martes, 21 de marzo de 2017

Beata Ascensión Nicol y Goñi

Nació en Tafalla (Navarra, España), el 14 de marzo de 1868, última hija del matrimonio de Juan Nicol y Águeda Goñi. Su padre era comerciante de calzado y aperos de labranza. Fue bautizada y se le impuso el nombre de Florentina, por la memoria de la santa que se celebra en esa fecha. Recibió la educación propia de las niñas de su estrato social, y luego fue a Huesca, al centro que las religiosas Dominicas de la Tercera Orden tenían y que se conocía como el Beaterio de Santa María Magdalena y Santa Rosa. Allí descubrió su vocación religiosa. 

Cuando tenía 17 años, el 22 de octubre de 1885, fue admitida en la comunidad de religiosas de Santa Rosa de Huesca. Tuvo un noviciado feliz, se sentía llena de fervor y desbordante generosidad; todo le parecía poco para lo que ella anhelaba entregar a Dios; además, lo hacía con alegría y espontaneidad. Profesó al año siguiente y recibió el nombre de Ascensión del Sagrado Corazón. 

Encontró ciertas dificultades cuando, en 1907, fue nombrada directora del Externado, pues su carácter jovial y alegre le atraía las muestras de afecto de las niñas; las superioras consideraron desmedida la familiaridad amistosa hacia la joven religiosa directora. Para corregirla, la trasladaron a otros trabajos comunitarios, donde no tenía necesidad de tratar a las pequeñas. Pasada esta prueba, regresó a la enseñanza, fortalecida por la práctica de la virtud de la obediencia. 

En 1912 el Gobierno clausuró la Escuela normal de Santa Rosa de Huesca. Las religiosas se hallaron de pronto sin su trabajo apostólico de preparación de docentes y sin su fuente de recursos económicos. Aquí se sitúa el primer encuentro de la madre Ascensión con el padre dominico fray Ramón Zubieta, que llegó hasta Huesca a buscar religiosas que quisieran integrarse en el trabajo de la misión de Urubamba y Madre de Dios en Perú. 

Como la orden ya tenía intención de enviar a América, en particular a Perú, a las religiosas a las que el Gobierno había privado de su Escuela normal, el proyecto pasó al Consejo de la Casa, mientras el padre Zubieta recibía en Roma la ordenación como obispo de Aráa (15 de agosto de 1913). Se formalizó el proyecto misionero y cinco hermanas del Beaterio de Santa María Magdalena y Santa Rosa de las Religiosas Dominicas de la Tercera Orden partieron el 17 de noviembre de 1913; llegaron a Lima el 30 de diciembre, después de hacer escala en Río de Janeiro. El viaje en barco proporcionó a monseñor Zubieta la oportunidad de conocer más a fondo a las religiosas, y en particular a la madre Ascensión, a quien iba a profesar un profundo y afectuoso respeto, evidente en todas sus cartas. 

El Beaterio de Nuestra Señora del Patrocinio de Lima fue escogido para recibir a las madres de Santa Rosa de Huesca, a las misioneras que se iban a dedicar al apostolado en su prefectura apostólica de Santo Domingo del Urubamba y Madre de Dios en Perú. El Beaterio sufría entonces de relajación y falta de vida regular. El obispo dispuso que todas se sometieran a las reglas y constituciones de las madres de Huesca y, el 2 de febrero, nombró a la madre Ascensión superiora responsable; pero la reacción de las hermanas peruanas fue muy enérgica y se procedió a organizar la elección: el 1 de abril fue elegida para el cargo de priora por la comunidad del Patrocinio por una mayoría de votos muy grande. 

El espinoso proceso de integración de las dos comunidades de Lima reclamó la presencia de la madre Ascensión en el Beaterio del Patrocinio, donde había sido elegida priora. Las adversidades la condujeron a un desprendimiento mayor y a buscar sólo en Dios su consuelo, aun en medio de soledades y aridez espiritual. 

A finales de abril de 1918, pasó por Lima el padre Theissling, maestro de la Orden de Predicadores, en visita canónica; aprobó la obra y les encomendó la fundación de acuerdo al nuevo Derecho canónico de 1917, pues ya tenían diez religiosas españolas y veinte peruanas, y contaban ya con cuatro casas.

El padre Osende, o.p., trabajó en las Constituciones y aceleró el proceso jurídico. Así nació la Congregación de las "Misioneras Dominicas del Santísimo Rosario". El 27 de septiembre fueron aprobadas las primeras Constituciones. Y el 5 de octubre se erigió en Lima la congregación; la madre Ascensión fue nombrada superiora general. Se decidió que el noviciado se hiciera en Pamplona (España). 

Con ocasión de la visita ad limina de mons. Zubieta al Papa Benedicto XV, la madre Ascensión y la madre Visitación pudieron también tener la entrevista con el Papa, y le trataron un número importante de problemas que sólo podían ser resueltos por la Santa Sede. El 25 de marzo de ese mismo año la Congregación fue agregada a la Orden de Predicadores. 

La desmedida actividad y la falta de descanso habían agotado a monseñor Zubieta; su salud cedió y finalmente, el 19 de noviembre de 1921, murió santamente, a los 57 años de edad. 

La madre Ascensión siempre se negó a que la llamaran fundadora. Para ella el fundador era mons. Zubieta, pero, al morir este, recayó sobre ella toda la responsabilidad de la naciente fundación, así como la interpretación del carisma de la Congregación, a la vez misionero y educativo. 

La inauguración del colegio de Sonsonete, en El Salvador, en 1924, marcó el momento de la autonomía de la Congregación. La madre Ascensión desplegaba una prudencia audaz, unida a su exquisita misericordia, durante los aciagos tiempos de la guerra civil española, la segunda guerra mundial y la revolución comunista en China; un gobierno lúcido y firme al servicio de las religiosas que, con indecibles obstáculos, se consagraban a la difusión del Evangelio en las misiones y en las escuelas. 

Habían pasado los seis años reglamentarios desde la fundación de la Congregación y la celebración del primer consejo general; se convocó el primer capítulo general, donde la madre Ascensión fue elegida priora general. La Congregación fue tomando forma de institución internacional. 

En 1926, a pesar de las reticencias de la madre Ascensión debido a las necesidades locales, ante la insistencia del obispo del lugar, la Congregación se hace cargo del Colegio nacional de Cuzco. Se fundó una comunidad para atender la Escuela de educandas y, por tanto, la Congregación se abrió a la educación civil, además de la educación propiamente religiosa. Más tarde se harán cargo también del Colegio nacional de Arequipa, en 1928, y luego de otro más en Puno. 

La Congregación recibió la aprobación de Roma ad experimentum por siete años. La llamada misionera a China se hacía cada vez más apremiante; en septiembre de 1932, ese proyecto tan deseado podía iniciarse; al frente de la expedición de China iba la madre Ascensión. 

El segundo capítulo general, celebrado en Pamplona, reeligió por segunda vez a la madre Ascensión; y se dirigió a China por segunda vez. Otro Beaterio, Santa Rosa de Zaragoza, se incorporó a la Congregación. Ese año, el 22 de diciembre, Roma permitió a la Congregación su división en provincias. 

El tercer capítulo general volvió a reelegir a la madre Ascensión. Esta vez su salud ya no tendría los recursos para soportar el peso de tantas responsabilidades y exigencias. El 6 de enero del año siguiente se le declaró la enfermedad que la llevaría a la muerte. El 22 de enero recibió el viático y la extrema unción, en medio de sufrimientos muy agudos, que sobrellevó con virtud; murió con fama de santidad el 24 de febrero en la ciudad de Pamplona. Fue beatificada en el año 2005.

martes, 21 de febrero de 2017

Madre Francisca Pascual Domenech

Nace en un hogar sencillo, creyente y trabajador de Moncada (Valencia) el 13 de octubre de 1883. Su juventud transcurre en un ambiente laboral caracterizado por la humildad, la responsabilidad, la amistad y la inquietud evangelizadora.


Quiso ser religiosa adoratriz, y le resultó imposible. Ingresó, sin embargo, en el Beaterio de Terciarias Franciscanas que existía en Valencia desde el siglo XIII. De la reforma del Beaterio surge la Congregación de Hermanas Franciscanas de la Inmaculada, como fraternidad disponible a las necesidades de los hombres. Confiaba en el amor providente y misericordioso de Dios. Sencilla, fiel y arriesgada, da una respuesta evangélica a los retos de su tiempo.

Le urge expresar el amor de Dios, sobre todo entre los pobres y necesitados. Los ancianos, los sordos, los ciegos, los leprosos, los niños y los jóvenes, la mujer obrera, empleada y campesina forman el cortejo de sus predilectos. Pasó de esta vida al Padre el 26 de abril de 1903. Su causa de beatificación está introducida.


miércoles, 25 de enero de 2017

Beato Edmundo Bojanowski

Edmundo Bojanowski fue parte de una noble familia, nació el 14 de noviembre de 1814 en Grabonóg en el ducado de Poznan. Estudió filosofía en la universidad de Breslavia en el 1835 y luego en Berlín. 

Hacia la mitad del siglo XIX Polonia fue dividida y sometida a las tres naciones vecinas, Rusia, Prusia y Austria, y hasta que se independizó en 1918, hubieron orgullosas revueltas y rebeliones creando imprevistas variantes en los ambientes socio-político e industrial; frente a estos trastornos, que crearon vastas fajas de pobreza, Edmundo decidió ayudar a las clases más necesitadas, laborando en la enseñanza y en la evangelización de las poblaciones campesinas.

Empezó con el abrir guarderías para los niños, primero en el Ducado de Poznan y luego en las provincias de la Polonia Menor y Slesia; volviéndose así un pionero en la asistencia a la infancia en los campos. 

Para poder dar estabilidad y futuro a sus instituciones, fundó el 13 de mayo de 1850, la Congregación de las “Esclavas de la Inmaculada Concepción de la Madre de Dios"; las monjas en buena parte provinieron de las zonas rurales; y de los campos hizo contratar a chicas, que después de oportuna preparación, trabajaban en las guarderías. Él las preparó intelectual y moralmente.

Las monjas también tuvieron la tarea de interesarse en las chicas y las madres, a través de las llamadas "noches", para prepararlas en los compromisos de una familia cristiana, insertando así el fermento de la fe católica, en el mundo campesino. 

Con buenos libros organizó salas de lectura, con las monjas ocupadas en ayudar a los pobres y asistir a los enfermos, básicamente dolientes por la soledad de los campos. En el 1849 la epidemia de cólera que golpeó la región lo vio en primera fila, y solicito la ayuda de las Hijas de la Caridad de Poznan.

Obtuvo prestigiosos reconocimientos, en 1857 fue llamado a la Sociedad de los ´Amigos de la Ciencia´ de Poznan; en el 1863 presidió la Conferencia de Sam Vicente de Paul en Gostyni; en el año1869, a los 55 años, entró en el Seminario a Gnienzo, pero en 1871 tuvo que salir de él por la rápida decadencia de su salud, con gran pena, porque deseaba consagrarse completamente a Dios; pero su santificación tuvo que ocurrir en el estado laical, por lo demás, de laico indicó el camino de la vida espiritual y escribió las reglas para sus monjas; algún tiempo después en Italia también hubo un fundador laico parecido, Bartolo Longo también él beato

De Edmundo Bojanowski nos ha legado su ´Diario´ y varias cartas todavía inéditas; murió en Górka Duchowna (Poznan) el 7 de agosto de 1871; a su muerte existían dos noviciados, 197 monjas y 40 Casas. Posteriormente, como consecuencia de la política de la repartición de Polonia se tuvieron que abrir cuatro Congregaciones distintas cada una con su correspondiente Casa Matriz, actualmente en Luboń (Poznan), Wroclawm, Debica y Stara Wies con unas 4000 monjas esparcidas por el mundo.

El Papa Juan Pablo II, durante su séptimo viaje apostólico a Polonia, lo beatificó, era el 13 de junio de 1999, en ceremonia realizada en Varsovia. 

Es una de las más grandes figuras de la católica Polonia, que en mucho se adelantó, con su rica actividad, a lo que el Concilio Vaticano II ha dicho sobre el tema del apostolado de los laicos.

Santa Úrsula Ledóchowska

Julia María nació el 17 de abril de 1865 en Loosdorf, Austria. Sus ascendentes directos fueron eclesiásticos, consagrados, militares y hombres de estado. Sus padres eran el conde Anton Halka Ledochowski y la condesa Josephine Salis-Zizers, de nacionalidad polaca y suiza respectivamente. El cardenal Mieczyslaw, arzobispo de Gniezno-Poznan, que fue primado de Polonia y prefecto de la Congregación para la Propagación de la Fe, era tío paterno suyo. Anton había enviudado de su primera mujer de la que tuvo tres hijos, y luego contrajo nupcias con Josephine. Julia fue la segunda de los seis nuevos vástagos de este segundo matrimonio, entre los cuales hubo religiosos relevantes.

La primogénita, María Teresa, fundadora de las misioneras de San Pedro Claver, fue beatificada por Pablo VI. Su hermano Wladimir fue general de la Compañía de Jesús, y otro de sus hermanos, oficial de alta graduación, murió a manos de los nazis en el campo de concentración de Dora­Nordhausen. Su padre, que se ocupaba de la educación de todos ellos, solía leerles biografías de santos, de héroes polacos, y les introducía en el mundo del arte y de la cultura, completando la formación que les proporcionaban profesores particulares. Josephine aportaba su fortaleza y energía, una alegría que contribuyó a realzar la felicidad y paz características del hogar. Por otro lado, el compromiso eclesial y la solidaridad circulaban por la casa como el aire; la presencia de sacerdotes y religiosos era constante.

Julia tuvo la fortuna de ser educada en este selecto ambiente y crecer instada por sus progenitores a la urgencia del amor. Sus hermanos admiraron en ella su espíritu sensible, generosidad y alegría. Estudió lenguas, pintura y música. Cuando en 1873 se produjo un grave revés financiero y tuvieron que abandonar la idílica villa en la que vivían para afincarse en la localidad germana de St. Pölten, acudió al centro regentado por las religiosas fundadas por Mary Ward. En 1883 se trasladaron a Lipnica Murowana, Polonia.

Al morir su padre en 1885 aquejado de viruela, su tío, el cardenal, se ocupó de todos. Al año siguiente Julia ingresó en el convento de las ursulinas de Cracovia. Allí tomó el nombre de María Úrsula de Jesús. Era audaz, sensible, disciplinada, emprendedora, tenía gran celo apostólico, talento y una visión certera y creativa. Pero, por encima de sus cualidades como estratega en bien del apostolado, sobresalía su donación sin paliativos a Cristo, sin componendas, sin vuelta atrás. Exquisita en su trato, no permitía que las visitas tuvieran que esperarla. Si le sugerían posponer la entrevista por hallarse ocupada, respondía: «Nunca debemos pedir a Jesús que espere». Obtuvo el título de maestra y luego el de capacitación para enseñar en lengua francesa. Fue una gran formadora. De 1904 a 1907 ejerció como superiora en Cracovia, etapa en la que abrió el campo educativo de las ursulinas. A instancias del padre Constantino Budkiewicz, párroco de la iglesia de Santa Catalina, fundó un internado para estudiantes.

Pío X vio que era una mujer de gran empuje, y le propuso evangelizar Rusia. Vistiendo civilmente, Julia partió a San Petersburgo con una hermana. En 1908 sería nombrada superiora de la casa que abrieron. Viviendo en clandestinidad y bajo vigilancia policial, porque el gobierno ruso se había percatado de su intensa actividad, desafió las hostilidades que se cernían sobre la Iglesia actuando a través de varios frentes apostólicos dirigidos a la juventud universitaria y a los adultos. Extendió estas acciones a Finlandia donde puso en marcha una clínica para personas sin recursos. Allí se involucró en el ámbito ecuménico entre católicos de varios ritos y ortodoxos. En 1914 en el fragor de la Primera Guerra Mundial por ser austriaca fue expulsada, y emigró a Suecia, Dinamarca y Estocolmo. Dejaba tras de sí en cada lugar su sello apostólico: centros para huérfanos y niñas, escuelas de idiomas, etc.

En 1915 estableció la primera congregación mariana para universitarios, e impulsó cursos dirigidos por las mentes teológicas más preclaras del momento. En 1918 creó en Aalborg, Dinamarca, una escuela de economía doméstica y un orfanato. Después de regresar a Polonia en 1920, a requerimiento de los padres camilos colaboró con el comité de ayuda a las víctimas de la guerra que había fundado el conocido escritor polaco Henryk Sienkiewicz. Entonces afrontó graves problemas para integrar su casa y su obra educativa en la naciente Unión de las Ursulinas polacas que había concebido para asistir a pobres, enfermos y desamparados. El nuncio apostólico en Polonia, Achille Ratti, futuro Pío XI, la confirmó en esa misión: «Permaneced en el puesto que os ha indicado la misma providencia». Ese año la Santa Sede la autorizó a transformar su convento autónomo de San Petersburgo en la congregación de Hermanas Ursulinas del Sagrado Corazón de Jesús Agonizante.

Trabajó entre los indigentes, abrió numerosos centros de educación, impartió catequesis, compiló ediciones de libros para niños y jóvenes, fue artífice de revistas, dictó conferencias, y fundó en 1925 la Cruzada Eucarística juvenil. De este sacramento extrajo su fortaleza y caridad. Fue un remanso de paz para todos al margen de orientaciones ideológicas, políticas y religiosas. «Mi opinión política es el amor de Dios y de mi país», respondió a un diplomático en una ocasión. Murió en Roma siendo superiora general el 29 de mayo de 1939. Su cuerpo se conserva incorrupto. Juan Pablo II la beatificó el 20 de junio de 1983, y la canonizó el 18 de mayo de 2003.

Beato Federico Ozanam

Federico Ozanam nació en Milán el 23 de abril de 1813, tercer hijo del matrimonio Juan-Antonio Francisco Ozanam y Maria Nantas. Federico, dice el mismo, que da gracias al Señor por el don de sus padres profundamente cristianos.

Este seglar del siglo XIX, cristiano en un mundo secularizado, fue un auténtico profeta de su tiempo en la Iglesia a la que él "ama con gran amor y sumisión". Federico realizó sus estudios secundarios en Lyon y su carrera universitaria en París. Durante un periodo de su adolescencia tuvo grandes problemas de orden espiritual, pero se confió a la dirección del abad Noirot, gran filósofo, que le ayudó a superarlas, él mismo escribe "he prometido a Dios dedicar mi vida al servicio de la verdad que me colma de paz".

En tiempos de revolución en la sociedad y en la Iglesia, Ozanam y sus amigos se propusieron tener, además de las conferencias de historia, las conferencias consagradas a la caridad, unir la acción a la palabra y afirmar con las obras la vitalidad de su fe. 


En 1833 con un grupo de siete amigos fundó la Sociedad de San Vicente de Paúl, al que eligen como patrono. El mayor de ellos Emmanuel Bailey, 39 años, Federico 20 años, sólo uno del grupo era más joven que él. Cuando deciden ir al encuentro de los pobres Emmanuel Bailey les envía a Sor Rosalía Rendu, Hija de la Caridad, gran apóstol y sierva de los desheredados del barrio parisino de Saint-Médard. El estilo de las conferencias es la visita domiciliaria, la relación directa con el que sufre. Hoy las conferencias se han extendido por todo el mundo.

Federico como hijo, marido, padre y amigo, dotado de una rara sensibilidad, impresionó profundamente a todos aquellos que lo conocieron. 

Fue testigo de la Caridad en toda su vida personal, familiar, profesional y cívica. Expresó un deseo ardiente "Es necesario abrazar el mundo en una red de caridad". Fue fiel defensor de los pobres. 

Fue Profesor titular de derecho comercial, en la Facultad de Lyon, y más tarde profesor de Literatura Extranjera en la Sorbona.

Por motivos de salud tuvo que abandonar la enseñanza, que ejercía como un apostolado, dedicó sus últimas fuerzas a la investigación científica y a la Sociedad de San Vicente de Paúl.

Tras una larga enfermedad murió a los 40 años en Marsella, el 8 de septiembre de 1853 en una actitud de total entrega a Dios.

Fue beatificado en 1997.

Beata Sor Rosalía Rendu

Jeanne Marie Rendu nace el 9 de septiembre de 1786 en la aldea de Confort, Francia. Sus padres son pequeños propietarios que llevan una vida sencilla. La Revolución de 1789, anticlerical, causa confusión y desunión en la Iglesia. La familia Rendu, aun arriesgando su vida, acoge a algunos sacerdotes perseguidos, entre ellos al Obispo de Annecy. La educación cristiana de Jeanne Marie está marcada por este tiempo de persecución. Hará su primera comunión una noche, en el sótano de su casa, a la luz de unas velas.

A la edad de 10 años, la muerte de su padre y la de su hermanita pequeña en el intervalo de unos meses la conmueven fuertemente. Consciente de su responsabilidad de ser la mayor, ayuda a su madre, ocupándose de sus dos hermanas pequeñas.

Cuando de nuevo reina la paz, la señora Rendu, envía a su hija a las religiosas ursulinas que tienen un pensionado en Gex. Jeanne Marie va a veces al hospital de la ciudad y allí descubre el servicio que las Hijas de la Caridad prestan a los enfermos y a los pobres. y siente, cada vez con más fuerza, la llamada de Dios a unirse a ellas.

El 25 de mayo de 1802 entra en la Compañía de las Hijas de la Caridad, en París. Unos meses más tarde, la destinan al barrio Mouffetard donde recibe el nombre de Rosalía. Allí permanecerá 54 años, curando, socorriendo, consolando a todos los que sufren. Hombres, mujeres y niños trabajan durante largas horas en las insalubres fábricas. Los salarios eran poco elevados, las enfermedades atacan a los pobres obreros, quienes ven acentuarse su miseria.

Para responder a las múltiples necesidades que percibe, Sor Rosalía, con las Hermanas de su Comunidad, abre sucesivamente un dispensario, una farmacia, una escuela, un orfanato, una guardería, un patronato para las jóvenes obreras y una casa para ancianos sin recursos. El impulso de caridad que anima a esta Hermana es comunicativo: varias señoras de la clase rica aportan su ayuda financiera. Estudiantes deseosos de poner en práctica su vida cristiana acuden a Sor Rosalía para pedirle consejo; será éste el comienzo de la Sociedad de San Vicente de Paúl.

Durante las Revoluciones de 1830 y 1848, la vemos junto a todos los que sufren, cualesquiera que sea el campo al que pertenezcan. Sube a las barricadas para socorrer a los heridos y protege a todos los que se refugian en su casa. Arriesgando su vida, se interpone entre los que luchan diciendo: “Aquí no se mata ”.

En 1852, Napoleón III manda imponerle la Cruz de la Legión de Honor, homenaje del gobierno por toda la obra llevada a cabo en ese barrio tan miserable de la capital.

Su muerte, el 7 de febrero de 1856, provoca una gran emoción en todos los ambientes sociales de París. Por delante del coche fúnebre caminaba una ola silenciosa, en la que fraternalmente se confundían todas las clases sociales.

Sor Rosalía fue beatificada por Juan Pablo II el 9 de noviembre de 2003

Beata María Assunta Marchetti

Assunta fue la tercera de los once hijos de Carolina Guillarduci y Angelo Marchetti. La primera entre sus hermanas. Nació en Lombrici de Camaiore, provincia de Lucca, Toscana, Italia, en el día 15 de agosto de 1871. Fue bautizada en la Coleggiata de Camaiore, pero sus primeras experiencias de Dios las vivió en Lombrici. Luego en Camaiore cuando era adolescente y joven. Seguramente, en los estudios, no pasó de la primaria. 

Era muy prendada para los servicios de la casa, con los menores, con las manualidades. Por su constitución física robusta y saludable sustituía, cuando necesario, el papá o el hermano José en la lida en el molino. Retrasó su entrada en el Carmelo para ayudar a la mamá debilitada en la salud y con tantos hijos pequeños. El año 1892 fue para ella un tiempo de profundas emociones: José Marchetti, su hermano, fue ordenado sacerdote a los 23 años lo que ciertamente le fue de gran consolación y júbilo. Pero, en este mismo año se le murió el papá. Un motivo más para posponer su ingreso en el Carmelo de Camaiore.

El corazón y la mente de Assunta Marchetti estaban totalmente orientados a la vida de clausura, aspiraba profundamente una vida de aislamiento, silencio, oración y trabajo. Un día, P. Marchetti llegó a la casa cuando volvía del según viaje a Brasil acompañando a los emigrantes italianos en la travesía. Había hecho una cosa muy buena para los niños italianos huérfanos: un orfanato en donde se les brindaría una educación integral. Le dijo que 250 niños esperaban por cuidados de todos los tipos: físico, espiritual, cultural, psicológico, social y profesional. “Son niños y son italianos” le decía él. Como resistía y seguía adelante con su idea de enclaustrarse, P. Marchetti le pidió que fuera preguntar al Sagrado Corazón de Jesús que es que pensaba al respeto.


Assunta comprendió que Dios le para cambiar su proyecto personal para abrazar aquel que Marchetti le presentara: la misión. Desde este instante Assunta fue la madre, la hermana, la enfermera, la educadora, la sierva de los huérfanos y abandonados en el exterior. Jamás volvió, o deseo volver atrás. Fue misionaria a tiempo pleno de los más pobres en la migración.

Con sus compañeras: Carolina Guillarduci (superiora), Maria Franceschini y Angela Larini (vocacionadas de P. Marchetti en Compignano), se fue a Brasil pasando -el 25 de octubre de 1895- por Piacenza para recibir el envío y el Crucifijo (compañero inseparable) de las manos del beato Juan Bautista Scalabrini, fundador de la Pía Sociedad para los emigrantes a la cual pertenecía P. Marchetti, esta fecha es considerado el día de la fundación de la Congregación de las Hermanas Misioneras de San Carlos Borromeo – Scalabrinianas, en la época: Siervas de los Huérfanos y Abandonados en el Exterior. Fue el único día en que estuvieron reunidos el fundador Beato Monseñor Juan Bautista Scalabrini y los dos co-fundadores Siervos de Dios Padre José Marchetti y Madre Assunta Marchetti. Al año siguiente, 14 de diciembre de 1896, P. Marchetti agotado por las fatigas apostólicas entrega su bella alma a su creador y único Señor. La superiora de la pequeña comunidad, Carolina Guillarduci, no soportando la altísima presión que sobre ella cayera con aquella muerte, abandona la comunidad y vuelve a Italia. La Hermana Assunta sigue con su misión, ahora mucho más exigente y sufrida: sin José y sin Carolina. Las dos compañeras se enferman, también por las carencias sufridas. Una muere en 1899 y la otra en 1901.

En 1900 junto con sus compañeras escribe a Scalabrini pidiendo protección, pues las Hermanas que él había mandado para ayudarlas quería cambiar todo: nombre, misión, hábito. Sin una respuesta directa tuvo que callarse y obedecer por siete años. Después que los dos institutos se separan, ella organizó otro noviciado por orden del obispo del lugar. Luego en 1912 Madre Assunta y sus compañeras hacen los votos perpetuos y ella es nombrada, por el ordinario del lugar, Superiora General de las Hermanas Misioneras de San Carlos Borromeo – Scalabrinianas. En 1927 una vez más, nuestro instituto sufrió otro cisma, de esta vez con las Clementinas que querían cambiar nombre, misión y hábito. Hubo intervención de la Santa Sede. Una vez más Madre Assunta debe tomar en manos el timón de la Congregación. Es electa Superiora General.

En 1934 debe escribir la historia el instituto y con el auxilio de un escribano recuenta en una breve reseña el camino recorrido por las Hermanas MSCS hasta aquel año.

En 1948, el 1 de julio, en paz consigo y con todos descansa para siempre en el Señor luego de comulgar en las horas de la mañana. Todos y todas sabían en su corazón que una santa se había muerto. La Congregación estaba segura y consolidada. En este mismo año sus constituciones fueron aprobadas y pasó a ser de derecho pontificio.

Fue beatificada el 25 de octubre de 2014, en San Pablo, Brasil.