lunes, 21 de enero de 2019

Beata Leonella Sgorbati

La hermana Leonella Sgorbati, nació en Rezzanello (PC), Italia el 09 de diciembre de 1940. Entra en el Instituto de las Misioneras de la Consolata a la edad de 23 años. Después de la primera formación en Italia, como joven hermana se traslada a Inglaterra, donde se prepara como enfermera obstetra.

Terminados los estudios, su destinación misionera es Kenia. La hermana Leonella tiene un corazón grande y sensible a las necesidades de las gente, y un profundo amor a la familia religiosa y al carisma misionero.

En el año 2000 comienza a realizar un sueño: la preparación de enfermeras y parteras del lugar en el centro SOS de Mogadiscio, Somalia. La situación en Somalia es difícil: la guerra continúa y los grupos islámicos extremistas dificultan la ya complicada presencia de las hermanas que trabajan en único hospital que funciona, a cargo de la ONG "SOS niños".

A pesar de todo, año tras año, el primer grupo de estudiantes llega a la graduación, obteniendo un diploma reconocido internacionalmente, gracias a los esfuerzos de la hermana Leonella y, en el 2006 tiene lugar la primera ceremonia de entrega de diplomas. La noticia agitó las mentes de algunos fundamentalistas que pensaron que se trataba de una iniciación en la religión cristiana. En septiembre también llega a Somalia la noticia de los disturbios en el mundo musulmán por algunas palabras pronunciadas por el Papa Benedicto XVI en Ratisbona: en Mogadiscio todo parece tranquilo, pero el domingo, 17 de septiembre hacia el mediodía, mientras la hermana Leonella regresa a casa después de las clases en el hospital, fue atacada por siete disparos de armas de fuego: muere después de un corto tiempo, fueron inútiles los intentos realizados para salvarla. Sus últimas palabras fueron: "Perdono, perdono, perdono!"

El día 26 de mayo de 2018 fue beatificada en Piacenza, Italia.

Beata Irene Stefani

Mercedes Stefani nació en Anfo (Brescia), Italia. Con tan sólo veinte años de edad, ingresó en el Instituto de las Hermanas Misioneras de la Consolata de reciente fundación; era el año 1911. Recibió el nombre de Hermana Irene.

Después de la primera formación y la consagración religiosa, antes de que la Primera Guerra Mundial cerrara la posibilidad de viajar, partió para el Kenia, a finales del año 1914.

Durante el período bélico, fue enviada como enfermera de la Cruz Roja en los hospitales militares; terminada la guerra, la hermana Irene regresa entre la gente del pueblo kikuyu, y vive unos diez años en Gekondi, donde enseña en la escuela de la misión, asiste a los enfermos, acompaña a los moribundos, ayuda a los jóvenes en su formación, escribe cartas a la luz de la candil para la gente que todavía no sabe escribir. ¿Dónde encuentra todo este tiempo y energía para hacerlo? "Amaré la caridad más que a mí misma”...

La hermana Irene se dedica totalmente a su pueblo, y lo hace con un amor y una dulzura única, tanto que la gente le cambia el nombre llamándola: "Nyaatha", un nombre kikuyu que significa "La misericordia personificada".

En 1930 estalló una epidemia de peste, que también fue contraída por Julio, un joven y ambicioso maestro local que había ocasionado no pocos problemas a nuestra misionera. La hermana Irene lo asistió hasta el último aliento, contagiándose ella misma. En cuestión de días Nyaatha murió a los 39 años de edad el 31 de octubre 1930.

En el 2015 la hermana Irene fue beatificada en Nyeri, Kenia, el 23 de mayo.

Beato José Allamano

José Allamano nace en Castelnuovo d´Asti (Turín), el 21 de Enero de 1851, en el seno de una familia campesina. Fue el cuarto de los cinco hijos. A los tres años se quedó huérfano de padre. Además de la madre, tres personas tienen un papel fundamental en su formación: Su maestra, Benedetta Savio; su tío San José Cafasso; y su confesor San Juan Bosco.

El 20 de septiembre de 1873 es ordenado sacerdote. Tiene 22 años. Los seis primeros años de sacerdote los pasa de formador en el seminario, pero su mayor deseo es ir a una parroquia. En 1880 se le abren nuevos caminos... el arzobispo busca un rector para el Santuario de la Consolata, patrona de Turín y piensa en él. En 1882, junto a su amigo el p. Santiago Camisassa, comienza la recuperación del Santuario y del Convictorio eclesiástico, donde se formarán los jóvenes sacerdotes.

En 1900 cae gravemente enfermo, y gracias al empuje del Cardenal Richelmy y las oraciones a la Consolata se cura milagrosamente. Diez años antes Allamano había escrito una carta pidiendo la fundación de un instituto misionero, pero la autorización no llegó hasta el 29 de enero de 1901, justo un año después de su milagrosa curación. Parten los cuatro primeros misioneros para Kenia: P. Gays, Hno. L. Falda, P. F. Perlo, Hno. C. Lusso, quienes rondan los 20 años de edad.

La fundación de las Misioneras de la Consolata será nueve años más tarde, el 29 de enero de 1910. La audiencia con el Papa Pío X, en 1909, le ayudó a ver claramente la voluntad de Dios «...si no tienes vocación para fundar religiosas, te la doy yo». A mediados de 1913, sale ya el primer grupo de monjas para las misiones. Hoy día los dos institutos están formados por hombres y mujeres unidos por la misma vocación misionera, el mismo fundador, la misma madre -la Consolata- el mismo fin: la evangelización. Consagrados para la evangelización en la obediencia, castidad y pobreza para la formación de comunidades adultas, visita a las familias, diálogo, promoción humana, justicia y paz, comunión, que se resume en palabras del beato José Allamano: «primero santos, después misioneros».

Murió en Turín el 16 de de febrero de 1926 y fue beatificado en Roma por el Papa San Juan Pablo II el 7 de octubre de 1990.

domingo, 20 de enero de 2019

Venerable María de Sales Chappuis

Nació en Soyheres (Suiza) el 16 de Julio de 1793, es decir, en plena revolución francesa. Gracias a la entereza de un tío suyo que, desafiando el peligro la llevó a una población situada en la frontera de Suiza, el mismo día de su nacimiento recibió la gracia de la adopción divina. 

A la edad de cuatro años fue admitida a participar en el Sacrificio Eucarístico, que un tío sacerdote, a causa de la persecución, celebraba clandestinamente. Esta ceremonia, evocadora del tiempo de las catacumbas, impresionó tan vivamente a la niña, que dirá más tarde: “Comprendí que Dios se revelaba a mí y vi lo que era el sacrificio del Salvador; recibí la impresión de una luz que me ha quedado siempre”. 

A los doce años fue colocada como alumna en la Visitación de Friburg, donde pasó tres años. Sentía el llamamiento divino, y a los 18 años franqueó las puertas de la Visitación. Bien pronto el enemigo le dio tanto disgusto por las prácticas de la vida religiosa, que se decidió a regresar a su hogar, en donde, en vez del cariño de antaño, se encontró con que los suyos deploraban su inconstancia. 

Al cabo de tres años de dura lucha, comprendió definitivamente que Dios la quería Visitandina y regresó al Monasterio el 21 de Noviembre de 1814. Vistió el hábito de la orden el 4 de Junio del año siguiente y un año mas tarde hizo su profesión.

Desde el principio se mostró muy aficionada al Evangelio y a los escritos de los Santos Fundadores de la Visitación. La única ciencia que quería adquirir era la de llegar a ser verdadera hija de San Francisco de Sales. Después de haber cooperado en la restauraci6n del Monasterio de Metz y de haber desempeñado el cargo de Maestra de Novicias, Dios le abrió un campo de acción.

El Monasterio de Troyes, inficionado por el Jansenismo bajo la influencia de su Obispo, había llegado al extremo de que las hermanas no volvieran a acercarse a los Sacramentos, y estuvieron en entredicho por espacio de cuarenta años. 
Aunque una Superiora de Annecy, la Madre Manuela de Compeys trató de remediar tan triste situación, los efectos de la revolución aniquilaron su obra. Pasada la revolución, en 1822, unas pocas supervivientes, habían restablecido el Monasterio, pero conscientes de su insuficiencia, pidieron al Monasterio de Fribourg una Superiora. 

Para una tarea tan difícil fue designada la hermana María de Sales Chappuis, que sólo contaba treinta y tres años, pero de quien su Superiora aseguraba que sabía leer en el corazón de Dios. Llegó a Troyes el l° de Junio de 1826. 
Desde el primer momento las hermanas admiraron su fidelidad en la práctica de todas las virtudes salesianas. Había llegado a sujetarse de tal modo a la Regla que todas podían ver en ella el modelo de una perfecta Visitandina y afirmaban que tenía tantos semblantes cuantos eran los ejercicios señalados por las Constituciones y el Directorio. 

Apoyada en Dios triunfaba de todas las dificultades y en poco tiempo aquel Monasterio donde había reinado la rebelión se convirtió en un asilo de almas humildes, pequeñas que se aproximaban a Dios porque habían encontrado el camino de su Corazón. En la casa se respiraba un ambiente sobrenatural y eran frecuentes los prodigios, aun en el terreno de las cosas materiales, durante los largos años de gobierno de la Madre María de Sales, tiene una influencia muy fuerte en los Monasterios de Francia; por inspiración sobrenatural funda con el Padre Louis Brisson, la Congregación de los Oblatos y Oblatas de San Francisco de Sales. En Troyes, es conocida como: “LA BUENA MADRE”.

La Madre María de Sales entrega su alma al creador el 7 de octubre de 1875. Su causa de beatificación se encuentra en proceso.

Beato Luis Brisson

Luis Brissón nació en Plancy-Francia el 23 de Junio de 1817. Fue hijo único, con una sólida formación cristiana. A los 5 años se presentó en la fábrica de su pueblo para exhortar a los obreros a asistir a la Misión que se daba en la Parroquia y aquellos que quedaron impresionados con sus palabras, acudieron. Recibió la Primera Comunión a los 11 años.

Entró al Seminario Menor de Troyes al haber terminado la primaria. Culminó sus estudios en el Seminario Mayor del que más tarde fue un profesor muy apreciado. Se ordenó como sacerdote el 19 de Diciembre de 1840 y poco después fue nombrado Capellán de la Visitación de Troyes, desempeñando dicha función por más de 49 años. Su vida estuvo basada en la espiritualidad de San Francisco de Sales, al igual que sus métodos en lo que correspondía a la orientación espiritual en general y de la educación de la juventud en particular.

Era un hombre de porte noble y digno, de paciencia inalterable, con una fina expresión de paz y bondad; por ello León XIII lo llamó el “hombre de paz”.

Inició sus primeras obras sociales en Francia en el año de 1858: “Las Obras Obreras”, la administración inicialmente se encargó a obreros, pero era preciso contar con mujeres que se entregaran totalmente de corazón; la idea no le entusiasmó mucho a Luis Brissón quien pidió varias pruebas para que poder ceder, siendo la última de estas, la aparición de Nuestro Señor al joven sacerdote. Después de ello fundó dos congregaciones: Los Padres Oblatos y las hermanas Oblatas de San Francisco de Sales.

La misión toma fuerza a través de Santa Leonie Aviat, que se convirtió en la fundadora junto al Padre Brissón de la Congregación de las hermanas Oblatas de San Francisco de Sales. El padre Brisson intensificó su vida de oración y su confianza en Dios. Cuando se llevó a cabo la persecución religiosa de 1903 a 1904; debido a su avanzada edad no fue exiliado, pero es obligado a reunirse en Plancy para albergar a las obreras que llegaban desde lejos en pos de amparo.

El 2 de Febrero de 1908 falleció, sin embargo su carisma, enseñanzas y ejemplo sobreviven con vitalidad.

Fue un perfecto discípulo de San Francisco de Sales y es considerado Misionero por excelencia; nuestra Institución “Stella Maris” de las Oblatas de San Francisco de Sales, sigue los pasos de su fundador creando a jóvenes virtuosos y con alta visión, de esta manera el espíritu del Padre Luis Brisson seguirá vivo dentro de cada uno de nosotros, buscando la forma de llevarnos siempre por los caminos de la excelencia con su ejemplo.

Fue beatificado el 22 de septiembre de 2012, durante el pontificado del Papa Benedicto XVI.

Santa Leonia Francisca de Sales Aviat

Nació en Sézanne (Francia), departamento del Marne, el 16 de septiembre de 1844. Fue bautizada al día siguiente de su nacimiento con el nombre de Leonia. Frecuentó las primeras clases elementales en su pueblo natal; después, sus padres la llevaron al monasterio de la Visitación de Troyes pues, aunque practicaban poco, eran honrados comerciantes que deseaban para su hija una buena educación cristiana.

Su vida estuvo marcada por tres etapas fundamentales: el período de formación en el monasterio de la Visitación de Troyes, capital de Champagne; el encuentro con el p. Louis Brisson, futuro fundador de los Oblatos de San Francisco de Sales; y la aplicación de las leyes subversivas contra los institutos religiosos en Francia a finales de siglo.

Leonia permaneció en el monasterio de la Visitación hasta la edad de 16 años. Ya entonces manifestó a la superiora su deseo de hacerse religiosa, pero ella le respondió: "Aquello para lo que Dios te tiene destinada no está aún preparado; déjale actuar y haz siempre la voluntad divina".
Cuando salió del monasterio, su padre había dispuesto para ella un matrimonio con un rico y distinguido señor del lugar, pero Leonia pensaba ya en la vocación religiosa y no quiso acceder a los deseos de su padre. A la edad de 21 años, en 1865, visitó un establecimiento industrial de Sézanne y surgió en ella el deseo de atender a las obreras. Entretanto, el p. Louis Brisson, que había sido capellán de la Visitación cuando ella estaba interna allí, dado su incansable celo por la protección y la formación religiosa de las jóvenes obreras que venían de los campos y estaban expuestas a los peligros más graves, había fundado en el año 1858 las "Obras para las trabajadoras jóvenes", poniéndolas bajo la protección de san Francisco de Sales: proporcionaban a las jóvenes locales seguros, comida y la asistencia de almas buenas y generosas, pero les hacía falta también la formación humana y la educación religiosa.

En 1866 Leonia pidió regresar a la Visitación para pedir luz al Señor, antes de tomar una decisión definitiva sobre su vocación. Entonces conoció la obra de asistencia a las jóvenes que había comenzado el p. Brisson, el cual estaba pensando en fundar una congregación de religiosas. Compartió inmediatamente el proyecto del padre. El 30 de octubre de 1868 Leonia vistió el hábito religioso, junto con otra antigua compañera del internado, y tomó el nombre de Francisca de Sales.

El 11 de octubre de 1871 emitió los votos religiosos, junto con su primera compañera, iniciando así la congregación de Oblatas de San Francisco de Sales. Otras jóvenes se unieron a ellas, pero la ocupación alemana de 1870 retardó su profesión religiosa. Se multiplicaron los patronatos y casas-familia; las jóvenes recibían, junto con la formación religiosa, la educación práctica que las preparaba para su vida futura de madres de familia. La madre Francisca de Sales, que fue la primera superiora general, se hizo obrera entre las obreras; les ayudó a disfrutar del trabajo bien realizado, aunque la ganancia fuera mínima; las jóvenes trabajadoras comprendían la dignidad del trabajo, como algo que viene de Dios e instrumento de caridad, porque permite ayudar a las compañeras que están necesitadas. De ahí nació una competición de solidaridad humana.

Después de haber consolidado las obras en Troyes, fue a París y organizó allí un internado para jóvenes de posición social acomodada. Obtuvo con la alta sociedad parisina el mismo éxito que había tenido con las obreras. Ocho años más tarde regresó a Troyes, donde estuvo otros 15 años, cuatro de ellos como una religiosa más, y en los que tuvo que soportar la hostilidad de algunos miembros de su comunidad. En 1893 fue elegida nuevamente superiora general, cargo que ejerció hasta su muerte. Envió religiosas a las misiones de Sudáfrica y de Ecuador. El instituto se extendió también por Suiza, Austria, Inglaterra e Italia. En 1903 entraron en vigor en Francia las leyes subversivas, que decretaron la expropiación de los bienes de las congregaciones religiosas: se cerraron 23 casas bien organizadas y 6 de apoyo a los padres oblatos. La madre Francisca de Sales y su consejo se refugiaron en Italia y desde allí perfeccionaron la organización de la congregación y sostuvieron a las religiosas con cartas y visitas.

Su última gran prueba fue la muerte del p. Brisson, acaecida en su pueblo natal de Plancy el 2 de febrero de 1908. En sus últimos seis años de vida veló celosamente por la redacción definitiva de las Constituciones, que fueron aprobadas por el Papa Pío X en 1911. Falleció a la edad de 69 años, en Perusa (Italia), el 10 de enero de 1914.

San  Juan Pablo II la beatificó el 27 de septiembre de 1992. Fue canonizada el 25 de noviembre de 2001.

sábado, 19 de enero de 2019

Santa Paula Isabel Cerioli

Paola Elisabetta Cerioli, nació en Soncino (Cremona, Italia), el 28 de enero de 1816. Sus padres fueron el noble Francisco Cerioli y la Condesa Francisca Corniani, ricos terratenientes, y aún más ricos por la vida cristiana que testimoniaban en la familia y en la sociedad.

Recién nacida fue bautizada en su misma casa, pues corría riesgo de muerte. Superada la fase crítica, el día 2 de febrero se completó en la Iglesia el rito de su Bautismo.

Desde temprana edad tuvo que lidiar con el sufrimiento físico y espiritual pues su cuerpo frágil sufría también viendo la miseria, muy presente en la época entre las personas del campo, hacia las cuales su madre supo despertar especial atención y cariño.

Llegado el tiempo de su formación cultural y moral, fue enviada al Monasterio de las Hermanas de la Visitación en Alzano Maggiore (Bérgamo - Italia), como era costumbre en la época para las familias nobles. Allí habían sido enviada también para su hermana y se encontraba la tía, la hermana Giovanna.

Vivió en aquel colegio hasta los 16 años. Después de vuelta a casa, la voluntad de los padres, en la cual ella siempre reconoce la voluntad de Dios, la llevó con 19 años, al matrimonio con Gaetano Busecchi, de 58 años, heredero de los Condes Tassis de Comonte de Sériate.

El difícil matrimonio la hizo una esposa dócil y cuidadosa. Tuvo la alegría de engendrar cuatro hijos, de los cuales tres murieron recién nacidos; y otro, Carlos, murió con 16 años. Pocos meses después murió también el marido, dejándola sola y heredera de un gran patrimonio.

La pérdida del último hijo y del marido fueron para ella una experiencia dramática. Cayó en un estado de gran aflicción. Gracias a la ayuda de los Obispos de Bérgamo, Mons. Luis Esperanza y Mons. Alexandre Valsecchi, que la acompañaron espiritualmente, tuvo la fuerza de sostenerse en la fe. Se unió con el misterio de la Madre de los Dolores y se abrió, a través de una profunda vida de fe y de caridad activa, al valor de la maternidad espiritual, preparándose de esta forma para una donación total de sí a Dios en el servicio de los pequeños y más pobres.

Así, pocos meses después de haber quedado viuda, se hizo religiosa y abrió su palacio para acoger y atender en educación, alimentación y formación espiritual a las niñas abandonadas del campo. En 1857, junto con seis compañeras más, funda el Instituto de las Hermanas de la Sagrada Familia.

Habiendo enfrentado muchas dificultades, el día 4 de noviembre de 1863, realiza su más profundo anhelo: abre la primera casa para la acogida y la educación de los pobres hijos del campo, donando para ese fin su propiedad de Villacampagna (Cremona, Italia): el primer y fiel colaborador era el Hermano Juan Capponi, natural de Leffe (Bérgamo - Itália).

De esta forma, Paola Elizabetta Cerioli se convirtió en la fundadora de los Institutos de las Hermanas de la Sagrada Familia para el socorro material y la educación moral y religiosa de la clase campesina, en aquella época, la más excluida y pobre.

Escogió a la Sagrada Familia como modelo, queriendo que sus comunidades aprendiesen de ella como ser familias cristianas acogedoras, unidas en el amor actual, en la fraternidad serena, en la fe fuerte simple y confiada.

Feliz por haberse consagrado a sus amados pobres, el 24 de diciembre de 1865 murió dejando a los cuidados de la Providencia el Instituto femenino ya bien encaminado y la semilla del Instituto masculino.

Fue beatificada en 1994 y canonizada por el Papa Juan Pablo II el 16 de mayo de 2004 (VI Domingo de Pascua).