miércoles, 6 de mayo de 2020

Beato Luis María Palazzolo

Nació en Bérgamo, el día 10 de diciembre de 1827, hijo de Octavio y Teresa Antonia. Fue el último de los doce hijos de este ejemplar matrimonio. Recibió las aguas bautismales en la iglesia de San Alejandro de su ciudad natal. Su piadosa madre fue la que tuvo el cuidado de su primera instrucción. Después pasó al colegio de San Alejandro, bajo el cuidado del P. Valsecchi, nombrado poco después obispo, quien lo dirigió espiritualmente por cuarenta años. Desde tierna edad, mostró tanto afecto por los pobres y enfermos, que su madre tenía que irle a la mano para que no se excediera. Gustaba mucho de ir a la iglesia. Pronto sintió el llamado al estado sacerdotal e ingresó al seminario, donde hizo sus estudios con notable aprovechamiento. Fue ordenado sacerdote el día 23 de junio de 1850.

Entonces tuvo oportunidad de dar rienda suelta a su fervor para propagar la doctrina cristiana en el oratorio de la calle Foppa. Ahí instituyó obras sociales y asistenciales para los más vulnerables. Construyó la iglesia y amplió la casa; tuvo especial cuidado de los niños que mostraban vocación a quienes sostenía con limosnas, hasta que se ordenaban presbíteros. El éxito de su oratorio llegó a ser encomiado por las autoridades civiles. Sin embargo, en el año 1859, por razones políticas, tuvo que clausurar tan benéfica obra. Incansable en su trabajo, el P. Luis María volvió a abrir dos años después otro oratorio, cercano al anterior. Lo dedicó a san Felipe Neri y construyó iglesia, con escuela, atrios, teatro y casa para los pobres.

Poco después, en 1863, recibida la herencia de su madre, adaptó la villa «Torre Boldone» para huérfanos y niños abandonados. Para el cuidado de ellos, fundó el instituto de los «Hermanos de la Sagrada Familia». No quiso que las niñas quedaran sin cuidado. El día 6 de enero de 1864, fundó una obra que pronto transformó en un oratorio para niñas; obras que entregó después a las «Hermanas de los Pobres». El mismo hizo las reglas del nuevo instituto, que fue aprobado por el ordinario en 1886 y por la Santa Sede en 1912. Su familia de huérfanos creció rápidamente. Para el año 1886, había alimentado e instruido a 1204 pequeños. De ahí el título que le dieron de "Padre de los Pobres". Su labor fue amplia en todos sentidos. Su humildad profunda; no quería que le llamaran fundador. Siguió siempre el consejo de los que le dirigían espiritualmente. Abrió sus puertas a los más desgraciados entre los pobres: huérfanos, deformados, idiotas, ulcerosos. Por fin, más bien cargado de dolores que de años, después de recibir los últimos auxilios, descansó en el Señor el día 15 de junio del año 1886, a la edad de 59 años. Fue beatificado por el Papa Juan XXIII, el 19 de marzo de 1963 y será prontamente canonizado por el Papa Francisco durante el 2020.

Venerable Elena Silvestri

Elena Silvestri nació en Bassano del Grappa el 4 de febrero de 1839. Sus padres, Carlo Silvestri, originario de Verona y su esposa paduana Caterina Masotti, su testimonio de una fe viva, contribuyeron para formar la personalidad de Elena, cultivando y enriqueciendo sus cualidades humanas y religiosas.Estudió en el colegio de las Hijas de Jesús en Verona, cultivando sus aptitudes, gusto artístico y piedad. 


Por el trabajo de magistrado, realizado por Carlo, la familia vivió en varios lugares. La última parada es Venecia, donde Elena madura gradualmente el descubrimiento de su vocación, en la trama concreta de situaciones felices y tristes, escuchando a las personas que el Señor pone en su camino, incluso cuando acepta una propuesta de matrimonio destinada a caer.


El encuentro de 1872 con el jesuita p. Sandri, y posteriormente con los Padres Bianchini y Carli, abrió a Elena a la espiritualidad ignacana, que ama y reconoce como parte constitutiva de su propio carisma. De hecho, su viaje personal y el del Instituto que fundó siempre serán guiados y apoyados por los Padres Jesuitas, cuya residencia estaba al lado del palacio Seriman, la Casa Madre de las Siervas del Niño Jesús.


Pronto también aprendió a conocer el entorno social, cultural y eclesial veneciano, rico en estímulos y tensiones, vinculado a la cuestión romana y a algunas regulaciones anticlericales del Reino de Italia, del que Venecia ahora forma parte. Estimulado por el párroco, monseñor Tessarin, su pertenencia a la Iglesia gradualmente se vuelve más activa. La experiencia que está haciendo dirige su dinamismo apostólico en particular hacia los jóvenes trabajadores, cuya dramática situación existencial y religiosa se está dando cuenta gradualmente. Así comienza, en oración, escuchando los deseos que el Espíritu levanta en ella, para delinear cuál será su misión en la iglesia.


De hecho, la figura de Elena también tiene valor desde el punto de vista histórico, ya que su vocación maduró en un momento crucial en la vida y la sociedad y la Iglesia en Italia en el siglo XIX. Por un lado, las guerras del Risorgimento, el desarrollo industrial, la explosión de la cuestión social, la explotación de los trabajadores en las fábricas favorecen el compromiso de la Iglesia y los religiosos hacia los diversos tipos de pobreza que emergen ... La tensión y el choque con la cultura dominante de la época (Ilustración, liberal, masónica, socialista, a menudo anticlerical: ver la pérdida de los bienes de la Iglesia y los Institutos religiosos, las leyes subversivas). Elena y su familia respiran el aire de esta época y la Providencia llama a la joven a insertarse en esta situación incandescente.


Después de la primera vez en que participó en la Sociedad de Mujeres Católicas en Venecia, bajo la acción de la gracia, Elena aclara y describe su vocación original en la Iglesia, como mujer consagrada y como fundadora. Atraída por el misterio de la Encarnación, lo expresa y lo hace visible al responder a la sed de Dios y de los valores humanos y cristianos, presentes en los corazones de los jóvenes de su tiempo, especialmente los más pobres y sin educación, a cuya educación integral dedicará toda su vida. 


Después de más de diez años dedicados al cuidado de las mujeres jóvenes, en el que ha participado otras damas, catequistas, familias de mujeres jóvenes, su propia familia e instituciones, dando respuesta a algunas de sus necesidades, en oración, reflexión y diálogo prolongados. De hecho, con su padre espiritual, Elena siente la necesidad de fundar un Instituto, porque cree que solo en el don total de sí misma al Señor puede realizar su sueño de mejorar una parte del mundo, a través de la educación, la promoción y la educación. Elevación social de la mujer.


Al Instituto que fundó, Elena le da una fisionomía original e inconfundible, creando una síntesis nueva y original en la iglesia del siglo XIX: es una combinación de la dimensión interna de la vida, caracterizada por una espiritualidad religiosa verdadera y auténtica, vivida con radicalidad. y orientado por la espiritualidad de la Compañía de Jesús, y la forma externa de tipo secular.


Enamorada de Cristo, llevará a cabo esta misión junto con otras mujeres, animada por el mismo deseo de enamorarse de Jesús, poniéndose al servicio de la juventud, con un estilo de "secularidad" que permite que Elena y sus comunidades se encarnen en la Iglesia y la cultura. de tiempo, sin demasiadas limitaciones, con respecto a la realidad eclesial del tiempo. Tocada por los muchos rostros de la pobreza y, sobre todo, por el radical que toca las conciencias, el sentido de la vida, la fe, se siente desafiada a dar una respuesta. Su acción apostólica tiene como objetivo ayudar a las mujeres jóvenes a descubrir y vivir su vocación como mujeres, llamadas a dar un nuevo tipo de testimonio en la familia, en el mundo del trabajo, en una sociedad secularizada en proceso de transformación, en la que diversos factores, junto con la industrialización,


Elena busca una solución a la insuficiencia educativa de los modelos catequéticos, a la soledad y la pobreza en que viven muchos jóvenes, a la despersonalización y explotación que muchos de ellos aún sufren desde muy jóvenes, ingresando temprano en las fábricas. Innova idiomas, métodos, horarios, prepara entornos para poder alcanzarlos y acompañarlos personalmente y en grupos, hasta y más allá de la adquisición de una cierta madurez personal, colocando la educación del corazón en el centro. Escribe y recopila la experiencia que está desarrollando, poniéndola a disposición de otros catequistas y, después de haberla difundido y revisado por dos padres jesuitas, publica la Guía para la Primera Comunión. Educa a los jóvenes a través de la catequesis, la formación continua, los ejercicios espirituales, pero también los entrena a través del trabajo abriendo varias escuelas, incluyendo un mosaico, para el cual hace uso de laicos competentes, incluido el ingeniero Saccardo, director de la restauración de la Basílica de S. Marco. Ofrece así a los jóvenes una profesión y la posibilidad de obtener ganancias.


El Instituto fundado por Elena Silvestri el 4 de marzo de 1884 fue trasplantado, aún vivo, a Gorizia y Fiume. Murió en Venecia a los 68 años el 12 de marzo de 1907 en fama de santidad. Fue reconocida venerable por el Santo Padre Juan Pablo II el 20 de diciembre de 1999.

Beato Pedro González Telmo "San Telmo"

El bienaventurado y apostólico varón  Pedro González, llamado vulgarmente san Telmo, nació de padres nobles en la villa de Fromesta, a cinco leguas de la ciudad de Palencia.

Dióle el obispo, que era tío suyo, un canonicato, cuando aun no le sobraban los años, ni la gravedad y asiento que para aquel ministerio con venía, y procuró además que el Papa le diese el decanato.

Cuando Pedro González hubo de tomar la posesión, que fue el día de Pascua de Navidad, quiso el nuevo canónigo celebrar la fiesta, no como eclesiástico sin como lego y profano.

Vistióse para aquel día galana y profanamente, y salió con otros en un caballo brioso muy bien aderezado por toda la ciudad, desempedrando, como dicen, las calles a carreras, con gran desenvoltura y escándalo del pueblo. Pero para que se entiendan las maneras que Dios nuestro Señor toma para convertir las almas y atraerlas a sí, partiendo desaforadamente por la calle más principal de Palencia, cayó el caballo en medio de la carrera y dio con el canónigo en un lodo muy asqueroso, con harta risa de los que le vieron; porque cuando fueron a socorrerle, no había gala, ni vestido, ni rostro que diese muestra de lo que había sido.

Fue tan grande la vergüenza que causó a Pedro González aquella caída, que no podía levantar la cabeza, ni le parecía que podría ya vivir entre gente, hombre a quien tal desgracia había acontecido.

Alumbróle Dios al mismo tiempo el corazón; y hablando entre sí dijo: «Pues el mundo me ha tratado como quien es, yo haré que no se burle otra vez de mí».

Con esto, se va a un convento de santo Domingo, y con admiración de todos los que le conocían, tomó el hábito, y comenzó a vivir con tan grande perfección, que vino a ser un gran santo.

Predicaba después con obras y palabras, y como ángel del Señor; hablaba con tal fuerza de espíritu, que enternecía las piedras e inflamaba los corazones helados.

Despoblábanse los lugares en su seguimiento y muchas leguas iban caminando por oírle viejos y mozos, hombres y mujeres, ricos y pobres: y con este celo y espíritu anduvo por los reinos de España y estuvo en la corte del santo rey don Fernando, y se halló con él en el cerco de Sevilla y en otras guerras contra los moros.

Pero donde el santo más tiempo estuvo fue en Galicia, donde entre otras cosas hizo un puente sobre el río Miño, no lejos de Rivadavia, por los muchos peligros y muertes que sucedían en aquel paso.

Finalmente, después de haber ganado para Cristo innumerables almas y resplandecido con muchos milagros, en el domingo de Cuasimodo, dio en la ciudad de Tuy su bendita alma al Señor, el cual manifestó la gloria de su siervo con doscientos ocho milagros bien conocidos.

En el año 1254 el Papa Inocenci IV lo beatificó, y el 13 de diciembre de 1741 el Papa Benedicto XIV confirmó su culto.

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Es uno de los santos medievales más populares, cuya figura se agrandó por el juego de la fábula y cuyos milagros verdaderos o menos contribuyeron a meterlo en las entrañas del pueblo.

Su verdadero nombre de pila es Pedro y llevó como apellidos González Termo. Nació en una familia muy cristiana alrededor del año 1185, cuando es rey en León Fernando II y en Castilla Alfonso VIII; se bautizó en la iglesia románica de san Martín de Frómista, en Palencia.

Un tío suyo que es canónigo y llega a obispo se encarga de su educación. El joven Telmo entra en los Estudios Generales - centro, orgullo de los palentinos, recientemente establecido por Alfonso VIII, el vencedor de las Navas, antes aún que el de Salamanca, fundado en el siglo XIII por Alfonso IX-. Su inteligencia está mejor dotada que la de muchos; rinde más por los buenos maestros que por el esfuerzo que pone. No está Palencia para mucho intelectual esfuerzo ya que en la época no mandan los letrados teólogos sino los armados caballeros; es el tiempo del romance con juglares y trovadores que ganan su vida cantando batallas por el camino de Santiago bien cercano. A decir verdad, a Telmo le va la jarana, la bulla, la chanza y los torneos. Influye en la estudiantina y en el pueblo. Tiene éxito entre las mozas y es ¡sobrino mimado del obispo! Aunque las disposiciones son mínimas y parece que no habrá muchas promesas de buen clérigo, su tío lo hace canónigo y al poco tiempo lo eleva a deán con pingüe beneficio.

Telmo quiere tomar posesión el día de Navidad con cabalgata sonada. Así se disponen las cosas y nunca tuvo Palencia aire de mayor festejo. En bello alazán va el joven caballero, elegante, enjaretado, orgulloso y arrogante. El aplauso y los gritos van in crescendo, es el frenesí, el paroxismo del triunfo... pero en el cénit de la aclamación empieza Dios a prepararle un encuentro. Cabriolas del caballo y cuerpo en lodazal del ilustre caballero. Muestra vergüenza en la cara y siente vergüenza por dentro. Levantado entre las burlas, -es grande la chacota del pueblo y el ridículo que ha hecho- entra en casa. Es la ocasión de Dios. A lo Damasco hay conversión en un momento. Un fulminante cambio se da en Telmo. Está rezando, pide luz para ver el mejor modo de morir al mundo para siempre.

Rechaza el deanato, renuncia a la canongía y a sus prebendas. Llama a las puertas del convento de Dominicos que ha poco fundó en Palencia Domingo de Guzmán y donde se forman monjes que para la disputa con los albigenses. Allí se entrega a la oración, con disciplina y sacrificio, orden, obediencia, sacrificio, humildad, estudio, servicio a los demás y... ¡con alegría por dentro! Pasado un tiempo, con dotes de predicador innatas, explica la doctrina al pueblo, se producen conversiones, dedica tiempo a los pobres y visita a los enfermos.

Andalucía es promesa ahora que Fernando el Santo es rey de los dos reinos. Se ha pasado la línea de Sierra Morena y la arrebatar el sur a la Media Luna es el empeño de la cruzada. Los ejércitos están necesitados de ilusión, los soldados tienen alma que cuidar cuando los avances y retrocesos son vandálicos y las pasiones entran en juego. Allá está Telmo predicando, perdonando, alentando y encauzando a caballeros y mesnadas.

Un insólito hecho, provocado bien por la basteza de los descontentos o quizá por la zafiedad de los soldados, pone a prueba la solidez del santo que juzgaban "de cartón". Contratando una mujer ligera, experta en bajos oficios, han preparado la tentación. Telmo enciende un buen fuego y se arroja a las llamas solucionando el asunto ante el horror de la desgraciada y el asombro de los "listos".

De nuevo en Galicia, es Lugo quien se beneficia de su actividad apostólica. Las predicaciones son multitudinarias y con frecuencia son insuficientes los templos. Difunde ampliamente el Santo Rosario y tiene los primeros contactos con los marineros.

Córdoba es también, cuando la toman en el 1236, el lugar donde ejerce Telmo el ministerio y ahora es consejero y confesor del rey Fernando, además de atender a los ejércitos. Una preciosa tabla de la catedral de Tuy representa al rey arrodillado dentro de la real tienda con Telmo sentado impartiéndole perdón y consejo. Pero, como no es palaciego, terminado el encargo, vuelve a la Galicia de sus sueños.

Tuy se aprovechará de sus desvelos. Enseña lo que sabe, tiene cura de almas, resalta su oficio de padre de los pobres, dirige conciencias, socialmente influye -con la formación que da a los pescadores y marineros- poniendo los cimientos de lo que luego serán las cofradías y los gremios. Dicen que le vieron hacer milagros, mandar a las nubes, aplacar tormentas, atravesar a pie el Miño, conseguir milagrosamente comida y predecir el día y hora de su muerte conocidos por aviso del Cielo.

El obispo don Lucas -el autor del Chronicon Mundi- presidió sus funerales, mandó fabricar su mausoleo, conservar religiosamente sus reliquias y recoger información judicial para abrir su proceso.

Tantos portentos ha habido por medio del santo de tierra adentro que los marinos y pescadores aprenden a leer en el fenómeno eléctrico la presencia de san Telmo, y aún hoy no dejan de invocarle sin descanso cuando llega la tormenta y retumba el trueno.

fuente: Catholic.net

San Raimundo de Peñafort

San Raimundo es el patrón de los abogados y de las Facultades de Derecho. Nació en Peñafort (Barcelona, España) entre los años 1175 y 1177. Murió el 6 de enero de 1275 y fue el tercer Maestro General de la Orden de Predicadores. Fue jurista y consiguió el doctorado en Derecho. Fue confesor y asesor personal del Papa Gregorio IX y amigo del rey conquistador Jaime I. Escribió la Summa Juris Canonici y Summa de casibus como apoyo a los canónigos y confesores. Se dio a la tarea de crear las Constituciones de la Orden, lo que logró de gran manera. Murió en el convento de Barcelona.

Síntesis biográfica

Raimundo nace en el castillo de Peñafort, cerca de Barcelona, posiblemente entre los años de 1175 a 1177. Joven, ingresa en la comunidad de la catedral de Barcelona para prepararse al presbiterado. A los 20 años asume la enseñanza de las artes liberales. Es ordenado presbítero. Cerca de los 30 años se dirige a Bolonia a perfeccionarse en ciencias jurídicas. Allí obtiene el doctorado en derecho civil y eclesiástico.

En Bolonia habría conocido a Domingo de Guzmán así como la vida y misión de los hermanos. Entonces pide a su obispo Berenguer de Palou la creación de una comunidad dominicana en Barcelona. Raimundo retorna a la capital de Cataluña donde, como eminente jurisconsulto, se dedica a la enseñanza del derecho; es tenido como árbitro por excelencia en pleitos y litigios. El obispo le nombra canónigo de Barcelona, y participa en la unificación de la liturgia de Roma. En el año de 1222, renuncia a la canonjía y entra en la Orden de Predicadores. Opta así por una vida de evangelización y predicación.

En 1223 colabora con Pedro Nolasco, y con su amigo el rey Jaime I de Aragón en la fundación de la Orden de Nuestra Señora de la Merced, para liberar a los cristianos cautivos y esclavizados por los islamitas. San Raimundo de Peñafort es invitado por Gregorio IX a Roma para trabajar el Corpus Decretalium, es decir, el Código de Derecho Canónico Medieval.

Retorna a Barcelona y mientras permanece allí, el capítulo general de Bolonia de 1238 le elige Maestro de la Orden. Su tarea primordial: la de dotar a la Orden de unas Constituciones fijas y estables. Por sus labores y reputación, le ofrecen ser obispo. Rehúsa de Gregorio IX, los arzobispados de Tarragona en España y de Braga en Portugal.

Debido a sus enfermedades, convoca el capítulo general de Bolonia de 1240 para presentar su renuncia que es aceptada. Vuelto a su región crea dos institutos para la evangelización de mahometanos y judíos, uno en Murcia y otro en Túnez. Allí se forman los hermanos en las costumbres y lenguas árabes y judías. Pide a fray Tomás de Aquino un proyecto teológico que ayude a la formación y predicación de los hermanos en este campo; así nace la "Summa contra gentes".

San Raimundo de Peñafort murió en Barcelona el 6 de enero de 1275. Su cuerpo se venera en la catedral de Barcelona. Fue el primer santo canonizado en la actual Basílica Vaticana, por Clemente VIII, el 29 de abril de 1601. Es el patrón de los juristas católicos.


San Raimundo, desde su profesión de jurista, aporta en los ámbitos que se encuentra. Su visión y capacidad no se centran en un solo proyecto, sino en hacer fructificar soluciones para los problemas de la época. Él partió de una apertura a la colaboración, saber su lugar de misión y no el de buscar protagonismo y posicionamiento. Su semblanza espiritual fue de una sabiduría, cercanía y compasión tal, que le hacía excelente consejero y encargado de resolver asuntos muy delicados.

San Luis Beltrán

San Luis Bertrán nace el 1 de enero de 1526 en Valencia. Sus padres, Luis y Juana, eran nobles y piadosos. Tenia 16 años cuando abandona su hogar y peregrina al sepulcro del Apóstol en Santiago de Compostela. A su regreso intenta ingresar en el Noviciado de los Dominicos de su ciudad natal pero, debido a la negativa de sus padres, se le demora el ingreso. Decidido en su propósito asiste, de incógnito, a las reuniones conventuales para escuchar las pláticas del Superior. Con 18 años, el 22 de agosto de 1544, recibe el hábito dominicano. Es tan llamativa su entrega y generosidad por vivir el ideal de Santo Domingo de Guzmán que pronto destaca por sus penitencias y austeridades, por el recogimiento en sus dilatadas horas ante el Santísimo Sacramento de la Eucaristía y por la transparencia de su vida.

Tres años más tarde, en 1547, es ordenado sacerdote y destinado al recién fundado Convento de Santa Cruz de LLonbay. En 1.549 muere su padre y es destinado a Valencia y nombrado Maestro de Novicios y de Estudiantes porque todos consideraban a Luis Bertrán como la encarnación viviente del ideal dominicano. Valencia es presa de una peste maligna, los religiosos son repartidos y el P. Luis marcha al Convento de Santa Ana en Albaida.

Santo Domingo de Guzmán es el ideal de vida para el P. Luis Bertrán. El espíritu misionero se impone en su vida y comienza una nueva etapa y una nueva aventura. Tiene 36 años. El 14 de febrero de 1562 parte rumbo al Nueva Granada, la actual Colombia. A lo largo de 7 años es un misionero infatigable que cautiva con el ejemplo de su vida: en más de una ocasión, con peligros y pese a su quebradiza salud, su entrega, penalidades y tribulaciones.

Su campo de misión hay que situarlo en tierra adentro, más allá de Cartagena de Indias, en el área montañosa de Santa Marta y, más en concreto, en torno a Tubará. Su vida ejemplar y su fidelidad al Evangelio chocan con la ambición y con los abusos de los encomenderos cuya vida era ganar y ganar pasando por encima de las personas y de sus elementales derechos.

Es elegido Prior del Convento de Santa Cruz de Bogotá. Después de consultar con su hermano de Orden y gran figura de la evangelización de América, Fray Bartolomé de las Casas, regresa a España en 1.569.

Al año siguiente es elegido Prior del Convento de San Onofre de Museros. Al terminar su trienio, los superiores le vuelven a encargar la formación del Noviciado. Permanece al frente hasta el 15 de mayo de 1.575 en que es elegido Prior del Convento de Valencia. Concluido el período, una vez más, los superiores vuelven a nombrarle Maestro de Novicios.

San Luis Bertrán alcanza fama de santidad y de hombre de Dios en todas las clases sociales. Mantuvo correspondencia con Santa Teresa de Jesús y con San Juan de Ribera, Arzobispo de Valencia. Después de larga y penosa enfermedad muere en su ciudad natal el 9 de octubre de 1581. Tenia 55 años de edad.

Fue beatificado por Pablo V el 19 de julio de 1608 y 63 años más tarde, el 12 de abril de 1671 es canonizado por el Papa Clemente X.

Semblanza espiritual

San Luis Bertrán fue un excepcional Maestro de Novicios y Formador de Religiosos. Misionero y predicador popular abnegado. Hombre de profunda cultura eclesiástica y creador de toda una Escuela de Espiritualidad.

Religioso recio, austero y gran penitente. Tenía una fuerte llamada a la contemplación.

Encarnó profundamente el ideal dominicano de alta contemplación. Abnegado misionero, profesó gran dedicación al estudio.

Hombre en apariencia serio, poseía un gran corazón cargado de cercanía y de dulzura. El Papa Alejandro VlIl lo nombró en 1690 Patrono principal de Colombia.

lunes, 4 de mayo de 2020

San Gregorio de Narek

Se le supone nacido en Armenia hacia el 944, y murió en Narek, sobre el lago Van (Turquía), en 1010.

Fue hijo del obispo de Ansevatsik, que se llamaba Cosroes. Desde muy pequeño lo tomó bajo su protección su tío materno, Ananías el Filósofo, que era abad del monasterio de Narek. Allí fue instruido de modo especial en el conocimiento de las Santas Escrituras, se distinguió por su rigor ascético, y por su espíritu de oración. Gregorio pasó toda su vida tras los muros del monasterio.

Después de ser ordenado sacerdote, lo hicieron formador de los novicios que deseaban entrar en la vida monástica. Su fama de santidad y sabiduría trascendió las paredes de Narek, pasó a los monasterios vecinos y se convirtió sin pretenderlo en reformador de monjes.

Por la envidia de su sabiduría, y debido también a la estricta observancia de las normas de vida conventual, se ganó la enemistad de algunos que abrieron contra él una auténtica persecución; le llegaron a acusar injustamente de herejía, y aquella campaña terminó con la deposición de sus cargos.

Es uno de los grandes poetas de la literatura universal. Su obra poético-literaria se encuentra dispersa en el extensísimo Libro de oraciones; sus más de veinte mil versos los compuso en poco más de tres años.

Cuenta el sinaxario armenio que los obispos desearon conocer la clase de herejía que profesaba Gregorio de Narek; comisionaron a dos monjes sabios de su total confianza para que se entrevistaran con él y descubrieran sus errores. Aquellos buenos delegados temían una entrevista formal con quien tenía fama de recto y sabio; prefirieron hacer otras cuentas y someterlo a una especie de juicio de Dios. Idearon hacerle un exquisito paté de pichón y dárselo a comer en cuaresma; el asunto consistía en que, si Gregorio se comía el paté, sería hereje; si lo rechazaba, demostraría su fidelidad a la doctrina.

Se refiere que, nada más verlos entrar en su celda, Gregorio dejó su oración, se puso en pié, abrió la ventana y dio unas palmadas en el aire, mientras gritaba a los pájaros: "Venid, pajaritos, a jugar con el pescado que se come hoy". Entendieron aquellos monjes que el modo de resolverse la trampa era testimonio más que evidente de su santidad, y tomaron buena cuenta de su inocencia, porque un hereje nunca hubiera podido realizar tal gesto.

Y bien pudo ser así; porque, aunque el premio prometido comienza a disfrutarse detrás de los linderos de esta vida, algunas veces el buen Dios concede un anticipo tanto para mostrar su grandeza, como para dar un respiro de justicia a los que le son fieles.

El Santo Padre Francisco confirmó, el 21 de febrero de 2015, la sentencia afirmativa de la Sesión Plenaria de los cardenales y obispos miembros de la Congregación para las Causas de los Santos para la concesión de título de Doctor de la Iglesia Universal a san Gregorio de Narek, acto que se realizó el 12 de abril de 2015 al inicio de una Misa, precidida por Su Santidad, y que se realizó en la Basílica de San Pedro en el Vaticano.

Santa Águeda

Santa Águeda poseía todo lo que una joven suele desear: Una familia distinguida y belleza extraordinaria. Pero atesoraba mucho mas que todo su fe en Jesucristo. Así lo demostró cuando el Senador Quintianus se aprovechó de la persecución del emperador Decio (250-253) contra los cristianos para intentar poseerla. Las propuestas del senador fueron resueltamente rechazadas por la joven virgen, que ya se había comprometido con otro esposo: Jesucristo.

Quintianus no se dio por vencido y la entregó en manos de Afrodisia, una mujer malvada, con la idea de que esta la sedujera con las tentaciones del mundo. Pero sus malas artes se vieron fustigadas por la virtud y la fidelidad a Cristo que demostró Santa Águeda. 

Quintianus entonces, poseído por la ira, torturó a la joven virgen cruelmente, hasta llegar a ordenar que se le corten los senos. Es famosa respuesta de Santa Águeda: "Cruel tirano, ¿no te da vergüenza torturar en una mujer el mismo seno con el que de niño te alimentaste?". La santa fue consolada con una visión de San Pedro quién, milagrosamente, la sanó. Pero las torturas continuaron y al fin fue meritoria de la palma del martirio, siendo echada sobre carbones encendidos en Catania, Sicilia (Italia).

Según la tradición, en una erupción del volcán Etna, ocurrida un año después del martirio de Santa Águeda (c.250), la lava se detuvo milagrosamente al pedir los pobladores del área la intercesión de la santa mártir. Por eso la ciudad de Catania la tiene como patrona y las regiones aledañas al Etna la invocan como patrona y protectora contra fuego, rayos y volcanes. Además de estos elementos, la iconografía de Santa Águeda suele presentar la palma (victoria del martirio), y algún símbolo o gesto que recuerde las torturas que padeció (ver imagen, arriba).

Tanto Catania como Palermo reclaman el honor de ser la cuna de Santa Águeda. En algunos lugares, el "pan de Santa Águeda" y agua son bendecidos durante la misa de su fiesta.

La Iglesia de Santa Águeda en Roma tiene una impresionante pintura de su martirio sobre el altar mayor.

Santa Águeda es patrona de las mujeres con de cáncer de mama, nodrizas, enfermeros, bomberos. Es patrona de la ciudad de Catania, Gallipoli y la República de San Marino. También es invocada contra los terremotos, erupciones volcánicas y desastres ambientales.

Fuente: Corazones y Aleteia