su ordenación sacerdotal, el 4 de Febrero de 1922 entra en el noviciado de los carmelitas, a pesar de la oposición de su madre y de sus formadores,. El 10 de Marzo de 1922, el joven sacerdote Enrique Grialou recibe el hábito de la Orden del Carmen, tomando el nombre de fray María Eugenio del Niño Jesús. En este tiempo, entregado al silencio, a la oración, al encuentro con Dios, profundiza en la gracia profética y mariana del Carmelo, haciéndola suya. Se empapa de las enseñanzas de los grandes maestros del Carmelo, Teresa de Jesús y Juan de la Cruz, sin olvidar nunca a su amiga de infancia, Teresita del Niño Jesús. El padre María Eugenio presiente ya que tiene una misión. Esta misión, se irá explicitando como carmelita, y más tarde, como fundador de un Instituto Secular. A lo largo de toda su vida servirá apasionadamente a su Orden y a la Iglesia.

Desde el comienzo de su ministerio, convencido de la riqueza de la doctrina espiritual de los santos carmelitas, se dedicará con todas las fuerzas a difundir sus enseñanzas a públicos muy diversos, tanto oralmente como a través de sus escritos. Impregnado de la actualidad de la reformadora del Carmelo, santa Teresa de Jesús, se pone a trabajar para revitalizar los carmelos en Francia, siendo nombrado visitador apostólico por Pío XII, en 1948. También ocupará algunos puestos de responsabilidad al servicio de la Orden: Definidor General (1937-1954), Vicario General (1954-1955), y Provincial del Sur de Francia. Entre sus diferentes escritos, destacamos su obra maestra, Quiero ver a Dios que nos abre a su propia experiencia espiritual.

Llamado por Dios para transmitir su gracia a una familia espiritual, funda en 1932 el Instituto Secular Notre-Dame de Vie, en Venasque (Francia). Este Instituto está formado por laicos consagrados, hombres y mujeres, y sacerdotes, que viven de la espiritualidad del Carmelo e intentan testimoniar de la presencia del Dios Vivo en los ambientes más diversos, en medio del mundo; viviendo y enseñando el camino de la oración contemplativa.

El padre María-Eugenio se va a la casa del Padre el 27 de Marzo de 1967, un lunes de Pascua, día de la fiesta de Notre-Dame de Vie, instituida por él para celebrar la alegría de María al ver a su Hijo resucitado. Desde entonces su obra prolonga su acción. Su carisma continúa vivo entre nosotros a través del libro Quiero ver a Dios, de sus escritos y enseñanzas, del Instituto Secular Notre-Dame de Vie y de todas aquellas personas que en su Orden y en la Iglesia le conocieron.
La causa del Padre María-Eugenio se abrió en 1985. El arzobispo de la diócesis de Avignon, Raymond Bouchex, formó un tribunal eclesiástico y una comisión de expertos. El resultado de todos los trabajos fueron 25,000 páginas de documentos y testimonios que fueron enviados en 1994 a Roma, a la Congregación para la Causa de los Santos que redactó la Positio que contiene una biografía muy documentada y todos los elementos necesarios para comprobar las virtudes heroicas del Padre María-Eugenio. Finalmente, el 19 de diciembre de 2011, S.S. Benedicto XVI autorizó la promulgación del decreto reconociendo tales virtudes.

El viernes 4 de marzo de 2016, S.S. Francisco autoriza la promulgación de un decreto reconociendo un milagro obrado por Dios por intercesión del Venerable María-Eugenio del Niño Jesús, su nombre quedará inscrito en la lista de beatos el 19 de noviembre, fecha en la que se realizará la ceremonia de beatificación.

Beata Teresa María de la Cruz.

Teresa Adelaida Cesina Manetti nació de humilde familia en San Martino a Campo Bisenzio (Florencia-Italia), el 2 de Marzo de 1846.

Familiarmente le llamaban todos "Bettina". Quedó huérfana de padre muy pronto y conoció lo dura que era la vida. A pesar de ello, ayudaba a los pobres privándose hasta de lo más necesario.

En 1872, junto con otras compañeras, se retiró a una casita de campo y allí "oraban, trabajaban y reunían a algunas lóvenes para educarlas con buenas lecturas y enseñarles la doc frina cristiana".

El 16 de Julio de 1876 fueron admitidas a la tercera Orden del Carmen Teresiano y cambió su nombre por el de Teresa María de la Cruz.

El 1877 recibió las primeras huérfanas, cuyo número fue creciendo día a día. Aquellas niñas abandonadas "eran su mejor tesoro".

El 12 de julio de 1888 las 27 primeras religiosas vistieron el hábito de la Orden de Carmen Descalzo, a la que se habían agregado el 12 de junio de 1885.

El 27 de febrero de 1904 el papa Pío X aprobaba el Instituto con el nombre de "Terciarias carmelitas de Santa Teresa".

Madre Teresa Maria vio con gran alegría extenderse el Instituto hasta Siria y el Monte Carmelo de Palestina.

Gozó siempre de muy poca salud y también su espíritu fue duramente probado, por ello le cuadraba muy bien su sobrenombre "de la cruz". Recorrió valientemente su "calvario", y con frecuencia, decía: "Tritúrame, Señor, exprímeme hasta al última gota".

Su caridad no tenía Iímites.Se entregaba a todos y en todo, olvidándose siempre de sí misma.EI obispo Andrés Casullo. que la conocía bien a fondo,atirmaba de ella: "Se desvivía por hacer el bien".

Después de pasar por noches oscurísimas de su alma, preparada por la gracia, le llegó la muerte en su mismo pueblo natal el 3 de abril de 1910, mientras repetía una vez mas. "Oh Jesús mío, sí quiero padecer más..." Y murmuraba extática: "¡Está abierto!... ya voy".

Sus escritos, sencillos y profundos a la vez, fueron aprobados el 27 de noviembre 1937.

El papa Juan Pablo II la beatificaba el 19 de octubre de 1986.

Beata María Bárbara Maix

Nació en Viena, Austria el 27 de junio de 1818, hija de José Maix y Rosalía Mauritz.

Los registros históricos nos dicen que José Maix era empleado público. Encontramos a su padre en el año 1782, trabajando como ayudante de cocina para el príncipe José Luis Lischtein. Poco después, en el año 1786, pasa a trabajar en el Palacio de Schönbrunn , en la función de ordenanza y luego chambelán del emperador.

Las muertes en la familia Maix eran frecuentes y la enfermedad una constante. Bárbara, la menor de 9 hijos del segundo matrimonio, tuvo su infancia y adolescencia marcada por muchas dificultades que le causaron debilidad en su organismo.

De hecho, fue muy difícil para el padre José Maix trabajar en el palacio donde se realizaban muchas fiestas, llenas de elegancia y lujo, y ver morir a sus hijos, uno tras otro, por no poder vencer, con el fruto de su trabajo, el hambre y la enfermedad. Vivían junto al palacio, en la casa número uno de los empleados.

En esta atmósfera de los contrastes entre el lujo y la abundancia del palacio con la pobreza y el dolor en su familia, se fue formando la personalidad de Bárbara. Hereda de sus padres la fe cristiana, el espíritu de lucha y resistencia, la tenacidad constante para resistir lo que tocara vivir, el coraje para enfrentar el imperio del lujo ante las apremiantes necesidades de la familia. Es el amor sin los límites por la vida lo que la hace fuerte, intrépida, llena de energía. Ella aprende de los sufrimientos diarios a no dejarse vencer frente a las dificultades, por más grandes que estas sean.

Desde temprana edad, manifiesta un espíritu misionero y profético frente a los desafíos de la realidad:

En tiempos de guerra, en los que el estado prohíbe la fundación de congregaciones religiosas, reúne jóvenes y con ellas inicia el proyecto de las Hermanas del Inmaculado Corazón de María.

Ante una situación social de desempleo en la que el mayor número de nacimientos correspondián a madres solteras, abre una casa de huéspedes para albergar a empleadas domésticas, dándoles orientación y asistencia, evitando que cayeran en la prostitución y otras desigualdades sociales.

Perseguida por el contexto político-económico de Viena y ante la necesidad de salir del país, planea ir a América del Norte, mas las circunstancias hacen que junto a 21 compañeras viaje a Brasil, país del que no conoce ni su cultura ni su geografía. Escribiendo a una compañera le dice: "Llegamos a Río de Janeiro el 9 de noviembre (1848), sin dinero, sin conocer a nadie, sin conocer el idioma, con mucha hambre, pero llenas de confianza en Dios y en Nuestra Señora”.

En una época en que las mujeres no tenían participación social, acceso a los conocimientos y a la educación escolar, se convirtió en educadora y permitió el estudio a las niñas, especialmente a las huérfanas y pobres.

Atenta a los hechos, percibe otras necesidades de la época: asilos y pensionados. Ante las epidemias de cólera y fiebre amarilla y por la Guerra con Paraguay, se hace cargo de las actividades en dispensarios y hospitales.

Frente a una sociedad que mantiene el sistema de la esclavitud, María Bárbara no acepta que las personas que trabajan junto a las Hermanas lo hagan en condiciones de esclavitud, todos realizan los mismos servicios y tienen los mismos derechos en una relación de total igualdad y colaboración.

En un contexto en el que las órdenes religiosas eran de estilo puramente contemplativa, María Bárbara hace una innovación: una forma de Vida Consagrada forjada para el trabajo profano y social. Este modelo de la Vida Religiosa era nuevo tanto para la Iglesia como para el gobierno. Ella fundó el 8 de mayo de 1849 la primera congregación femenina de vida activa en Brasil.

Con inteligencia, abre nuevos caminos, vence los obstáculos y se enfrenta firmemente los problemas de orfandad, opresión y autoritarismo de la época.

María Bárbara, mujer de fe, discierne la realidad, toma decisiones, como la de no realizar aquellas tareas que no ayuden al estilo de vida exigido en el Proyecto de la Congregación. "... Yo no creo que haya autoridad en la tierra que me obligaría a hacer nada en contra de mi conciencia. No somos esclavos, Señor Administrador. Somos libres por la misericordia de Dios”.

Su vida dedicada toda a Dios y a los hermanos, especialmente a los más necesitados, fue señalada por muchos sufrimientos, enfermedades, pobreza y luchas. Siguiendo el ejemplo de la Virgen María, se entregó totalmente a la Voluntad del Padre, María Bárbara respondió que sí a la llamada del Señor.

Murió el 17 de marzo de 1873, dejando en herencia “LA BÚSQUEDA CONTINUA DE LA VOLUNTAD DE DIOS, ATENTAS A LOS APELOS DE LA IGLESIA EN CADA MOMENTO HISTORICO”, el perdón, la vivencia fraterna, escuchar la palabra de Dios, el coraje, la osadía y la defensa de la dignidad humana.

Fue beatificada el 06 de noviembre de 2010.

Beata Emilia Fernández "La canastera"

Emilia Fernández Rodríguez, nacida y bautizada en la parroquia de Santa María de Tíjola el 13 de abril de 1914 con los nombres de Emilia, Gregoria y Margarita. Era la segunda de tres hermanos y vivía, como tantos gitanos, en las casas-gruta. Tenía 4 años cuando la gran gripe tras la Guerra Mundial (la de 1918, la que llamarían "gripe española") mató a unos 50 niños del pueblo: ella sobrevivió. Sus padres le enseñaron a hacer cestos de mimbre y los vendían en los pueblos.


Llegó la Guerra Civil. Tíjola fue territorio republicano durante toda la guerra y los gitanos trataban de no sentirse involucrados en el conflicto. De hecho, en plena guerra, en febrero o marzo de 1938, Emilia se casó con su pariente Juan Cortés, un año menor que ella, por el rito gitano. 

Pero al poco llegaron milicianos insistiendo en alistar a Juan para el frente. Ella ya estaba embarazada. Idearon un plan para que él no fuese a la guerra. Prepararon una sustancia que pusieron en los ojos de Juan para dejarlo temporalmente ciego y mostrarlo incapacitado para el servicio. Pero cuando un tiempo después los milicianos vuelven y comprobaron que el joven gitano volvía a ver, constataron el engaño y los encarcelaron en prisiones separadas. A él, en la antigua azucarera "El Ingenio", reconvertida en prisión. A ella, en la cárcel de mujeres llamada Gachas Colorás, donde ingresó el 21 de junio. 

Su compañera de prisión María de los Ángeles Roda Díaz describiría así las condiciones en esta prisión republicana con unas 40 presas "de derechas", que a veces eran simplemente mujeres cristianas.

Emilia, embarazada, con su vientre hinchándose, fue juzgada el 9 de julio de 1938: se la condenó a seis años de cárcel.

Al principio, la joven gitana se sentía sola y no hablaba con las otras reclusas. Muchas veces hablaba en caló y sus compañeras ni la entendían. Pero su juventud y su estado despertaron enseguida la simpatía de las presas. Una chica de su misma edad, Dolores del Olmo Serrano, Lola, trabó amistad con ella. Era la que llevaba más tiempo presa allí por su militancia política en Acción Popular, el partido conservador fundado por el Siervo de Dios Ángel Herrera Oria. Al principio de la guerra se había significado demasiado visitando presos y celebrando algunas excarcelaciones.

Las mujeres solían rezar en grupo por las tardes y Emilia pidió a Lola que le enseñase las oraciones y a hacer correctamente la señal de la cruz. 

Ángeles Roda cuenta que Emilia era "una persona muy buena, humilde y religiosa", una mujer "fascinante". En prisión, con Lola, aprendió el padrenuestro, el avemaría y el Gloria, todo el rezo del rosario. Las letanías en latín no consiguió memorizarlas, pero a ella le bastaba con responder el "ora pro nobis". 

Entonces empezó el martirio propiamente dicho: el testimonio bajo persecución por la fe.

La directora de la cárcel, Pilar Salmerón Martínez, supo que la joven gitana había aprendido a rezar el rosario y llamó a Emilia para que delatara a su catequista. A cambio le ofrecía un mejor trato, e incluso interceder por su libertad o intentar sacar a Juan de prisión. Probablemente, consideraba que la gitana era la menos integrada en el grupo o la más débil y presionable.

Emilia se negó a delatar a Lola, que ya había estado antes en celdas de aislamiento. Y la directora decidió castigar a la gitana embarazada con esas celdas terribles. Lola, que era vista como la cabecilla evidente y veterana de 3 años de prisión, también fue encerrada en esas celdas que ya conocía. 

Con encarnizamiento, la directora mantuvo a Emilia en la celda de castigo en el frío invierno y le recortó la comida. Aunque Emilia pidió al gobernador civil que la liberasen por su embarazo y su delicado estado, no hubo respuesta. 

El 13 de enero, a las dos de la madrugada, Emilia dio a luz en el suelo de la celda a una niña, ayudada por algunas reclusas. Su amiga Lola bautizó a la pequeña esa tarde: se llamó Ángeles. 

Madre e hija fueron llevadas al hospital, pero 4 días después ambas vuelven a la misma celda de castigo pese a sus hemorragias. Emilia empeoró. El 25 de enero una carroza de caballos la llevó moribunda al hospital donde murió. El certificado médico lo atribuye a una infección postparto sumada con una bronconeumonía. 

Para la Iglesia está claro: su caso es como el de otros mártires del siglo XX, por ejemplo en los campos nazis o comunistas, que mueren por el trato inhumano en prisiones a causa de su fe. En este caso está claro que si ella hubiera delatado a su catequista y hubiera renunciado a una vida cristiana visible habría sido premiada con mejores condiciones.