miércoles, 19 de julio de 2017

Sierva de Dios Madre Clara Ricci

Nació en Savona, Italia, el 8 de julio de 1834. A los 28 años vistió el hábito franciscano en el Convento de las Terciarias Franciscanas del Monte de Génova, que escogió por la sencillez y el espíritu franciscano que las caracterizaba, venciendo los obstáculos que le ponía su familia, entre las más nobles de Savona.

Se distinguió por sus dotes humanas y espirituales, por estos motivos fue destinada a la educación de las varias jóvenes que se acercaban a la Congregación.

Sucesivamente fue enviada como responsable de una fraternidad en Rivalta, una región del Piemonte, en Italia, donde trabajó como maestra de Kinder y después en el colegio y, sucesivamente, como responsable, educadora y animadora de un internado fundado por el Padre Innocencio Gamalero, un fraile menor, amigo de la Congregación.

Por varios motivos que surgieron dentro de la Congregación y, sobre todo, porque en la casa Madre de Génova se realizó una sustitución de la regla con una no franciscana (cambio que se realizó en la casa Madre sin consultar con las demás hermanas residentes en las otras comunidades), la madre se sintió movida a tener que dejar con mucho dolor esta Congregación. En realidad la Regla que la Madre había explícitamente elegido por ser franciscana, fue sustituida por el obispo de Génova con otra que separaba a las hermanas del espíritu franciscano y de la guía de los Hermanos Menores y las ponía bajo la dirección de un sacerdote diocesano.

La Madre, junto con algunas de sus compañeras, sintieron que al renunciar a aquella regla que habían amado tanto y conscientemente abrazado corrían el riesgo de perder la propia identidad franciscana; es así que, siguiendo el impulso del Espíritu Santo, dejaron el Instituto estableciéndose en Castelspina, un pueblito cercano a Rivalta, pueblo nativo del Padre Inocencio, cofundador de nuestra Congregación. Con su ayuda y apoyo, en el 1884 Madre Clara dio vida a nuestra Congregación de Hermanas Franciscanas Angelinas.

Las hermanas fueron acogidas con entusiasmo por el pueblo de Castelspina, en la región del Piemonte. En este lugar, con la ayuda del Padre Inocencio y el apoyo del pueblo, que vio en ellas un verdadero ejemplo de sencillez y dedicación a la población, Madre Clara guió la formación y la expansión de su Nueva Congregación.

Se abrieron varias casas donde las hermanas trabajaron acercándose a las familias, con su servicio en las parroquias, orfanatos, colegios y hospitales, comunicando un estilo de vida sencillo, fraterno y reconciliador, anunciando la paz y la reconciliación.

Nuestra fundadora fue para cada hermana como una verdadera Madre y Maestra, preocupada sobre todo de la formación religiosa de cada una de sus hijas y por crear entre todas un clima auténticamente familiar y fraterno. No quiso que la Congregación se dedicara a una obra específica, más bien buscó acrecentar en sus hijas la capacidad de apertura hacia cualquier necesidad y obra de misericordia, en el espíritu de humildad y obediencia, de paz y reconciliación.

Sus últimos años fueron acrisolados por intensos sufrimientos físicos y sobre todo espirituales que ella superó con una fuerte y decidida voluntad de reconciliación. Fueron los años en que nuestra fundadora vivió en plenitud su programa de vida: “Dios sabe lo que hace”, “En ti, Señor, he puesto mi esperanza”. Falleció el 1º de octubre de 1900. Actualmente está en curso su proceso de beatificación.

Venerable Hno. Gabriel Taborin

El Hermano Gabriel nace en Belleydoux, pequeña aldea de Francia cercana a Lyon, el 1°de noviembre de 1799.

El niño se va haciendo joven y tiene que separarse de su hogar para seguir sus estudios en otras localidades. Es entonces cuando el joven Gabriel percibe, por primera vez, una inquietud misteriosa, un llamado preciso que lo orienta no hacia el sacerdocio sino a una vida dedicada a la educación de la niñez, de la juventud, a la atención de los templos y a la ayuda de los sacerdotes.

No encontrando ninguna orden religiosa que satisfaga sus anhelos, decide fundar una Congregación Religiosa. Dios sella su obra incipiente con dificultades, abandonos, fracasos y soledad. A todo ello el Hermano Gabriel le hace frente con una voluntad de hierro y un gran espíritu de fe que se traduce en aquella, su confiada expresión: “Si es obra mía, perecerá, pero si es obra de Dios, Él la hará prosperar”.

El 28 de agosto de 1841, la Congregación de los Hermanos de la Sagrada Familia es aprobada oficialmente por la Santa Sede, por Bula Pontificia del papa Gregorio XVI, en Santa María la Mayor (Roma).Con la aprobación comienza el florecimiento y la extensión de la obra del Hermano Gabriel, que se propaga en diversas diócesis con nuevas fundaciones.

Con la congregación ya en marcha, el Hermano Fundador se dedica de lleno a su dirección, tratando de animarla con sus recomendaciones y directivas del verdadero espíritu que desea transmitirles: espíritu de familia (como en la casa de Nazaret), donde reinen el amor, el trabajo y la oración, y, como consecuencia, la paz. El modelo de vida es la Sagrada Familia de Nazaret.

La obra del Hermano Gabriel se extiende y prospera, mientras su salud se va resintiendo. Entrega su alma a Dios el jueves 24 de noviembre de 1864, en Belley (Francia), donde actualmente descansan sus restos.

Fue declarado Venerable en 1991, se espera un milagro para su beatificación.

Venerable Juan María De la Mennais

Juan María Robert de la Mennais, nacido en Saint-Malo el 8 de septiembre de 1780, es el segundo hijo de una familia de armadores y comerciantes bien implantada en la ciudad: su abuelo materno y su padre ocuparon sucesivamente el puesto de subdelegado del Intendente de Bretaña para la región maluína. Su her­mano Feli es dos años menor que él.

Desde la infancia y adolescencia, es testigo de los dis­turbios religiosos y sociales provocados por la Revolución; él mismo ha conocido y ayudado a sacerdotes persegui­dos durante el período del Terror. No obstante su vocación sacerdotal se reafirma en este clima difícil; es ordenado sacerdote en 1804.

Desde 1802, se ha comprometido como profesor en el colegio eclesiástico fundado en su ciudad natal por los sac­erdotes Vielle y Engerrand, sus primeros maestros. Obligado a interrumpir, por razón de salud, su actividad de profesor, se instala con su hermano Feli en la Chênaie, propiedad que reciben en herencia de su abuelo Lorin: los dos hermanos se entregan allí a trabajos de reflexión y de apologética: Reflexiones sobre el estado de la Iglesia en Francia a finales del s. XVIII y su situación actual (1808); Tradición de la Iglesia en la Institución de los Obispos. Frente a la corriente galicana que marca todavía al clero francés, ellos se manifiestan resueltamente ultramon­tanos.

En 1812, la escuela eclesiástica de Saint Malo es cer­rada por decreto imperial. En 1814 Juan María es llamado a Saint Brieuc, como secretario del obispo Mons. Cafarelli. El trabaja junto a un prelado protegido por el Emperador, pero permanece muy libre en relación con el poder políti­co. En los comienzos de la Restauración, en 1815, es encar­gado de administrar la diócesis de Saint Brieuc, después de la muerte de Mons. Cafarelli, con el título de vicario capitular: él asume esta función durante cinco años (1815-­1819) hasta la entronización del nuevo obispo, Mons. Le Groing de la Romagère.

Durante este período es cuando Juan María toma con­ciencia de la miseria de los niños del pueblo, sobre todo los del campo, privados de instrucción y educación cris­tiana. En 1817, se encuentra con Gabriel Deshayes, vicario general de la diócesis de Vannes y párroco de Auray, ya comprometido en este apostolado. Los dos sacerdotes deciden poner en común sus esfuerzos y, el 6 de junio de 1819, firman un Tratado de Unión que organiza el Instituto de Hermanos de la Instrucción Cristiana: le dirigirán de mutuo acuerdo. Juan María había funda­do también, en 1818, en Saint Brieuc, la Congregación de las Hijas de la Providencia destinada a la enseñanza.

En 1822, el Príncipe de Croy, Gran Capellán de Francia, le llama a París y le convierte en su vicario general y su colab­orador personal. Juan María se dedica, pues, durante cerca de dos años, de noviembre de 1822 a julio de 1824, al ser­vicio de la Iglesia de Francia, en un perío­do importante, marcado especialmente por nombramientos en numerosas sedes episcopales.

De vuelta a su diócesis de origen, Juan María es nombrado vicario general por Mons. de Lesquen: está entonces encargado de dirigir, como superior general, una congre­gación clerical, la Sociedad de Sacerdotes de Saint Méen, dedicada a la enseñanza en los seminarios y a la predi­cación. Por su parte Feli había reagrupado en la Chênaie a eclesiásticos comprometidos en estudios doctrinales pro­fundos, para el servicio de la Iglesia. Al unir sus esfuerzos, los dos La Mennais transforman la Sociedad de Saint Méen en la Congregación de San Pedro, cuyos estatutos redactan.

Desgraciadamente, los compromisos de Feli y de sus colaboradores en el periódico L’Avenir provocan la oposi­ción de numerosos obispos de Francia: la encíclica del papa Gregorio XVI, Mirari vos, publicada en 1832, condena a los redactores del periódico: éstos se someten, pero Feli rompe el silencio que se había comprometido a guardar y atrae sobre su doctrina filosófica del sentido común una condena en 1834. La Congregación de San Pedro, presa de disensiones internas, es disuelta por el obispo de Rennes.

Desde entonces, Juan María debe limitar su acción al desarrollo de las obras educativas que él había fundado: los Hermanos de la Instrucción Cristiana, que él dirige en Ploërmel, y las Hijas de la Providencia de Saint Brieuc. A partir de 1837, respondiendo a la llamada del gobierno francés, toma a su cargo la dirección de las escuelas fun­dadas en las colonias: Antillas, Senegal, Guayana, San Pedro y Miquelón y Tahití.

La notoriedad de su obra educativa suscita imitadores en Gascuña, en el Delfinado, en Normandía; él responde, mediante ayuda directa o mediante consejos, no sólo a peticiones llegadas de numerosas diócesis, sino también de Gran Bretaña, de Bélgica, de Polonia e incluso de América del Norte. Muere en Ploërmel el 26 de diciembre de 1860, dejando el testimonio de un sacerdote de celo ardiente, comprometi­do hasta el límite de sus fuerzas en el servicio de Dios y de la Iglesia. El Instituto de los Hermanos contaba entonces cerca de 900 profesos, dirigía 400 escuelas en el oeste y mediodía de Francia y una cincuentena de establecimientos en las colonias.

Fue declarado Venerable en 1966, se espera un milagro para su beatificación.

viernes, 14 de julio de 2017

San Camilo de Lelis

Pensamientos de San Camilo de Lelis

Los enfermos son nuestros amos y señores.

Los enfermos son la pupila y el corazón de Dios.

Los enfermos son la herencia y el patrimonio de Cristo.

El que sirve a los enfermos, sirve y cuida a Cristo nuestro Redentor.

El hospital es el jardín perfumado y delicioso de la caridad.

Entre las obras de caridad cristiana ninguna agrada más a Dios que la del servicio a los pobres enfermos.

Bienaventurado y dichoso el servidor de los enfermos que gasta su vida en este santo oficio con las manos metidas en la pasta de la caridad.

Dichosos vosotros que tenéis tan buena ocasión de servir a Dios a la cabecera de los enfermos.

Dichosos vosotros si podéis ir acompañados al tribunal de Dios por una lágrima, un suspiro o una bendición de estos pobres enfermos.

Sirvan al enfermo como una madre sirve a su único hijo enfermo.

ORACION A SAN CAMILO

Glorioso San Camilo, que asististe a los enfermos como si fueran tus hijos, tú, que eres su celestial Patrono, protege al hombre que sufre para que no pierda la esperanza; ayuda a los buenos samaritanos que los atienden. Presenta al Señor nuestras oraciones; sólo Él puede guardarnos de todo mal y convertir los dolores de nuestro cuerpo y la soledad de nuestras almas, en frutos de alegría y de amor. Amén.

NOVENA A SAN CAMILO

Oh Dios, Padre de bondad, que en tu Hijo Jesucristo manifestaste Tu predilección por los pobres y atribulados: a Ti clamamos en nuestra necesidad. Acepta las suplicas que Te dirigimos en honor y por intercesión de San Camilo, el apóstol de los enfermos. Amén.

I. Glorioso San Camilo, modelo de ardiente caridad para con los enfermos, a quienes cuidabas con ternura de madre, viendo en ellos al mismo Jesús: haz noble y comprensivo el corazón de cuantos nos asisten y a nosotros llénanos de esperanza en medio de tantas tristezas y angustias. (Petición y momento de silencio).

Padre nuestro, Ave María, Gloria… Glorioso San Camilo, ruega por nosotros.

II. Glorioso San Camilo, celestial protector de los enfermos, a ti acudimos con confianza implorando: intercedas por nosotros ante Jesucristo, quien pasó por el mundo curando, aliviando y fortaleciendo la fe de quienes lo buscaban, y nos concedas la gracia que necesitamos. (Petición y momento de silencio). Padre nuestro, Ave María, Gloria… Glorioso San Camilo, ruega por nosotros.

III. Glorioso San Camilo, que inspirado por el Espíritu Santo fundaste en la Iglesia una nueva escuela de caridad en favor de los enfermos: alcánzanos del Divino Espíritu el alivio y consuelo que buscamos. Haznos crecer en la fe y en el amor aun cuando la esperanza se oscurezca por la tristeza y el dolor. Protege nuestros hogares y haz que florezcan en ellos apóstoles de la caridad. (Petición y momento de silencio). Padre nuestro, Ave María, Gloria…

Glorioso San Camilo, ruega por nosotros.

Pensamientos de Santa Teresita de Los Andes sobre la Santísima Virgen María



Confíe todo a la Ssma. Virgen. Récele siempre el rosario para que Ella le guarde no sólo su alma, sino también sus asuntos.

 Honra mucho a María. Es tu madre tan buena y cariñosa, que jamás dejará de velar por ti.

 Mi espejo ha de ser María. Puesto que soy su hija, debo parecerme a Ella y así me pareceré a Jesús.

Siempre esperé y confié en que moriría con todos los sacramentos, porque no abandonó jamás su escapulario del Carmen.




Habla a la Ssma. Virgen de corazón a corazón. Cuando te sientas solo, mírala y verás que sonriendo te dice: "Tu madre jamás te deja solo". Cuando, triste y desolado, no halles con quién desahogarte, corre a su presencia y la mirada llorosa de tu Madre diciéndote "no hay dolor semejante a mi dolor" te confortará, poniendo en tu alma la gota de consuelo que cae de su dolorido corazón.

La Ssma. Virgen ha sido mi compañera inseparable. Ella ha sido la confidente íntima desde los más tiernos años de mi vida. Ella ha escuchado la relación de mis alegrías y tristezas. Ella ha confortado mi corazón tantas veces abatido por el dolor.

No se atemoricen ante la nueva vida que se les presenta, pues siendo hijas de María, la Virgen las cubrirá con su manto.

Cuando sufra, mire a su Madre Dolorosa con Jesús muerto entre sus brazos. Compare su dolor. Nada hay que se le asemeje. Es su único Hijo, muerto, destrozado por los pecadores. Y a la vista del cuerpo ensangrentado de su Dios, de las lágrimas de su Madre María, aprenda a sufrir resignado, aprenda a consolar a la Ssma. Virgen, llorando sus pecados.

He puesto en defensa de mi causa dos grandes abogados que no pueden ser vencidos: mi Madre Santísima, a quien jamás he invocado en vano y que ha sido mi guía verdadera toda mi vida, desde muy chica, y mi Padre San José -a quien he cobrado gran devoción-, que lo puede todo cerca de su Divino Hijo.

La que puso en mi alma el germen de la vocación fue la Ssma. Virgen. Esta tierna Madre jamás ha sido en vano invocada por sus hijos. Ella me amó y, no encontrando otro tesoro más grande que darme en prueba de su singular protección, me dio el fruto bendito de sus entrañas, su Divino Hijo. ¿Qué más me pudo dar?

 Rezamos en estos 15 días antes de la Asunción las quince casas del Rosario. Le aseguro que llena el alma de felicidad esa devoción a la Ssma. Virgen.

Por este tiempo (a mis siete años), empieza mi devoción a la Virgen. Mi hermano Lucho me dio esta devoción, con la que he estado y estaré, como lo espero, hasta mi muerte. Todos los días Lucho me convidaba a rezar el Rosario, e hicimos juntos la promesa de rezarlo toda la vida; la que he cumplido hasta ahora. Sólo una vez, cuando estaba más chica, se me olvidó.

Ruega a la Madre de los Dolores para que no me deje jamás bajar la cima del Calvario, donde he de ser en cada momento de mi vida crucificada.


http://www.caminando-con-maria.org/MESDEMARIA/TERESITAANDES/PENSAMIENTOS.htm

Beata Ana María Janer

Ana María Janer, nació el 18 de diciembre de 1800 en Cervera (La Segarra – Lleida – Diócesis de Solsona), en una familia de profundas convicciones cristianas. Fue la tercera de cuatro hermanos. A causa de la Guerra del Francés y de sus consecuencias -hambres, epidemias, dolor- se familiarizó desde pequeña con el sufrimiento humano.

A los dieciocho años entró a formar parte de la Hermandad de Caridad del hospital de Castelltort de Cervera. Las hermanas atendían a los enfermos y pobres del hospital e impartían clases y catecismo en el Real Colegio de Educandas de la misma ciudad. Después de profesar, recibió los encargos de maestra de novicias y de superiora.

En 1833 estalló la primera guerra carlista y el hospital de Castelltort se convirtió en hospital militar. En 1836, la junta del hospital expulsó a las hermanas. Durante un curso ejerció de maestra en el Real Colegio de Educandas. Después de la batalla de Gra, se dirigió a Solsona para ponerse a disposición de la diócesis. Su llegada coincidió con la visita de Carlos de Borbón que le pidió que coordinara los hospitales de la zona carlista. Después de consultarlo con sus hermanas, accedió a dicha petición. Se hizo cargo de los hospitales de campaña de Solsona, Berga, la Vall d’Ora y la Boixadera.

 Fue reconocida por los combatientes de los dos bandos como la “Madre”. Acabada la primera guerra carlista, ella y tres hermanas fueron hechas prisioneras y tuvieron que exiliarse en el hospital de San José de la Grave de Toulouse.

En 1844 retornó al hospital de Cervera. Cinco años después pasó como directora a la Casa de Caridad o de Misericordia de la misma ciudad. Albergaba a niños huérfanos, jóvenes discapacitados y ancianos. También se impartían clases para niños y niñas externos.


En 1859 aceptó la petición del obispo de Urgell, Josep Caixal Estradé, y estableció una hermanad de caridad en el hospital de pobres enfermos de La Seu d’Urgell. El 29 de junio de 1859 fundó el Instituto de Hermanas de la Sagrada Familia de Urgell, dedicado a la educación cristiana de niños y jóvenes y a la asistencia de enfermos y ancianos. En 1860 el obispo de Urgell aprobó las Reglas y Constituciones del Instituto. La Casa de Caridad de Cervera se unió al nuevo Instituto.

En 1863 fundó personalmente el colegio de Cervera, el Hospital de Tremp. Más adelante, entre otros, el colegio de Oliana (1864), el asilo de Sant Andreu de Palomar (1866), y los colegios de Llívia (1868) y de Les Avellanes (1872). Las hermanas obtenían por concurso la plaza oficial de maestra. Durante su vida tuvieron lugar veintitrés fundaciones.

Con la revolución de 1868, numerosas comunidades fueron disueltas y las hermanas se dispersaron. Entre 1874 y 1880 sufrió el ostracismo dentro del mismo Instituto debido a la nueva orientación que quiso darle un director espiritual.

En 1880 se celebró en Talarn el primer capítulo general que la eligió canónicamente como superiora general. En 1883 fue elegida vicaria y primera consejera general. Pasó los últimos años de su vida en este pueblo leridano rodeada de alumnas, de formandas y de jóvenes profesas. Pidió morir en el suelo como penitente por amor a Cristo. Murió el 11 de enero de 1885, en Talarn (Pallars Jussà – Lleida – Diócesis de Urgell).

Fue beatificada en el 2011, durante el pontificado de S.S Benedicto XVI

jueves, 6 de julio de 2017

Beata Chiara Luce Badano

Chiara Badano nace en Sassello (Savona), el 29 de octubre de 1971, después de 11 años de espera de parte de sus padres. En el ‘81, con su papá y su mamá, participa en Roma en el Family Fest – una manifestación mundial del Movimiento de los Focolares: es el inicio, para los tres, de una vida nueva. En su pequeño pueblo, Chiara se lanza a amar a sus compañeras de escuela, a quien pasa a su lado, decidida a vivir con radicalidad el Evangelio que la ha fascinado. Se compromete en seguida y con pasión en el Movimiento, entre las muchachas de su edad.

Pocos meses después, un fuerte dolor en la espalda que notó durante un partido de tenis, hizo sospechar a los médicos. Comienzan exámenes médicos de todo tipo para definir el origen del mal. Muy pronto se descubre el origen del grave mal que la afecta: tumor óseo. Prosiguen los controles médicos y exámenes, y a finales de febrero de 1989 Chiara enfrenta la primera operación: las esperanzas son pocas. En el hospital las muchachas que comparten su mismo ideal se alternan con otros amigos del Movimiento para apoyarla, a ella y a su familia, con la unidad y ayudas concretas. Las hospitalizaciones se vuelven cada vez más frecuentes y con éstas los tratamientos bastante dolorosos que Chiara enfrenta con gran valentía. En cada nueva y dolorosa “sorpresa”, su ofrecimiento es decisivo: “¡Por ti, Jesús, si lo quieres tú, lo quiero también yo!”.

A pesar de lo grave de su condición, Chiara, apenas se lo permite su salud, participa personalmente, con alegría y entusiasmo, a cuanto se vive en el Movimiento de los Focolares.

Pronto llega otra gran prueba: Chiara pierde el uso de las piernas. Una nueva operación resulta inútil. Para ella significa un sufrimiento enorme: se encuentra como en un túnel oscuro, pero encuentra la fuerza para lanzarse de nuevo a amar, y la luz vuelve. "No tengo piernas pero el Señor me ha dado alas... Si tuviera que escoger entre caminar o ir al Paraíso – le confiesa a alguien – escogería sin titubear: ir al Paraíso. Ahora me interesa sólo eso".

Desde pequeña se había comprometido a vivir el Evangelio al 100%, aún con los altos y bajos propios de la adolescencia. Escribe en su agenda, dirigiéndose a sus amigos: 

“Salí de sus vidas por un instante. ¡Cómo hubiera querido detener el tren en marcha que me alejaba cada vez más! Pero en ese entonces no lo comprendía. Me encontraba todavía absorbida por tantas ambiciones, proyectos y quién sabe qué otras cosas (que ahora me parecen tan insignificantes, frívolas y pasajeras). Otro mundo me esperaba y no me quedaba más que abandonarme. Pero ahora me siento envuelta en un espléndido designo que poco a poco se me va revelando”.

El médico que la asiste, no creyente, y muy crítico frente a la Iglesia, queda cada vez más profundamente impresionado por su testimonio y el de su familia: “Desde que conocí a Chiara, algo ha cambiado dentro de mí. En ella hay coherencia, en ella todo el cristianismo me encaja”.

Su relación con Chiara Lubich (fundadora de los focolares) es estrechísima: la mantiene continuamente al día acerca de su estado de salud y de sus conquistas y descubrimientos. El 30 de diciembre del ‘89 Chiara le responde: “…Te siento toda dispuesta a corresponder el amor de Dios y a darle tu sí continuo. Yo te sigo constantemente con la oración y con todo mi amor. He escogido la Palabra de Vida que deseabas: ‘El que permanece en mí y yo en él, éste da muchos frutos’. ¡Hasta luego, Chiara! Le pido al Espíritu Santo el don de la fortaleza para ti, para que tu alma, por el amor a Jesús Abandonado, pueda siempre ‘cantar’. …”

Aun habiendo quedado inmóvil, Chiara es activísima: sigue por teléfono el grupo naciente de Jóvenes por un Mundo Unido de Savona; se hace presente en los Congresos y actividades varias a través de mensajes, tarjetas, carteles; hace locuras para que sus amigos y compañeros conozcan a los gen y a las gen … Invita a muchos de ellos al Genfest ’90 (manifestación internacional de los Jóvenes por un Mundo Unido, en Roma, en mayo del ’90), el cual por fortuna puede seguir en directo gracias a la antena parabólica instalada en el techo de su casa.

Al inicio del verano, los médicos deciden interrumpir las terapias: el mal se presenta ya incontenible. En seguida la joven informa a Chiara Lubich de su situación. Es el 19 de julio del ’90: “La medicina ha depuesto sus armas. Al interrumpir el tratamiento médico, han aumentado los dolores en la espalda, y ya no puedo prácticamente girarme hacia los lados. Me siento tan pequeña, y el camino por recorrer es tan arduo…, con frecuencia me siento sofocada por el dolor. Pero es el Esposo que viene a visitarme, ¿verdad? Sí, yo también repito contigo: “Si lo quieres tú, lo quiero también yo”… ¡Estoy contigo, convencida de que, junto a Él, venceremos al mundo!”

Chiara Lubich en seguida le responde: “No tengas miedo, Chiara, de decirle a Él tu sí, momento por momento. Él te dará la fuerza, ¡tenlo por seguro! Yo también rezo por esto y estoy siempre allí contigo. Dios te ama inmensamente y quiere penetrar en lo íntimo de tu alma y hacerte experimentar gotas de cielo. “Chiara Luce” es el nombre que he pensado para ti; ¿te gusta? Es la luz del Ideal que vence al mundo. Te lo mando con todo mi afecto…”

Al agravarse la enfermedad se necesita intensificar el suministro de morfina, pero Chiara Luce lo rechaza: “Me quita la lucidez, y yo, a Jesús, le puedo sólo ofrecer el dolor”.

Durante un momento de sufrimiento físico particular, le confiesa a su mamá que en su corazón está cantando: “Heme aquí, Jesús, también hoy delante de Ti…” Para ella está claro que dentro de poco podrá encontrarse con Él y se prepara. Una mañana, después de una difícil madrugada, le viene espontáneo repetir a intervalos breves: “Ven, Señor, Jesús”. Son las 11 cuando inesperadamente viene a visitarla un sacerdote del Movimiento. Chiara Luce está contentísima: desde que se había despertado deseaba, de hecho, recibir a Jesús Eucaristía. Se vuelve su viático.

Chiara Luce parte para el Cielo el 7 de octubre de 1990. Había pensado en todo: los cantos para su funeral, las flores, el peinado, el vestido, que había deseado de color blanco, de novia… Con una recomendación: “Mamá, mientras me preparas deberás repetir siempre: ahora Chiara Luce ve a Jesús…. Sean felices, porque yo lo soy”. El papá le había preguntado si estaba dispuesta a donar las córneas: había respondido con una sonrisa luminosísima. Enseguida después de la partida de Chiara Luce para el Cielo llega un telegrama de Chiara para sus padres: “Agradecemos a Dios por esta luminosa obra maestra suya”. 

El 19 de diciembre de 2009 S.S. Benedicto XVI autorizó la promulgación del decreto que reconoce un milagro atribuido a la intercesión de la Sierva de Dios Chiara Badano, fue proclamada beata el día 25 de septiembre de 2010 en el santuario de la Virgen del «Divino Amore» (Roma-Castel di Leva).

La fiesta en la Iglesia para recordar a la nueva beata, Chiara "Luce" Badano, ha sido fijada para el 29 de octubre.