miércoles, 16 de enero de 2019

Beatos Mártires Riojanos

Los cuatro mártires riojanos fueron asesinados en el año 1976 en la provincia de La Rioja, Argentina, durante el gobierno de la dictadura militar.

-Monseñor Enrique Angelelli, obispo: nació el 17 de julio de 1923 en Córdoba. Fue ordenado sacerdote el 9 de octubre de 1949. A los 38 años, a fines de 1960, fue designado obispo auxiliar de Córdoba. En agosto de 1968 se hizo cargo del obispado de La Rioja. Hizo explícita su opción por los pobres e impulsó una pastoral siguiendo los documentos del Episcopado latinoamericano (Medellín) y argentino (San Miguel-1969). Identificarse con la realidad de los empobrecidos de La Rioja le provocó conflictos con los poderosos. Hubo persecución. El 4 de agosto de 1976 fue asesinado en La Rioja, acto que fue simulado como un accidente de tránsito.

-Padre Gabriel Longueville: nació en Francia en 1931 y fue ordenado sacerdote en 1957. Se formó en el Comité Episcopal francés para América Latina. En 1971 viajó a La Rioja y el Obispo Angelelli lo destinó al Departamento de Chamical, donde llegó a ser párroco. Quienes lo conocieron, lo recuerdan como un hombre apacible, sensible al dolor del prójimo, sencillo y callado. Pertenecía al Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo. El 18 de julio de 1976, unas personas que dijeron pertenecer a la policía federal se lo llevaron junto a su vicario, el padre Murias, «a declarar a La Rioja». A la mañana siguiente aparecieron sus cadáveres con evidentes signos de tortura.

-Padre Carlos de Dios Murias Grosso, religioso franciscano conventual: nació en San Carlos Minas, provincia de Córdoba, el 10 de octubre de 1945. Se formó como religioso franciscano en Buenos Aires, y en 1975 fue enviado a La Rioja, donde fue nombrado vicario de la parroquia del Chamical. Pertenecía al Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo. Fue asesinado el 18 de julio de 1976 junto al párroco, padre Gabriel Longueville.

-Wenceslao Pedernera: Nació el 28 de septiembre de 1936 en el distrito La Calera, Departamento Belgrano, Provincia de San Luis, Argentina. Contrajo matrimonio el 26 de marzo de 1962, en Mendoza, y tuvo 3 hijas. En 1968 fue nombrado en la coordinación del Movimiento Rural de la Acción Católica Argentina para la Región Cuyo. En 1974 junto a su familia se mudó a Sañogasta, La Rioja, y allí continuó trabajando en el Movimiento Rural de la Acción Católica. Siendo la madrugada del 25 de Julio de 1976, a las 2.45 horas, golpearon la puerta de su casa. Wenceslao abrió la puerta y cuatro hombres encapuchados descargaron sus armas en él, frente a su esposa e hijas. Murió ese mismo día a las 12:20 hs.

Los mártires riojanos van a ser beatificados el 27 de abril de 2019 en La Rioja.

Beata María Concepción Cabrera de Armida

Concepción Cabrera de Armida, nació el 8 de diciembre de 1862, en la ciudad mexicana de San Luis Potosí. Hija de los Sres. Octaviano Cabrera Lacavex y Clara Arias Rivera, ricos hacendados con un profundo espíritu cristiano. Desde niña, salvo una o dos ocasiones, fue educada en su casa, siguiendo la tradición de aquellos años del siglo XIX. Conchita, como era llamada cariñosamente por sus familiares y amigos, era feliz jugando en las haciendas de sus papás, en medio del campo y de los riachuelos. Le gustaba la música y andar a caballo, siendo una de las pocas que podían montar a los menos domesticados. Creció muy unida a Jesús Eucaristía, con quien sentía una confianza especial. Solía tumbarse en el suelo, mientras contemplaba la huella de Dios en el cielo.

Acostumbrada a las joyas y a los bailes, sentía que algo le faltaba. No porque lo demás fuera algo malo, sino porque quería dar nuevos pasos en su vida. En una de las fiestas que se organizaban en la Lonja, conoció a quien sería el amor de su vida, es decir, a Francisco Armida García, un joven de Monterrey. De los muchos pretendientes que tuvo Conchita, ella se enamoró de Pancho, con quien contrajo matrimonio, después de varios años de noviazgo, el 8 de noviembre de 1884. De aquella unión nacieron 9 hijos, a quienes les dedicó su vida con alegría y especial atención.

A partir del año de 1894, se fue clarificando el papel que tendría como inspiradora y fundadora de las cinco Obras de la Cruz. Lo anterior, en medio de sus labores, como esposa y madre de familia, llena de compromisos y visitas. Un hecho que marcó su itinerario espiritual, fue la visión que tuvo de la Cruz del Apostolado, mientras oraba en el Templo de la Compañía de Jesús en San Luis Potosí. Poco a poco, el Señor fue llamándola, hasta conquistar su interior, compartiéndole sus mismos sentimientos. Desde luego, tuvo que enfrentarse a la incomprensión, pues no todos entendían, cómo era posible que una mujer casada, fuera mística y fundadora, sin embargo, los prejuicios de su tiempo, resultaron insuficientes para detenerla en el cumplimiento de su misión, la cual, a su vez, había sido confirmada por sus directores espirituales.

Conchita Cabrera, tras la muerte de su esposo, acaecida el 17 de septiembre de 1901, lejos de quedarse hundida en la depresión, sacó adelante a sus hijos, haciendo todo lo que estaba en sus manos, para poder superar los efectos de la crisis económica en la que se encontraban. Aprendió a confiar en Dios, dejándose hacer y deshacer por el Espíritu Santo, siguiendo el ejemplo de la Santísima Virgen María. Nunca se dejó vencer por el miedo o el desaliento.

Habiendo fundado el Apostolado de la Cruz (1894), las Religiosas de la Cruz del Sagrado Corazón de Jesús (1897), la Alianza de Amor con el Sagrado Corazón de Jesús (1909) y la Fraternidad de Cristo Sacerdote (1912), tras conocer al Venerable Siervo de Dios P. Félix Rougier Olanier, emprende la difícil tarea de dar origen a la Congregación de los Misioneros del Espíritu Santo (1914) en plena persecución religiosa en México. Una vez fundadas las cinco Obras de la Cruz, Conchita siguió adelante en medio de sus asuntos familiares, jugándosela por la extensión del reinado del Espíritu Santo. En más de una ocasión, por orden de la Santa Sede, fue examinada por importantes teólogos, cuya valoración fue siempre positiva.

Ante la falta de libertad religiosa en la República Mexicana, sobre todo, durante el gobierno del Presidente Plutarco Elías Calles, abrió las puertas de su casa para refugiar a varios sacerdotes que estaban siendo injustamente perseguidos. Entre ellos, destaca Mons. Ramón Ibarra y González, primer Arzobispo de Puebla, quien, a su vez, era el gran amigo y protector de las Obras de la Cruz. Conchita no se dejó amedrentar por la situación, sino que fue una mujer optimista, llegando a escribir diversos libros sobre la vida espiritual.

Adelantándose al Concilio Vaticano II, demostró que los laicos tenían un lugar importante en la vida de la Iglesia, a partir de la vivencia del sacerdocio bautismal. Murió el 3 de marzo de 1937 en la Ciudad de México. El lema que marcó su vida y misión apostólica fue: “Jesús, salvador de los hombres, ¡sálvalos!”. “Mamá sonreía siempre”, fue la declaración que rindió uno de sus hijos al abrirse su Causa de Canonización. En el año de 1999 fue declarada “Venerable” por su S.S. Juan Pablo II.

El 8 de junio de 2018 el Papa Francisco autorizó promulgar el Decreto del milagro atribuido a la intercesión de la Venerable Sierva de Dios María de la Concepción Cabrera de Armida Arias, será beatificada el 04 de mayo de 2019.

Beato José López Piteira

Fray José López Piteira nació en Arroyo Blanco, Camagüey, Cuba, el 2 de febrero de 1912, de padres inmigrantes españoles. Según algunos registros históricos su familia regresó a España cuando el pequeño José tenía cuatro o cinco años de edad.

Se mudó a Partorvia, en la provincia de Orense, Galicia, España. En este país se hizo fraile agustino. En su preparación hacia el sacerdocio estudió filosofía en Leganés, y teología en el Monasterio del Escorial. Hizo su profesión solemne en 1934, y fue ordenado diácono el 8 de septiembre de 1935, el mismo día en que Cuba celebra a su Patrona, la Virgen de la Caridad del Cobre.

Según sus biógrafos era rubio y bien parecido, de estatura media, con buena capacidad para los estudios, carácter bondadoso y entusiasta, aficionado a la música, manifestó una vocación muy decidida desde el primer momento, a la que correspondió con una vida de piedad muy intensa.

El P. González Velasco, uno de sus biógrafos, escribió: "Se debe constatar que el joven José López Piteira siempre se sintió orgulloso de haber nacido en Cuba y de ser ciudadano cubano".

La revista Palabra Cubana ha recogido los acontecimientos de su martirio. "Estando estudiando en el Monasterio del Escorial, el 6 de agosto de 1936 fue detenido con su comunidad Agustina de ese monasterio y encarcelado en la prisión de San Antón de Madrid. Cuando le dijeron que podía hacer valer la circunstancia de haber nacido en Cuba para conseguir la libertad, contestó: ‘Están aquí todos ustedes que han sido mis educadores y maestros y mis superiores, ¿qué voy a hacer yo en la ciudad? Prefiero seguir la suerte de todos, y sea lo que Dios quiera’".

"El 30 de noviembre de 1936, Fray José López Piteira fue martirizado en Paracuellos de Jarama junto con otros 50 religiosos agustinos. En el momento del martirio tenía 23 años", informa la revista.

Fray José López Piteira fue beatificado el 28 Octubre de 2007 junto a 497 mártires.

Beato Jesús Anibal Gómez

Nació en Tarso, Antioquia (Colombia) el 13 de junio de 1914. Desde muy pequeño descubrió su vocación al servicio. Sus primeros años fueron enardecidos por el fuego de la fe que lo llevó a ingresar al seminario de los claretianos a los 11 años. Creció con la certeza de su vocación al sacerdocio. Desde niño quiso servir a Cristo, siendo misionero. A los 16 años, profesó como religioso en la congregación de los misioneros claretianos.

En 1935, con el deseo de continuar su formación teológica para ser ordenado prontamente sacerdote, viajó a Madrid, España. Cuenta el P. Orlando Hoyos, promotor de su causa, que estando en España, muchos le preguntaban si había venido desde muy lejos sólo para hacerse sacerdote y él respondía con alegría y satisfacción: ¡A mucho honor!.

Jesús Aníbal Gómez Gómez, se preparaba junto a otros 13 compañeros misioneros para recibir el orden sacerdotal. Estando en Ciudad Real, fue como muchos otros religiosos perseguidos a causa de su fe.

Este joven colombiano, junto con sus 13 compañeros españoles por orden de su superior, salió de su casa, con intención de regresar a Madrid para continuar su formación y “salvar” su vida. Habían conseguido los respectivos salvoconductos pero, estando ya empezando el viaje, unos soldados los reconocieron y gritaron: ¡Son frailes, no los dejen subir! ¡Matadlos!

Estos jóvenes sabiendo de su futuro próximo, sin temor empezaron a gritar ¡Viva Cristo Rey!¡Viva España!¡Viva el Corazón de María!, siendo estas sus últimas palabras fueron fusilados y frente a la frialdad de sus asesinos quedaron sus cuerpos tirados mientras el tren continuaba su recorrido.

Estos 14 jóvenes junto con otros miles de mártires no titubearon en renunciar a su vida por la fe. Su amor profundo por Cristo y su Iglesia les permitió darlo todo y con firmeza profesar su ser católicos. Bien dijo el cardenal Amato: “Estos hermanos nuestros no eran combatientes, no tenían armas, no se encontraban en el frente, no apoyaban a ningún partido, no eran provocadores. Eran hombres y mujeres pacíficos. Fueron matados por odio a la fe, sólo porque eran católicos.”

Jesús Aníbal Gómez, murió a los 22 años de edad. No alcanzó ser ordenado sacerdote para glorificar a Cristo a través del ministerio; pero pudo glorificarlo a lo largo de vida y muerte heroica. Encarnó con certeza aquello que le decía a su Señor: “Glorifícate en mí por la vida o por la muerte”. 

Beatificado el 13 de octubre de 2013.

Beatas Dolores y Consuelo Aguiar-Mella Díaz

Dolores Manuela Cirila Aguiar-Mella Díaz nació en Montevideo el 29 de marzo de 1897 en una casa de Camino Suárez (hoy Av. Suárez 3062). Un año más tarde, en la misma fecha, nació su hermana, Consuelo Trinidad. El padre, Santiago Aguiar Mella, era un abogado español, asesor y amigo del emprendedor Emilio Reus. Su madre, María Consolación, pertenecía a la acaudalada familia montevideana Díaz Zaballa.

Sin embargo, llegó la crisis económica de fines del siglo XIX, que en Uruguay se manifestó en penuria social, cierre de bancos, revoluciones en el interior del país y la decadencia del gobierno del dictador Máximo Santos. Así, la familia (padre, madre y seis hijos) marchó a España en 1899: Dolores tenía dos años y Consuelo, uno.

Se establecieron en Madrid, de donde era su padre y allí abrió su despacho de abogado. Cuando su madre murió de tuberculosis, en 1907, Dolores y Consuelo Aguiar-Mella fueron internadas en el colegio de las escolapias de Carabanchel (Madrid), donde estudiaron Magisterio superior. 

Dolores quiso ser monja, pero una afección renal le impidió ingresar en el noviciado. Con todo, hizo voto de castidad y se fue a vivir con las escolapias luego de la muerte de su padre, en 1929. Ingresó como oficinista en el Ministerio de Hacienda en la sección Deudas.

Por su parte, Consuelo vivió una temporada en Toledo pues consiguió un puesto en las Oficinas del Catastro. Luego regresó a Madrid. Según podemos leer en su biografía, relatado por su hermana Trinidad, “a Consuelo le gustaba arreglarse, ir bien vestida y a la moda, llevar joyas, usar perfumes, asistir a cines, teatro, conciertos, pero observando siempre los preceptos cristianos”. Cuando estalla la guerra Consuelo tenía novio. El joven fue fusilado tres días antes que ella, sin que ésta lo supiera.


El 18 de julio de 1936 estalló en España la Guerra Civil, con la sublevación del Ejército contra el gobierno de la República. La guerra duró hasta 1939. Ambos bandos se enfrentaron con saña, cometiendo muchas atrocidades. En la zona republicana, hubo numerosos episodios de persecución a la Iglesia y a los católicos de parte de diferentes grupos extremistas de izquierda.

A raíz de estos sucesos, habiendo sufrido varias amenazas, ocho religiosas escolapias abandonaron el colegio de Carabanchel y se instalaron en un apartamento en Madrid, a una cuadra de la Puerta del Sol. Dolores Aguiar vivía con ellas. Consuelo, por su parte, vivió con las familias de dos hermanos casados, preocupada siempre por las amenazas que rodeaban a su hermana.

El 19 de septiembre de 1936 Dolores salió a llevar leche a otra comunidad de escolapias. Al regresar fue interceptada por cinco milicianos que la detuvieron, a pesar de que usaba brazalete diplomático. Su hermano, Teófilo Aguiar- Mella, era vicecónsul de Uruguay en Madrid. Las religiosas presenciaron lo ocurrida y avisaron a Teófilo y a Consuelo. El vicecónsul salió a hacer indagaciones y Consuelo se dirigió al apartamento con las religiosas. Al mediodía, se presentó un miliciano con un papel escrito por Dolores, en el que pedía que fuera María de la Yglesia, superiora de las Escolapias, acompañada de otra persona, para declarar. La religiosa aceptó y Consuelo la siguió, pensando que estaba protegida por el pasaporte uruguayo y el brazalete diplomático. Ambas desaparecieron. Al día siguiente los tres cuerpos, con el rostro desfigurado, fueron encontrados en la morgue del depósito municipal. Las hermanas Aguiar-Mella fueron reconocidas por los vestidos y el brazalete.

El gobierno uruguayo reaccionó de manera enérgica ante estos asesinatos y rompió relaciones diplomáticas con la República Española. El caso fue presentado ante la Liga de Naciones, antecesora de la Organización de las Naciones Unidas. El gobierno español especuló con un error de prensa y anunció una urgente investigación policial. Ante nuevas amenazas a ciudadanos uruguayos, tanto desde filas republicanas como nacionalistas, el gobierno de Gabriel Terra financió el retorno de los uruguayos que desearan hacerlo. La familia Aguiar-Mella regresó a Uruguay, a excepción de Trinidad, la hermana menor de Dolores y Consuelo.

Las hermanas Dolores y Consuelo eran laicas cristianas piadosas y firmes en su fe. Su sobrina Consuelo Fernández recuerda a Dolores, que la preparó para la primera comunión. "Un día - cuenta - salimos con mi tía Dolores y los rojos nos escupieron e insultaron. Y ella les gritaba: “¡Viva Cristo Rey, viva Cristo Rey!”. Cuando volvimos, le conté a mi padre y él me prohibió andar con Dolores. A ella le dijo que se sacara el crucifijo, que era una provocación. Pero mi tía se negaba: “Yo nunca voy a renunciar a mi fe”, le contestó. Ella nunca cedió, se murió con la cruz en el pecho".

El domingo 11 de marzo de 2001, el Papa Juan Pablo II beatificó, en la plaza de San Pedro, al sacerdote José Aparicio Sanz y doscientos treinta y dos compañeros martirizados en España entre 1936 y 1939: sacerdotes diocesanos, religiosos, religiosas, laicos casados y solteros de todas las profesiones; miembros de la Acción Católica y de otros movimientos eclesiales. Entre estos primeros beatos del tercer milenio, se cuentan las Beatas mártires Dolores y Consuelo Aguiar-Mella Díaz.

Beatos Mártires Colombianos Hospitalarios

Los Beatos Mártires Hospitalarios. Estos siete jóvenes se encontraban durante el verano de 1936 en España compartiendo su formación y su experiencia hospitalaria. Ante la inseguridad reinante en España durante de la guerra civil, los superiores decidieron enviarlos de regreso al país. Mientras viajaban por tren desde Madrid a Barcelona, fueron interceptados por milicianos. El cónsul colombiano, que los esperaba, al no encontrarlos en la terminal los buscó en la prisión donde le habían dicho que fuera. Cuando al día siguiente se presentó de mañana en la prisión para recogerlos, ya no estaban en la cárcel, sino que habían sido muertos en la madrugada del 9 de agosto de 1936. El portero del comité popular en dónde se encontraba la cárcel, contó admirado el extraordinario comportamiento de estos Hermanos durante sus horas de prisión, que, con mucha calma y confianza en Dios, rezaron sus oraciones y confortaron a otros encarcelados antes de su martirio. Estos jóvenes supieron permanecer fieles a la fe y a su vocación de hospitalarios, dando testimonio de ello con su muerte. El 25 de octubre de 1992 S. S Juan Pablo II los beatificó junto con otros 63 Hermanos Hospitalarios de San Juan de Dios, además de 50 Misioneros Hijos del Corazón de María.


Los Mártires Hospitalarios colombianos son los siguientes:


- Beato Esteban (Gabriel) Maya Gutiérrez (Pácora, Caldas) 19 marzo 1907 - 9 agosto 1936 (29 años)

- Beato Rubén de Jesús López Aguilar (Concepción, Antioquia) 12 abril de 1908 – 9 agosto 1936 (28 años)

- Beato Arturo (Luis) Ayala Niño (Paipa, Boyacá) 7 abril de 1909 - 9 agosto 1936 (27 años)

- Beato Juan Bautista (José) Velásquez Peláez (Jardín, Antioquia) 9 julio de 1909 - 9 agosto 1936 (27 años)

- Beato Melquíades (Ramón) Ramírez Zuloaga (Sonsón, Antioquia) 13 febrero de 1909 - 9 agosto 1936 (27 años)

- Beato Gaspar (Luis Modesto) Páez Perdomo (La Unión, Huila) 15 junio de 1913 - 9 agosto 1936 (23 años)

- Beato Eugenio (Alfonso Antonio) Ramírez Salazar (La Ceja, Antioquia) 2 septiembre 1913 - 9 agosto 1936 (22 años)

Venerable José Gregorio Hernández

Nació el 26 de Octubre de 1864 en el pueblecito de Isnotú, estado de Trujillo, Venezuela. Crece en aquel ambiente sencillo de campesinos. Sus padres, Benigno Hernández y Josefa Antonia Cisneros, son propietarios de la tienda del pueblo. Gregorio es el mayor de seis hermanos. Su madre, mujer muy piadosa, muere teniendo el solo ocho años.

Mucho le debemos a la atención de Don Pedro Celestino Sánchez, primer maestro del pequeño Gregorio en Isnotú, quien supo descubrir las habilidades del niño y recomendó a su Padre que lo enviase a estudiar a Caracas. Allí estudió medicina con tal éxito que el Presidente de la República lo envió a la Universidad de París, a la Facultad de Medicina, para que desarrolle estudios en Microscopia, Histología Normal, Patología y Fisiología Experimental. 


De regreso a su patria, cumplió con creces lo cometido: traer las piezas necesarias para un Gabinete Fisiológico y enseñar en la Universidad Central la especialidades científicas que él cursó. Ejerció su carrera con mucho éxito. Fue Profesor de medicina en la Universidad Central en Caracas. 


Habiendo cumplido con sus compromisos y también con su familia, a la cual se trajo a vivir en Caracas y la ayudó a encaminarse, Don José Gregorio quiso llevar a cabo su vocación religiosa. Se embarcó rumbo a Italia con la intención de ser monje de clausura y así dedicarse solo a Dios en la oración. En 1908 entró en la Cartuja de Farneta tomando el nombre de "Hermano Marcelo". Pero nueve meses después de su ingreso, se enferma de tal manera que el Padre Superior ordena regresar a Venezuela para recuperarse. Dios tenía otros planes para su siervo. José Gregorio por su parte nunca cedió en su amor por la Iglesia y la vida religiosa. Decía que el sacerdocio es "lo más grande que existe en la tierra". 


Llega a Caracas en abril de 1909 y ese mismo mes recibe permiso para ingresar en el seminario "Santa Rosa de Lima". Pero su corazón sigue anhelando la vida radical del monasterio. Pasados tres años, se decide intentar de nuevo. Esta vez se embarca para Roma con su hermana Isolina. Ingresó en los cursos de Teología en el colegio Pío Latino Americano pensando así prepararse para el monasterio. Pero una vez mas sus planes se vieron frustrados por la enfermedad: una afección pulmonar que le forzó retornar a Venezuela. 


José Gregorio ya no intenta más la vida religiosa. Comprende que Dios lo llama a la vida seglar. Será un seglar católico ejemplar sirviendo a Dios en sus hermanos desde su vocación de médico, pues así también se puede y se debe ser santo. Continuó ejerciendo como médico ejemplar. Dedicaba 2 horas diarias a servir a los pobres. Un día, mientras cruzaba la calle para comprar medicinas para una anciana muy pobre, fue atropellado por un vehículo. Una testigo declaró que Don José Gregorio, al ver que le venía el carro, exclamó: "¡Virgen Santísima!". Fue llevado en carrera al hospital donde un sacerdote alcanzó impartirle la Unción de los Enfermos antes de que muriera. Caracas se conmovió y muchos decían: "ha muerto un santo". Fueron tantos los que asistieron a su velatorio que tuvieron que intervenir las autoridades civiles para organizar el desfile incesante. 

Venerado sobre todo en su patria. Son muchos los que peregrinan a su pueblo natal para rezarle y ofrecer ex-votos. Fue declarado Venerable, por San Juan Pablo II el 16 de enero de 1986.



ORACIÓN
Para pedir por la pronta Beatificación del Doctor José Gregorio Hernández

Oh, Dios misericordioso,
Que te has dignado escoger al Venerable Dr. José Gregorio Hernández
Para que, movido por tu gracia,
Practicara desde niño las más heroicas virtudes,
En especial una Fe ardiente,
una Pureza angelical
Y una Caridad encendida,
Siendo ésta la escala por la cual su alma voló a tu divino encuentro
Cuando recibiste el holocausto de su vida,
Concédenos que brille pronto sobre su frente la aureola de los santos,
sí es para tu mayor gloria y de la Santa Iglesia,
Así sea.