lunes, 26 de agosto de 2019

Santa Juana Isabel Bichier des Ages

Nació en Ages, Francia en 1773. Su padre era empleado del gobierno. Desde niña tenía gran compasión por los enfermos y mendigos de modo que hacía todo lo que podía por ayudarlos.

Un día encontró a una pobre mujer con hambre y frío y con un niño en los brazos. La llevó a su casa, le dio de comer y le dio un manto de lana.

Desde niña le encantaba construir castillos de arena en la playa. Más tarde Dios la llamará para construir hogares para los pobres. Exclamará: "La inclinación a construir edificios la tuve desde muy chiquita". Era una inclinación regalada por Dios para que hiciera un gran bien a la humanidad.

A los 19 años Juana Isabel tenía varios pretendientes pero ella declaró a su madre que su deseo era dedicarse totalmente a buscar el reino de Dios y la salvación de las almas. En aquellos tiempos comenzó la Revolución Francesa. Perseguían a muerte a los propietarios de tierras. El hermano de Juana Isabel tuvo que huir al extranjero y la herencia del padre estaba en gran peligro. Ante la necesidad, Juana Isabel estudió para saber administrar los bienes y defenderlos. Lo hizo con tanto éxito que pudo también socorrer a muchas familias pobres. Los mismos estudios le ayudaron después al fundar una comunidad religiosa.

Juana Isabel visitaba también a los sacerdotes y religiosas que la Revolución encarceló por negarse a renunciar a su fe. También mostró gran caridad con los carceleros de manera que estos trataban mejor a los presos.

Se conserva una estampita de Nuestra Señora del Socorro donde nuestra joven escribió: "Yo Juana Isabel, me consagro y dedico desde hoy y para siempre a Jesús y María". 5 de mayo de 1797. Poco tiempo después, Juana se enteró de que a 15 kilómetros de su casa celebraba la misa clandestinamente el Padre San Andrés Fournet. Debía ser de noche en un granero.


Juana Isabel quiso hablar con el sacerdote quien al verla tan elegante la puso a prueba: "Usted, aguarde, que antes debo atender a estas personas pobres". Ella aceptó con buena voluntad y después se acercó a confesarse con el padre. El fue desde entonces su director espiritual y entre ellos creció una santa amistad que los llevó a fundar una comunidad. Ella le pidió permiso para irse de monja a un monasterio trapense (de clausura). Pero él le aconsejó que más bien se quedara en el mundo ayudando a la juventud pobre y que se encuentra siempre tan desprotegida.


Padre Fournet y Juana Isabel, con un grupo de muchachas piadosas, fundaron la comunidad de Hijas de la Cruz, para atender a la juventud pobre y abandonada. La santa se dedicó a fundar casas de su comunidad en diversos sitios de Francia. Cuando las vocaciones escaseaban ella redoblaba la oración y Dios enviaba vocaciones. El Padre Fournet le mandó a vestir de negro con tela ordinaria, lo cual disgustó a sus familiares ricos. 


Fundó más de 60 escuelas para niñas pobres. Con un entusiasmo parecido al de Santa Teresa de Avila viajaba, dirigía y administraba. Hacía además agotadores trabajos, oraciones, ayunos y penitencias. Murió el 26 de agosto de 1838.

Fue Canonizada el 06 de julio de 194, por el Papa Pio XII.

lunes, 29 de julio de 2019

El Niño Jesús de Beaune

El Pequeño Rey de la Gracia y la Venerable Margarita del Santísimo Sacramento


La devoción al Niño Jesús está extendida por el mundo. Países como República Checa, España, Italia, Filipinas, Colombia, entre otros, le tienen un aprecio muy especial. Muchos santos, beatos y venerables a lo largo de los siglos han manifestado su amor especial a Jesús en su infancia; pero fue gracias a Margarita Parigot, la venerable Margarita del Santísimo Sacramento, que la devoción comenzó a expandirse.

Como hija de la Orden del Carmelo -donde la devoción a la infancia de Jesús es parte importante, gracias a Santa Teresa de Ávila quien la propagó en todas las casas carmelitas-, la venerable heredó este amor filial al pequeño Jesús 

Dicen que Margarita, cuando contaba con sólo 11 años, tenía una especial unión con Dios y vivía excepcionales experiencias místicas. La niña, quien amaba profundamente el Santísimo Sacramento, entra a esta edad al Carmelo de Beaune en Francia. La misma noche de su ingreso Jesús se le manifiesta mediante una voz que la llamó "mi pequeña esposa" y "esposa del Niño Dios en el pesebre".

Una de las experiencias místicas más importantes que vivió ocurrió en 1636 cuando escuchó del mismo Señor las siguientes palabras: "Todo lo que quieras pedir, pídelo por los méritos de mi infancia, y tu oración será escuchada".

A partir de este momento Margarita se dedicó a propagar la devoción al Niño Jesús, especialmente en Francia, incluso en una oportunidad la venerable carmelita tuvo una revelación en que el Niño Dios salvaría la ciudad si se oraban 12 avemarías en honor a los 12 años de su infancia, acompañados de tres Padrenuestros en honor a Jesús, María y José, que es lo que se conoce como la "Coronilla a la Divina Infancia". Con esta oración la ciudad y el país se vieron milagrosamente protegidos, lo que llevó a muchos fieles a expresar su devoción a Dios Infante.

Sus experiencias místicas, así como los milagros del Niño Jesús, son muy pronto conocidos fuera del convento. Tanto así que el barón Gastón de Renty decide enviarle a la venerable Margarita una hermosa imagen del Divino Infante, hoy conocido como el Niño Jesús de Beaune y como "Pequeño Rey de Gracia": hermosa figura de 60 centímetros de alto que presenta al Divino Niño Jesús reinando, muy parecido al Niño Jesús de Praga, con la diferencia que en su manita izquierda no porta el universo creado, sino un cetro.

La imagen es recibida por la comunidad Carmelita de Beaune en el año 1643, donde la acogen con un especial ajuar de vestidos y joyas. También se edificó una capilla unida al monasterio para que el Niño Jesús fuese venerado públicamente por los fieles.

La religiosa carmelita falleció a sus 29 años. Su encuentro con el Señor ocurrió el 26 de mayo de 1648, muriendo en olor de santidad.


La Coronilla de la Divina Infancia

Fue precisamente del Convento Carmelita de Beaune, y gracias a la venerable Margarita del Santísimo Sacramento, que se dio a conocer la devoción a la "Coronilla de la Divina Infancia", oración que se reza de la siguiente manera:

Por la señal de la Santa cruz, etc.

Adorada y glorificada sea la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén.

Adorado y Glorificado sea el Padre. El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. (Padre Nuestro).

Adorado y Glorificado sea el Hijo. El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. (Padre Nuestro).

Adorado y Glorificado sea el Espíritu Santo. El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. (Padre Nuestro).

Luego se meditan los 12 misterios de la Infancia de Jesús:
Dulcísimo Niño Jesús, os adoro en el Misterio de vuestra Encarnación. El verbo de Dios se hizo carne y habitó entre nosotros. (Ave María).
Dulcísimo Niño Jesús, os adoro en el Misterio de la Visitación. (Ave María).
Dulcísimo Niño Jesús, os adoro en el Misterio de vuestro Nacimiento. (Ave María).
Dulcísimo Niño Jesús, os adoro en el Misterio de la Adoración de los pastores. (Ave María).
Dulcísimo Niño Jesús, os adoro en el Misterio de la Circuncisión. (Ave María).
Dulcísimo Niño Jesús, os adoro en el Misterio de vuestra Epifanía. (Ave María).
Dulcísimo Niño Jesús, os doro en el Misterio de vuestra Presentación en el Templo (Ave María).
Dulcísimo Niño Jesús, os adoro en el Misterio de vuestra Huida a Egipto. (Ave María).
Dulcísimo Niño Jesús, os adoro en el Misterio de vuestra Permanencia en Egipto. (Ave María).
Dulcísimo Niño Jesús, os adoro en el Misterio de vuestro regreso a Nazaret. (Ave María).
Dulcísimo Niño Jesús, os adoro en el Misterio de vuestra vida oculta en Nazaret. (Ave María).
Dulcísimo Niño Jesús, os adoro en el Misterio de vuestra pérdida y hallazgo en el templo. (Ave María y Gloria).

Se culmina con la siguiente oración:

Vos, oh Dios mío, que os dignasteis constituir a vuestro Unigénito Hijo Salvador del género humano y ordenasteis que se llamara Jesús, conceded propicio que los que veneramos su Santo Nombre en la tierra, gocemos de su presencia en los cielos. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

La Coronilla se reza cada 25 de mes, y como novenario desde el 25 de enero al 2 de febrero, en preparación al a solemnidad de la Presentación del Niño Jesús en el templo.

miércoles, 24 de julio de 2019

Nuestra Señora de Atocha

La imagen de la Virgen de Atocha es una de las más antiguas de España. La talla bizantina más antigua de la historia de Madrid de rostro moreno oscuro. Sus ojos son grandes y risueños, llenos de misericordia para todos los madrileños y personas que la veneran. Mide 60 centímetros. Está sentada y en su regazo lleva al Niño Jesús, que abraza con su mano izquierda y al que ofrece una manzana con la mano derecha. Muestra al Niño Jesús bendiciendo con dos dedos de la mano derecha, como era costumbre representarlo en los primeros siglos del cristianismo.

En el siglo VII, San Ildefonso de Toledo, habla de la gran devoción a la Virgen de Atocha en su ermita construida, en un principio, en el camino de Vallecas. Desde el siglo XI hablan ya, las crónicas, de la iglesia de Atocha. Desde la reconquista de Madrid en el 1083 por Alfonso VI, atribuida a la intercesión de la Virgen de Atocha, fue creciendo más y más la devoción y el amor a Nuestra Señora de Atocha, a la que se edificó un digno santuario. Todos los reyes de España se han esforzado en mejorar y ampliar el Santuario de la "Patrona de España y de sus católicos Monarcas", como se lee en alguna estampa que mandó imprimir la Reina Isabel II.

El confesor del emperador Carlos I, Fray Juan Hurtado de Mendoza, Dominico, consiguió de su Majestad, crear un convento de frailes dominicos para atender y cuidar, con todo amor, el Santuario de la Virgen de Atocha. Esta decisión fue aprobada por el Papa Adriano VI, y hasta el día de hoy, son los Dominicos los que atienden pastoralmente la Basílica, a los devotos y a la Cofradía de Nuestra Señora de Atocha. El Santuario de Atocha fue elevado a la dignidad de Real Basílica, el 12 de noviembre de 1863, a petición de la Reina Isabel II, gracia que le fue otorgada por Pío IX, nombrando un rector y tres capellanes para atender lo más dignamente posible a la Madre de Dios, venerada como Nuestra Señora de Atocha.

Patrona de la Villa, era sacada en procesión en caso de epidemia, como ocurrió en 1580 cuando el pueblo de Madrid buscó protección contra la terrible gripe que azotaba la ciudad. Es la Virgen preferida por la nobleza y la realeza, tanto por la de Austria como por la de los Borbones, que se ocuparon en conservar y mejorar la iglesia y el convento que la acoge; hoy en día se mantiene la tradición de que los descendientes del heredero a la  corona sean bendecidos por la Virgen de Atocha.


martes, 23 de julio de 2019

Beato Víctor Emilio Moscoso Cárdenas

Había nacido en Cuenca, Azuzay, Ecuador, el 21 de abril de 1846 recibiendo el agua del bautismo seis días más tarde. Colombia y Ecuador se hallaban enfrentados y la Compañía de Jesús de la que formaría parte y dentro de la cual obtuvo la palma del martirio había sufrido los envites de quienes se oponían a su presencia y acción evangelizadora viéndose expulsados en un vaivén que los mantuvo en medio de las tensiones de esos países.

Salieron de Ecuador obligados por los gobernantes en 1850 y García Moreno los acogió de nuevo en 1862. Pero proseguían las tensiones y los riesgos para los religiosos llegaron a ser tan serios que eligieron Riobamba y Cuenca como destino para su propia protección.

Justamente cuando Emilio se hallaba cursando leyes en la universidad a sus 18 años los jesuitas tenían casa abierta en Cuenca, lo cual le permitió ingresar en el noviciado. Profesó en el capilla de santa Mariana de Jesús en Quito.

Posteriormente se trasladó a Colegio Seminario San Luis para completar su formación, que ya era significativa puesto que mostró ser un avezado filósofo, y ello le capacitó para ejercer la docencia en el Colegio San Felipe de Riobamba del que fue elegido vicerrector y al que llegó en 1892.

Pero en 1895 se produjo una invasión del país por parte de los liberales cuyas tropas en 1896 se habían hecho con la capital de la República sin lograr anexionarse grupos, como en Riobamba que no les eran leales. Fue el motivo por el cual tuvieron en el ojo de mira al obispo de Riobamba y a los religiosos jesuitas en quienes vieron responsables de tal resistencia. Llegando lejos apresaron al prelado y a renglón seguido a los jesuitas. Era el 2 de mayo de 1896.

La madrugada del 4 de mayo de 1897 Emilio se hallaba orando cuando tropas militares que luchaban contra los que conformaban la resistencia que se habían atrincherado en el colegio de los jesuitas, se vio en el ojo del huracán. Aquellos ignoraban que la comunidad estaba dentro por eso tomaron el centro educativo que juzgaron lugar estratégico para combatir a los militares.

Pero éstos recibieron los ataques de la resistencia juzgando que tales provenían del colegio siendo que, en realidad, los jesuitas estaban ajenos a lo que acontecía fuera. No tardaron en darse cuenta. Los militares asaltaron el colegio, echaron abajo las puertas del templo y profanaron las Sagradas Formas destruyendo lo que hallaron al paso amén de proferir insultos vejatorios contra la comunidad.

Al hallar al P. Moscoso orando sin mediar palabra le asestaron dos disparos a quemarropa y después de tanta infamia aún añadieron otra más colocando en sus manos el arma homicida para hacer creer a todos que la muerte del religioso se produjo en la refriega en la que él habría estado implicado. Pero Dios que todo lo conoce al paso del tiempo restituye no solo la imagen de este religioso, que ya tenía fama de virtud y como tal era reconocido, sino que la Iglesia fundada por Cristo, a la que amó abre la vía para ser elevado a la santificación.
Será Beatificado el 16 de noviembre de 2019, en su natal Ecuador.

San Isaac Jogues y compañeros mártires de Canadá

San Isaac Jogues y Compañeros


Entre los miembros de la Compañía de Jesús que trajeron el mayor renombre a la iglesia  en América del Norte a mediados del siglo XVII, Dios escogió como víctimas a ocho hombres de una integridad sobresaliente, para que de las semillas de la fe regados con su sangre pudiera surgir una cosecha más abundante.

Todos estos Mártires - seis sacerdotes y dos laicos - nativos de Francia, fueron enviados por sus superiores a las Misiones en Canadá, en ese momento conocida como Nueva Francia. Con Quebec como centro, hicieron innumerables viajes misioneros a los diversos sectores de este vasto territorio, trabajando allí en medio de las mayores dificultades. Al final, todos fueron cruelmente asesinados y por la misma razón, su fe, aunque no al mismo tiempo y lugar. John de Brebeuf, nacido en Conde-sur-Vire, en la diócesis de Bajon (ahora Constanza), de una familia ilustre, e Isaac Jogues, nacido en Orleans, son considerados como sus líderes y maestros y, ¡con gran razón!: porque eran hombres valientes, disparados con celo apostólico, viviendo la vida más mortificada, en íntima unión con Dios en oración, y en ocasiones honrados con visiones celestiales. 

A diferencia de ellos, estaban sus cuatro sacerdotes acompañantes: Anthony Daniel, nacido en Dieppe, Gabriel Lalemant y Charles Gamier, ambos parisinos, y Noel Chabanel, natural de Mende; todos ellos cumplieron fielmente sus funciones sacerdotales, trabajando principalmente en varias aldeas del territorio de Hurón.

Las frecuentes incursiones de los iroqueses, una tribu vecina hostil, causaron a menudo estragos en las misiones del Hurón y pusieron seriamente en peligro las vidas de los Padres a cargo de ellas. En 1642, en un viaje de Quebec al territorio de Hurón, Isaac Jogues, junto con Rene Goupil, un coadjutor laico de la Compañía de Jesús, se encontró con los iroqueses que lo tenían a él y a su compañero como esclavos, y los sometieron a la mayoría de los más terribles tormentos. En el mismo año, el 29 de Septiembre, René fue asesinado por orden de un viejo salvaje, por odio a la cruz de la salvación. Estaba cerca de Auriesville, en el actual estado de Nueva York, donde este hombre tan sincero exhaló su alma a Dios. En el año siguiente, Isaac logró escapar y regresó a Francia. Regresó a Estados Unidos después de otro año y junto con John Lalande, que también era coadjutor de la Compañía de Jesús, realizó un segundo y tercer viaje hacia los salvajes, sus antiguos torturadores.

El 18 de Octubre de 1646, en la actual diócesis de Albany, Isaac fue golpeado con un tomahawk y así obtuvo la palma del martirio. Al día siguiente, su compañero, John, se encontró con un destino similar; tomó su vuelo al Cielo, para ser recompensado con la misma corona de martirio.

El 4 de Julio de 1648, en un ataque al pueblo de San José por los iroqueses, Anthony Daniel, a cargo de la misión Huron de allí, fue asesinado mientras defendía sin temor su rebaño. Abrumado por una lluvia de flechas y balas en la entrada de la iglesia, como buen pastor, entregó su vida por sus ovejas. Dentro de un año, el 16 de Marzo de 1649, en San Ignacio, una aldea situada en lo que ahora es la provincia de Ontario, Canadá, John de Brebeuf y Gabriel Lalemant fueron capturados por los iroqueses. Ese mismo día, Brebeuf, justamente llamado el Apóstol de los Hurones, murió de una manera gloriosa, después de someterse a largas y prolongadas torturas de la más atroz descripción, durante la cual este galante soldado de Cristo manifestó tal fortaleza que incluso excitó la admiración de los salvajes mismos. Al día siguiente, Gabriel Lalemant sufrió el mismo martirio cruel, durante el cual mostró la misma virtud heroica.

En Diciembre del mismo año, 1649, en la víspera de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María, Charles Garnier, después de varias heridas de bala, fue asesinado por un golpe de hacha, lo que añadió una corona gloriosa a una vida de excepcional inocencia. Al día siguiente, Noel Chabanel se convirtió en la víctima de la traición de un Apóstata de Huron que lo mató y arrojó su cuerpo al río. Su anhelo por la palma del martirio se realizó así en su propia misión querida. Aunque sintió una repugnancia natural por este trabajo entre los salvajes, héroe que era, se comprometió con un voto de permanecer en esta misión hasta la muerte. Estos ocho mártires, los primeros en América del Norte, fueron beatificados por el Papa Pío XI en 1925 y fueron canonizados por el mismo Pontífice cinco años después.