domingo, 21 de julio de 2019

Beato Antonio María Schwartz

Antonio María Schwartz, el "apóstol trabajador" Nació en Baden, Austria, el 28 de febrero de 1852 . Hijo de una pareja humilde, era el cuarto de trece hijos y su infancia transcurrió bajo el cuidado de su madre y la educación recibida en la escuela primaria parroquial de Baden parroquia y escuela de canto en Heligenkreutz.
A los quince años sufrió la pérdida de su padre. En el año 1869, ingresó a estudiar en la Escuela de los Padres Escolapios y tuvo la oportunidad de conocer la obra de San José Calazans, las escuelas libres populares, lo cual lo convirtió en su gran devoto. Debido a la supresión en Austria, la escuela fue suspendida y en el año 1871 entró en el seminario diocesano. Pasó por situaciones difíciles de salud, el luego atribuiría su curación a la intercesión de la Virgen María a cual se consagró el 8 de diciembre 1873 y por ello cuando recibió la ordenación, el 25 de julio 1875, tomó el nombre de la Virgen pasándose a llamar Antonio María Schwartz .
Se desempeñó como capellán durante cuatro años y luego fue enviado a Viena para asistir espiritualmente a los pacientes en los hospitales de las Hermanas de la Misericordia de Schshaus. Allí comenzó a observar la situación de los jóvenes, quienes después de ingresar a la vida laboral, perdiás sus raíces de la fe. Llevó a cabo grandes esfuerzos para restablecer este marco y fundó, en 1882, un club de aprendices católicos. No consiguió, sin embargo, el apoyo financiero para su labor y cayó en una profunda enfermedad. Se recuperó y en 1888 fundó un periódico -escrito por él- llamado "Artesanato Cristianos". El 24 de noviembre 1889 fundó la "Unión de Obreros Católicos bajo la protección de San José de Calasanz". Construyó guarderías  y reunió voluntarios para crear la primera "iglesia para los trabajadores de Viena".

Sin miedo defendió drásticas medias sobre la formación de los jóvenes y el merecido descanso semanal, temas que incluso llegaron al debate en el Parlamento. Murió el 15 de septiembre de 1929 en Viena. Fue beatificado por el Papa Juan Pablo II el 21 de junio de 1998.

Venerables Antonio y Marco Cavanis

El padre Antonio Angelo nació en Venecia el 16 de febrero 1772 y el padre Marco Antonio el 17 de mayo de 1774. Hijos de una familia noble del patriciado veneciano y secretarios de la República. Reciben una excelente formación cultural y religiosa tanto por su familia y padres dominicanos.

Durante su adolescencia estalló la revolución francesa en 1789 y pasaron su juventud durante los tumultuosos eventos que llevaron a la caída de Venecia (1797): lo que durante siglos fue la poderosa reina de los mares, ahora se convierte en una tierra de intercambio entre Francia y Austria. Las ideas revolucionarias asustan y asustan. Los males que afligen a Venecia, a finales de siglo, son los síntomas verdaderamente intolerables de degradación moral, de pobreza insostenible, que llegaron a todos los estratos de la población, tanto para provocar la expresión desconsolada del Patriarca Ludovico Flangini, en la carta pastoral de 1802: " ... tiempos muy infelices, de inercia completa en términos de solicitud educativa de los cuales "desafortunadamente nuestra ciudad está ahora casi totalmente ausente".

Antonio Angelo tiene 23 años cuando, en 1795, renuncia a la carrera de secretario en la Cancillería Ducal y finalmente puede coronar el sueño tan anhelado: convertirse en sacerdote.

Los primeros pasos en el apostolado, junto con su hermano todavía laico, consisten en una escuela de “doctrina cristiana en la parroquia de Santa Inés y en un pequeño acto de caridad: una escuela doméstica en el hogar paterno para un pequeño grupo de niños pobres.


El primer fruto del celo común de los dos hermanos, en total armonía de mente y corazón, tiene una fecha precisa: 02 de mayo de 1802, y un nombre: la Congregación Mariana, es decir, un grupo de compromiso juvenil.


En 1806, después de haber renunciado como secretario del palacio, Marco también, siguiendo los pasos de su hermano, se convierte en sacerdote.

A partir de ahora, los caminos de dos personas, tan diferentes en carácter y carácter, están destinadas por la Providencia a converger cada vez más hacia un único objetivo: dedicarse totalmente a una obra tan querida por el Señor, tan saludable para las almas y muy necesario para la sociedad: La educación de los niños y jóvenes.

Unidos en un solo ideal se dictan iniciativas, proyectos y logros, que florecen uno tras otro: la sede definitiva de la escuela, el Oratorio, el patio de recreo, la biblioteca, publicaciones educativas y de capacitación, una escuela de dibujo, de agricultura, una imprenta, un instituto para niñas pobres.

Ricos de nacimiento, consumen el patrimonio familiar en apoyo de la institución, se vuelven pobres. Ante las crecientes necesidades económicas, no tienen miedo de pedir ayuda por amor a Dios y al prójimo, llamando a las puertas de conocidos y benefactores.

Para garantizar la continuidad del trabajo según su espíritu y para dar una figura jurídica, en 1820 dieron paso a una comunidad religiosa, aprobada en 1835 por la Santa Sede, bajo el nombre de Congregación de las Escuelas de la Caridad (Instituto Cavanis).

El padre Marco entrega su alma al Creador el 11 de octubre de 1853 y el padre Antonio el 12 de marzo de 1858, y la fama de santidad que disfrutaron en la vida, los acompañó después de su muerte.

En 1985, la Iglesia, habiendo reconocido el ejercicio de las virtudes heroicas practicadas por los hermanos Cavanis, los inscribió en el número de Venerables que los declararon dignos de ser imitados en sus virtudes e invocados como intercesores de gracias.

jueves, 18 de julio de 2019

Venerable Padre Antonio Próvolo

El Siervo de Dios Antonio Próvolo nació en Verona (Italia) el 17 de febrero de 1801 en el seno de una familia muy humilde. Su padre era vendedor ambulante de frutas y verduras, su madre lavandera.

Desde su adolescencia sintió la vocación religiosa que mantuvo llevando una vida inocente y virtuosa, secundado por expertos directores espirituales. A los 15 años falleció su padre, y él, ese mismo año, ingresó al Seminario Diocesano. Cursó sus estudios conjugando una conducta ejemplar con una vida de empeño en su carrera.

Con los grandes sacrificios de su piadosa madre y la ayuda de personas de bien, el 18 de diciembre de 1824 logró alcanzar la tan anhelada meta: “su consagración sacerdotal”.

En 1823, antes de ordenarse, fue nombrado profesor de literatura en el Seminario, en cuyo cargo se desempeñó también en el siguiente ciclo lectivo, destacándose pro su actitud y firmeza de carácter. Luego fue designado como coadjutor en la Parroquia de san Lorenzo, sobresaliendo en el ministerio sagrado por su celo en el confesionario, en el apostolado entre los adolescentes y jóvenes, en la enseñanza catequística y en la predicación de retiros y misiones en la Diócesis y también fuera de ella.

Fue en aquella época que Don Próvolo comenzó a dedicarse al apostolado entre los disminuidos del oído y la palabra, seres entonces sumamente marginados en la sociedad. El motivo de esta decisión se atribuye al siguiente hecho: Ludovico Besi era un sacerdote que se dedicaba a instruir, según sus posibilidades, a un grupo reducido de sordomudos de la ciudad, tarea que debió dejar por haber sido llamado a Roma para trabajar en el Colegio Propaganda Fide.

Al enterarse de esto Don Próvolo se sintió profundamente apenado porque aquellas criaturas iban a quedar abandonadas y resolvió hacerse cargo de ellas. Convencido de que ésta era la voluntad de Dios, decidió dedicar toda su vida para esta obra. En las dificultades y contrariedades decía: “Prefiero ir contra todas las contradicciones posibles haciendo la voluntad del Señor antes que tener a todo el mundo a mi favor pero obrando contra la voluntad de Dios”. Todo lo hacía para esta causa, con celo y dedicación admirables: “Si el Señor no quisiera de mí otra cosa que buenos deseos sin que pudiese tener la satisfacción de ver su realización, con su gracia espero tranquilizarme resignándome a su voluntad; me basta que perdone mis pecados y que me haga santo”. Es así, como el 30 de octubre de 1830, Don Próvolo inicia su Obra en su propia casa, sustituyendo de esta manera al Padre Besi.

En corto tiempo se puso a estudiar y profundizar el problema de los sordomudos, estableció contactos con algunas escuelas de Italia y también extranjeras habiendo llegado a la conclusión de que, para una más adecuada y eficaz integración de los sordos a la sociedad normo‐oyente, era necesarios instruirlos mediante la palabra hablada, cosa posible de lograr, no solamente con los más dotados y los de familias pudientes, sino con todos.

Con su tenaz labor, hecha de inteligencia y amor, como así también con el canto, para el cual tenía dones especiales, logró que sus alumnos mejoraran el ritmo y la entonación de la palabra, la cual se le tornó más fluida e inteligible.

De los resultados obtenidos por Don Próvolo son testigos varios ensayos a los cuales asistieron, entre otros, personajes como los emperadores de Austria. Así fue superando gradualmente el método mímico, generalmente usado en aquel entonces. Por todo esto, Don Próvolo mereció justamente ser proclamado en el Congreso Internacional para Maestros de Sordomudos, celebrado en Milán en el año 1880, “pionero del Método Oral en Italia”.

En 1840 hace imprimir el Manual para la Escuela de Sordo mudos y al año siguiente funda la escuela para niñas.

Sin embargo, todo ese corazón lleno de amor por el prójimo especialmente los sordomudos, deja de latir el 04 de noviembre de 1842, a la edad de 41 años. 

El Padre Antonio Próvolo no dejó reglas escritas y fue su sucesor en la guía de la familia religiosa de la Compañía de María para la educación de los sordomudos, Luigi Maestrelli en la rama masculina, quien redactó las primeras constituciones de la compañía y Fortunata Gresner en la rama femenina.

Sus restos, en 1930, fueron trasladados bajo la iglesia de Santa Maria del Pianto de Verona. Concluida la investigación diocesana,  el 23 de enero de 2008, estaba considerado Siervo de Dios por la Iglesia católica.​ El 27 de febrero de 2017, el Papa Francisco, reconoció las virtudes heroicas de Antonio Provolo por lo que desde ese momento es reconocido como Venerable.

domingo, 14 de julio de 2019

Nuestra Señora de las Nieves y Beata Laurita Vicuña

El Santuario de Nuestra Señora de las Nieves y Laura Vicuña se encuentra en Junín de Los Andes, Argentina. Lugar donde vivió y se santificó la Beata Laura Vicuña.

El santuario tiene más de medio siglo y está ubicado en pleno centro de la ciudad. Se llama Virgen de las Nieves pues la noche anterior a su inauguración azotó una fortísima nevada. El santuario alberga los restos del Padre Domingo Melanesio, primer salesiano evangelizador, quien se instaló en la zona en 1895.

El 8 de diciembre de 1999 se reinauguró la edificación, ya con la impronta del arquitecto Alejandro Santana. Entre sus reliquias cuenta con una vértebra de la beata Laura Vicuña colocada en una urna artesanal al ingreso del santuario.

La Iglesia parroquial fue abierta en 1895, por el sacerdote salesiano Domingo Melanesio, que llegó al lugar doce años después de la fundación. En ella se levantaron dos colegios con el fin de evangelizar a los pobladores mapuches y tehuelches.


ORACION A LAURITA VICUÑA

De la mano de nuestra Señora de las Nieves
fuiste creciendo y te convertiste
en una preadolescente
enamorada de Jesús;
hoy sos modelo de santidad.
Supiste reír, estudiar; jugar y servir.
Fuiste fuerte para asumir
el dolor de tu familia;
valiente para amar
en los pequeños gestos
y cuidar tu dignidad.
Supiste encontrar a Dios
en la Eucaristía,
en las cosas sencillas
y difíciles de cada día.
Muéstranos tu amor de Padre,
para vivir la amistad con alegría
y el diálogo en la familia.
Ayudá a tantos adolescentes como vos,
que viven en situación de riesgo,
están solos, sin sentido para vivir,
enséñanos a estar con ellos,
anunciándoles el Evangelio.
Laurita, llegaste a nuestra tierra
y te quedaste, amiga de los jóvenes,
defensora de la vida,
te pedimos por nosotros
y por todo nuestro pueblo.
Amén.

Beata María Ana Mogas Fontcuberta

María Ana Peregrina Mogas nace el 13 de enero de 1827, transcurriendo los primeros años de su vida en el hostal de Lladoner, una especie de posada y masía, situada en Corró del Vall (Granollers), entre Barcelona y Vich. A pesar de los ajetreados años en los que le toca vivir, contará con unos padres ejemplares, pero a los que pronto perderá: a su padre con siete años y a su madre con trece, teniendo que emigrar a Barcelona, en un ambiente de sectarismo y anticlericalismo, pero en el que también florecerán personajes de la talla de Jaime Balmes, Antonio María Claret u otros fundadores y fundadoras catalanas de la época. Su formación de juventud fue esmerada, inmersa hasta los dieciocho años en la vida social de la clase burguesa y acomodada de la calle de Moncada y de la parroquia de Santa María del Mar.


Dios irrumpe en su camino tras un encuentro con el P. José Tous, capuchino exclaustrado por la Revolución de 1835, y con dos capuchinas, sor Isabel Jubal y sor María Valdés, también exclaustradas y que intentan rehacer su vida dedicándose a la enseñanza. De este modo, ingresa en el recién fundado instituto de las Terciarias Capuchinas de la Divina Pastora (13 de junio de 1850). Se unirá a una comunidad religiosa en Ripoll (Gerona), a pesar de la oposición de su tutora y madrina, y de las resistencias del párroco de Santa María del Mar, pero llegó a ser la primera superiora (10 de septiembre de 1851). Allí comenzará a concebir la nueva fundación, que ella recordará así: «Sor Isabel Jubal y sus compañeras por inspiración divina, me confiaron dicha congregación, aunque incapaz y ruin para desempeñar semejante ministerio». La muerte del padre Tous, asesor espiritual del grupo, y de otras dificultades ocurridas a la madre Mogas fueron la causa de que abandonara la congregación y fundara otra nueva. El 6 de enero de 1872 presentaría al cardenal-arzobispo de Toledo el nuevo instituto que llevaría el nombre de congregación de Terciarias Franciscanas Misioneras de la Madre del Divino Pastor. En pocos años se abrieron numerosas casas por toda España.

El 3 de julio de 1886 entrega su alma a Dios. Se iniciaría el proceso diocesano de beatificación el 5 de marzo de 1949, que tuvo lugar el 6 de octubre de 1996 por el papa San Juan Pablo II.

sábado, 13 de julio de 2019

Centenario de Santa Teresa de Los Andes


Hoy 13 de julio la Iglesia celebra a Santa Teresa de los Andes, quien con solo 20 años se convirtió en la primera chilena y carmelita americana en llegar a los altares.

Este día y al acercarse al centenario de su muerte, el Santuario de Santa Teresa de Los Andes en Chile iniciará un año jubilar, permitiendo a los peregrinos obtener la indulgencia plenaria hasta el 13 de julio de 2020, en la medida que cumplan con las condiciones habituales de la confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Papa.

Oración a Santa Teresa de Los Andes 

Teresa de Los Andes,
que de la mano de María te convertiste
en una joven enamorada de Jesucristo,
eres modelo de santidad
y camino de perfección para la iglesia.
Tú supiste reír, amar, jugar y servir.

Tú fuiste fuerte para asumir el dolor
y generosa para amar.
Tú supiste contemplar a Dios
en las cosas sencillas de la vida.
Muéstranos el amor del Padre
para vivir la amistad con alegría
y con ternura en la familia.
Ayuda a los débiles y a los tristes
para que el Espíritu
los anime en la esperanza.
Intercede por nosotros 
y pide para Chile el amor y la paz.

Teresa de Los Andes,
hija predilecta de la Iglesia Chilena,
Religiosa del Carmelo,
amiga de los jóvenes,
servidora de los pobres,
ruega por nosotros cada día.
Amén

jueves, 11 de julio de 2019

Madre María de Jesús Upegui

La pequeña María Jesús nace el 4 de enero de 1837, en el hogar de don Lucio Upegui y María de Jesús Moreno. A las dos horas de haber nacido, fallece la madre, queda don Lucio viudo y contrae nuevo matrimonio con la señorita Mariana Echavarría; en este nuevo hogar se formó María Jesús. Al calor de la fe, su corazón se fue abriendo a la gracia y surgen en ella tres anhelos: la adoración eucarística, la caridad solícita con todos los necesitados y una secreta inclinación a la clausura del Carmelo.

Dios iba preparando el corazón de la señorita María Jesús, el Espíritu la conducía, los signos de los tiempos la interrogaban, la situación de pobreza y abandono de tantos le quebraba el alma. La soledad de los sagrarios estremecía su espíritu, el deseo de perfección la hacía suspirar por el alejamiento del mundo.



A sus quince años, después de pensarlo, madurarlo y encomendarlo ante el sagrario de sus largas adoraciones, María Jesús sale de la casa paterna, no sin antes recibir la parte de herencia que le correspondía de su difunta madre. Se dedica entonces a diferentes obras de caridad. Por su especial amor a la Eucaristía propone la adoración eucarística todos los jueves en uno de los templos de Medellín, también en su honor, ayuna todos los jueves del año.

A sus diecisiete años ofrece sus servicios en el Hospital San Juan de Dios de Medellín. No solo practica como enfermera, sino que, acongojada por la penuria del establecimiento, pide limosna de puerta en puerta y lo favorece con sus propios bienes. Por espacio de 22 años es la directora del hospital. En 1878 entrega el hospital a las hermanas de la presentación para asumir la dirección -a petición de la gobernación de Antioquia- del hospital mental,  veinte años dedicó a esta casa y en ella hospedó algún tiempo a su sobrina Santa Laura Montoya Upegui, estudiante pobre pero ejemplar y más adelante, fundadora insigne.

Su inmenso corazón acoge a todos, enfermos, locos, ancianos, huérfanos, desamparados de todo tipo, Monseñor José Ignacio Montoya, a quienes sus fieles y sus propias obras llamaban padre de los pobres, quiso asociar a María Jesús para la fundación de una casa de huérfanos que se inauguró el 24 de agosto de 1884, por cinco años fue directora solícita y madre de los huérfanos hasta el día 14 de julio de 1887 en que presentó renuncia por motivos de salud. Sus quebrantos de salud no impiden su ardor apostólico y su caridad sin límites, en 1882, sin dejar la dirección del hospital mental, funda la casa San Antonio para ancianos, confía la dirección a la señorita Pastora Velásquez y también ahora, no duda en echarse a deambular por las calles pidiendo para sus “viejitos del alma”. Sin embargo, su delicada salud le impide seguir adelante con la dirección del hospital mental y en 1898 presenta su renuncia.

Desde su silencio de adoradora ante el sagrario, sigue los pasos de su naciente congregación, visita a los enfermos, y edifica a sus hermanas con su ferviente testimonio de virtud. El 7 de julio de 1921 a la edad de 84 años, se apaga su vida suavemente como una lámpara que ardió incesante por el fuego de la caridad.