lunes, 15 de junio de 2020

Beato Bernardo Francisco de Hoyos

Nació en Torrelobatón (España) en 1711. Su padre don Manuel de Hoyos era secretario del ayuntamiento de Torrelobatón, pero su familia era originaria de Hoyos. Su madre doña Francisca de Seña, nació en Medina del Campo. El niño fue bautizado a los 16 días con el nombre de Bernardo por deseo de sus padres (nació un 20 de agosto, memoria litúrgica de San Bernardo deClaraval), y también con el nombre de Francisco, a propuesta del Párroco de la Iglesia de Santa María de Torrelobatón donde fue bautizado, poniendo al niño bajo la protección de San Francisco Javier.A los 9 años Bernardo recibió la confirmación en Torrelobatón, a los 10 años fue a estudiar en el colegio de los Jesuitas de Medina del Campo, y a los 11 años al colegio de los Jesuitas de Villa García de Campos. A los 14 años, con el permiso de su familia, fue admitido en el noviciado de los Jesuitas en Villa García de Campos.


Terminó el noviciado con casi 17 años, y emitió los votos simples perpetuos. Desde los 17 hasta los 20 años, Bernardo estudió filosofía en el colegio de los santos Pedro y Pablo en Medina del Campo. A los 20 años Bernardo comenzó los estudios de teología en el colegio de San Ambrosio de Valladolid. Cuando Bernardo tenía 13 años, murió su padre don Manuel de Hoyos. Este es un fragmento del testamento de don Manuel: "A mis hijos recomiendo que sean temerosos de Dios y de la propia conciencia, obrando y procediendo bien según sus obligaciones, porque así merecerán el mayor alivio y, sobre todo, el agrado de la misericordia de su Majestad que les guiará y les iluminará para su santo servicio y para permanecer en él hasta la muerte, guardando obediencia, respeto y veneración a su madre, abuelo, tío, y todas las otras personas, a fin de que consigan en esta vida el afecto de todos y en la otra el eterno descanso".

Sobre su madre doña Francisca, podemos leer estas palabras: "crió a Bernardo su madre doña Francisca con especial esmero y cuidado, diciendo algunas veces que tendría gravísimo escrúpulo del menor descuido, porque si perdía aquel hijo, la daba a conocer el cielo, que le quitaba un santo grande". En el siguiente fragmento, se indica como era el joven Bernardo de Hoyos en el colegio: "era muy puntual a las confesiones y comuniones, que los estudiantes de nuestras aulas de gramática practican todos los meses, y recibía con suma docilidad los buenos consejos de sus maestros, cuando exhortaban a sus discípulos a la devoción a María Santísima, a la frecuencia de los sacramentos, a evitar toda culpa aunque fuese venial, y a los demás ejercicios virtuosos que inspiran los maestros a sus discípulos al tiempo mismo que les enseñan las letras".

VOTOS SIMPLES PERPETUOS

Cuando pronunció la fórmula de los votos simples perpetuos, con casi 17 años, escribe el mismo Bernardo lo que sintió en ese momento: “Al empezar a leer la fórmula de los votos ví en la sagrada eucaristía al mismo Jesucristo, que me oía, como juez en su trono, muy afable. Quedé al principio como fuera de mí, al ver tan gran Majestad, mas no fue tanto, que se conociese en lo exterior. Vile venir, y entrar en mi dichosa boca: causó mayor reverencia amorosa, y amor reverente, al verle entrar y estar en mi lengua. Después que pasó la Sagrada Forma, me dijo el Señor estas palabras intelectuales: “desde hoy me uno más estrechamente contigo por el amor que te tengo ". Contexto histórico durante la vida de Bernardo de Hoyos durante toda la vida de Bernardo de Hoyos reinaba en España y en la América Española el rey Felipe V, de la familia Borbón, que era nieto del rey de Francia Luis XIV. En Francia, la devoción al Sagrado Corazón de Jesús se había extendido mucho con los escritos de Santa Margarita María de Alacoque, y su confesor, san Claudio de la Colombière. Sobre la importancia de la consagración al Sagrado Corazón de Jesús, escribe Santa Margarita María de Alacoque: “... cuando nos hemos consagrado y dedicado por completo a este Corazón adorable, para honrarle y amarle con todos nuestros medios, abandonándose del todo a él, él se cuida de nosotros y nos hace arribar al puerto de salvación, a pesar de las borrascas ".

NADA SABIA DEL CULTO AL CORAZÓN DE JESÚS

De esta etapa de su vida, recogemos un hecho importante. En 1733, cuando Bernardo tenía 21 años y era estudiante de teología en el colegio de San Ambrosio de Valladolid, recibió una carta de su amigo Agustín Cadaveraz que era sacerdote y profesor de gramática en Bilbao. A Agustín le habían pedido un sermón para la octava de Corpus, y recordaba Agustín que en Valladolid había leído un libro escrito en latín cuyo título era ´de cultu Sacratissimi Cordis Iesu´, del P. José de Gallifet, sobre la devoción al Corazón de Jesús. Para preparar el sermón, Agustín le pedía a Bernardo que copiase determinados fragmentos de ese libro y que se los enviase. Bernardo tomó el libro de la biblioteca y lo llevó a su habitación para copiar los párrafos pedidos.

HABLA DIOS

Esto es lo que relata Bernardo: "Yo que no había oído jamás tal cosa, empecé a leer el origen del culto del Corazón de nuestro amor Jesús, y sentí en mi espíritu un extraordinario movimiento fuerte, suave y nada arrebatado ni impetuoso, con el cual me fui luego al punto delante del Señor Sacramentado a ofrecerme a su Corazón para cooperar cuanto pudiese a lo menos con oraciones a la extensión de su culto". "No pude echar de mí este pensamiento hasta que, adorando la mañana siguiente al Señor en la Hostia Consagrada, me dijo clara y distintamente que quería por mi medio extender el culto de su Corazón Sacrosanto, para comunicar a muchos sus dones por su corazón adorado y reverenciado, y entendí que había sido disposición suya especial que mi hermano el P. Agustín de Cardaveraz me hubiese hecho el encargo para arrojar con esa ocasión en mi corazón estas inteligencias. Yo, envuelto en confusión renové la oferta del día antes, aunque quedé algo turbado, viendo la improporción del instrumento y no ver medio para ello".

"Todo el día anduve en notables afectos al Corazón de Jesús, y ayer estando en oración, me hizo el Señor un favor muy semejante al que hizo a la primera fundadora de este culto, que fue una hija de nuestro santo director, San Francisco de Sales, la venerable madre Margarita Alacoque, y lo trae el mismo autor en su vida: “mostróme su Corazón todo abrasado en amor, y condolido de lo poco que se le ama. Repitióme la elección que había hecho de este su indigno siervo para adelantar su culto, y sosegó aquel generillo de turbación que dije, dándome a entender que yo dejase obrar a su providencia, que ella me guiaría, que todo lo tratase con el P. Juan de Loyola que sería de singular agrado suyo, que esta provincia de su compañía tuviese el oficio y celebrase la fiesta de su Corazón, como se celebra en tan innumerables partes”.

“El domingo pasado (dice) inmediato a la fiesta de nuestro San Miguel, después de comulgar, sentí a mi lado a este santo Arcángel que me dijo cómo extender el culto del Corazón de Jesús por toda España, y más universalmente por toda la Iglesia, aunque llegará día en que suceda, ha de tener gravísimas dificultades, pero que se vencerán, que él, como Príncipe de la Iglesia, asistirá a esta empresa; que en lo que el Señor quiere se extienda por nuestro medio, también ocurrirán dificultades, pero que experimentaremos su asistencia". "Después de esto quedé un poco recogido, cuando por una admirable visión imaginaria, se me mostró aquel divino Corazón de Jesús todo arrojando llamas de amor, de suerte que parecía un incendio de fuego abrasador de otra especie que este material". "Agradecióme el aliento con que le ofrecí hasta la última gota de mi sangre en gloria de su Corazón, y para que yo experimentase cuán de su agrado es esta oferta, por lo mucho que se complacía en los deseos solos, que yo tenía de extender por el mundo, cerró y cubrió mi corazón miserable dentro del suyo, donde por visión intelectual admirable vi los tesoros y riquezas del Padre depositadas en aquel sagrario, el deseo y como ímpetu que padecía su corazón por comunicarlas a los hombres, el agrado en que aprecien aquel Corazón, conducto soberano de las aguas de la vida, con otras inteligencias maravillosas en que por modo más especial entendí lo que San Miguel me había dicho.

Pues las dulzuras, los gozos, suavidades y celestiales delicias que allí inundaron mi pobre corazón sumergido en aquel océano de fuego de amor, sólo el mismo Jesús lo sabe, que yo no"."Desde este punto he andado absorto, y anegado en este Divino Corazón; al comer, al dormir, al hablar, al estudiar y en todas partes parece que no palpa mi alma otra cosa que el Corazón de su Amado, y cuando estoy delante del Señor Sacramentado, aquí es donde se desatan los raudales de sus deliciosísimos favores, y como este culto mira al Corazón Sacramentado, como a su objeto, aquí logra de lleno sus ansias amorosas”. "Dióseme a entender que no se me daban a gustar las riquezas de este Corazón para mi sólo, sino para que por mi las gustasen otros. Pedí a toda la Santísima Trinidad la consecución de nuestros deseos, y pidiendo esta fiesta en especialidad para España, en que ni aun memoria parece hay de ella, me dijo Jesús: “reinaré en España, y con más veneración que en otras muchas partes’ “yo no salgo del Corazón Sagrado; allí me encontrará v. r. (Bernardo escribe al P. Juan de Loyola); quiere este Divino Dueño que yo sea discípulo del Corazón Sagrado de Jesús, y discípulo amado: así la obra de Bernardo de Hoyos. En sus pocos años de vida escribió varios centenares de cartas principalmente a su director espiritual, el p. Juan de Loyola, con el fin de difundir por toda España la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, entre ellos: escritos espirituales, apuntes y sermones.

EL REINADO DEL SAGRADO CORAZÓN

En una carta del día 28 de octubre de 1733, Bernardo de Hoyos decía: en la acción de gracias después de haber comulgado "pedí la extensión del reino del mismo Corazón Sagrado en España, y entendí que se me otorgaba. y con el gozo dulcísimo que me causó esta noticia quedó el alma como sepultada en el Corazón Divino, en aquel paso que llaman sepultura. Muchas y repetidas veces he sentido estos asaltos de amor en estos días, dilatándose tanto en deseos mi pobre corazón que piensa extender en el nuevo mundo el amor de su amado Corazón de Jesús, y todo el universo se le hace poco".

La principal fuente para conocer estos escritos de Bernardo es el libro "vida del angelical joven P. Bernardo Francisco de Hoyos de la Compañía de Jesús" escrito por Juan de Loyola. Dice el propio p. Loyola: “Todos estos papeles han estado a mi vista al tiempo de escribir esta historia; y todos están hoy en este colegio de nuestro S. Ignacio de Valladolid, noticia que puede satisfacer a cualquiera que dudase de algún hecho particular de lo que escribo”.

BERNARDO CONSAGRADO SACERDOTE

A los 23 años le correspondía a Bernardo comenzar el cuarto curso de teología, y aunque no tenía edad para ordenarse, sus superiores pidieron dispensa para que pudiese hacerlo durante ese curso, y con esta dispensa pudo ordenarse de diácono. Poco después se ordenó de Presbítero, y unos días después celebró la primera misa en el colegio de san Ignacio de Valladolid. A los 24 años, pocos meses después de haber sido ordenado sacerdote, enfermó de tifus y falleció, habiendo recibido el viático y la santa unción.

CAUSA DEL PADRE HOYOS

En 1961 fue aprobada la investigación histórica o positio, y el 12 de enero de 1996 el papa Juan Pablo II leyó el decreto que declaraba heroicas las virtudes del desde entonces venerable Padre Hoyos.

En lo que respecta a la Causa del Padre Hoyos, en marzo de 2008 "... la Consulta Médica de la Congregación para las Causas de los Santos ha reconocido por unanimidad que el caso de la curación de María de las Mercedes Cabezas no puede ser explicado en base a los datos de la ciencia médica". Nos encontramos ante una "curación instantánea, completa y duradera, científicamente inexplicable".

Mercedes Cabezas Terrero, de 23 años, hija de labradores de San Cristóbal de la Cuesta (Salamanca), tenía una tumoración de grandes proporciones, y quedó curada instantáneamente el 23 de Abril de 1936, después de rezar una novena y de pedir con frecuencia la intercesión del P. Bernardo de Hoyos para su curación.

Cumplidos así todos los requisitos, el 16 de enero de 2009 el papa Benedicto XVI firmó el decreto que reconocía el citado milagro y admitía la beatificación, que, siguiendo los procedimientos en vigor, se celebró en la Archidiócesis de Valladolid, donde se promovió la causa, el 18 de abril de 2010, en el paseo Central del Campo Grande de Valladolid, y fue presidida por Mons. Angelo Amato, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, como representante pontificio.

Santa Juliana de Mont-Cornillon

Juliana nació en Retinne en 1191, y fue la segunda hija de los nobles Enrique y Fraisend, cristianos piadosos y caritativos. Tenía la pequeña Juliana 6 años, y su hermana 7, cuando sus padres murieron en una epidemia. Las dos niñas fueron internadas en el monasterio de Mont-Cornillon, pues sus familiares lo prefirieron a criarlas ellos. La priora, temiendo por la salud de las niñas en el ambiente cerrado y austero del monasterio, las envió a Amescoeur, una granja comendataria del monasterio, a cargo de una Hermana llamada Sapiencia. Las granjas y sus recintos religiosos formaban parte de los monasterios y tenían sus estatutos propios, pero su libertad de acción estaba limitada por la obediencia al monasterio "madre". Juliana se crió entre la piedad y el trabajo, y cada día se interesaba más en la vida religiosa. Sabiendo que San Nicolás de Bari (6 de diciembre y 9 de mayo, traslación de las reliquias) gustaba de ayunar cuando era niño, comenzó ella misma a hacerlo. Un día que la Hermana Sapiencia lo notó, quiso templar sus penitencias y la castigó de rodillas unos minutos en la nieve, pero viendo que la niña obedecía y no se levantaba sin su permiso, le mandó a confesarse por ayunar sin permiso. El sacerdote, por su parte, para probar si su deseo de penitencia era de Dios, le dijo que debía decir a la Hermana le cociera un huevo y comerlo en el acto. Juliana obedeció y en adelante pidió permiso para cada penitencia o ayuno.

Así, a los 14 años y siendo la Hermana Sapiencia la priora de Mont Cornillon, Juliana pidió el velo en el monasterio y se le concedió. Antes, entregó una parte de sus propiedades heredadas al monasterio y otra parte a los pobres. De este monasterio se ha dicho era agustino aunque solo probable que siguiera la regla agustina, porque la Orden como tal aún no había nacido. No era un recinto de rigurosa clausura, como suelen ser ahora, sino que compartía edificio con una leprosería donde las monjas trabajaban como enfermeras atendiendo a las mujeres. También era mixto, por lo cual había monjes que cuidaban a los hombres. Y todos estaban bajo la obediencia de un superior. Así, Juliana pasó de la placidez de la granja a la realidad del mundo sufriente por la enfermedad y la muerte. Desde el principio no rechazó trabajo alguno, oraba entre las primeras, trabajaba hasta lo último y aún tenía tiempo para leer sobre todo a San Agustín.

En 1208, siendo aún novicia, estando en oración Juliana tiene una visión que no entendió: veía aparecer la luna brillante, pero con una mancha oscura que la atravesaba de lado a lado, como un anillo. Su priora no le hizo caso alguno cuando se lo contó y la envió a trabajar. En 1210 se repitió la experiencia, pero esta vez Dios le reveló el significado: la luna representaba a la Iglesia militante, la cual resplandecía por todo lo que Cristo había hecho por ella. Y si todas estas acciones de Cristo por su Iglesia (Encarnación, Pasión y Muerte, Resurrección, Ascensión, Pentecostés, etc) eran celebradas por la Iglesia, aún faltaba una celebración gozosa del don de su Real Presencia en la Eucaristía. Y esta falta era la mancha. Juliana solo comunicó su visión a la priora, que nuevamente le hizo poco caso, por lo cual Juliana decidió esperar que el mismo Dios le indicara qué hacer.

En 1225 murió la amada priora Sapiencia, y Juliana fue elegida para ser abadesa. Durante cinco años se dedicó a la reparación y ampliación del hospital y la iglesia, a la formación de las nuevas religiosas, sin olvidar la oración y la caridad en primera persona. En 1230, luego de 20 años de esperar una respuesta sobre su visión, Juliana decidió consultar a la Beata Eva (14 de marzo), una reclusa que vivía emparedada junto a la iglesia de San Martín y con la que tenía amistad, sobre la oportunidad de promover una nueva fiesta en la Iglesia. Eva solo dijo por toda respuesta sobre la oportunidad de una nueva fiesta: "Orad a Dios para que él vivifique en mí el mismo fuego de amor por el Sacramento que consume tu corazón". Con lo cual no es que ayudara mucho. Sobre el mismo tiempo Juliana recibió a la Beata Isabel de Huy (3 de septiembre), una mujer espiritual, a la que confió su visión e intención sobre la fiesta. Esta, espiritual, pero práctica, le respondió: "¿Por qué celebrar una fiesta especial para conmemorar una institución que todos los días recordamos los cristianos en el Santo Sacrificio de la Misa?". Con esta respuesta Juliana quedó confusa y decidió confiarse al mismo Sacramento al que tanto amaba. Pero, sin embargo, al año siguiente Isabel tuvo una visión en la cual veía a los santos implorar a Dios Padre que interviniera en la Iglesia para que tal fiesta al Sacramento fuera real. Y desde este día Isabel y Juliana fueron una en el mismo propósito. Con este aliento, lo primero que hizo Juliana fue consultar el erudito canónigo Juan de Lausana sobre su visión y el asunto. Este lo consultó con el célebre dominico Hugo de San Caro, con el obispo de Cambrai y con la Universidad de París. La opinión de todos fue que una fiesta así no sería contraria a la doctrina católica, e incluso serviría para mover a devoción al pueblo al Santísimo Sacramento. Juliana, animada con esto, pidió a esos mismos que compusieran un Oficio Litúrgico para la festividad, pero todos lo rechazaron por ser demasiado atrevido, sin consentimiento papal. Entonces Juliana se dirigió a un Hermano del monasterio llamado Juan, muy sencillo y humilde, y le pidió compusiera las oraciones e himnos. Juan consintió a cambio de que Juliana orara en todo momento mientras él estuviera escribiendo. 

Pronto se supo de la "innovación de la monja". Parte del clero se opuso, y enseguida comenzaron las burlas entre los religiosos y el pueblo. Visionaria, exaltada, "curesa"… de todo fue llamada Juliana. Y esto a pesar del prestigioso apoyo de Hugo de San Caro. El prior, Roger, aprovechó la ocasión para intrigar contra Juliana, la cual como superiora administraba los recursos del hospital, que era propiedad de la ciudad. Comenzó por correr el rumor de que los recursos del hospital irían ahora destinados a la novedad de la fiesta y yendo a manos de clérigos y teólogos, y aún más, para sobornar al obispo de Lieja, Robert de Thoret, para lograr su buen parecer. Al mismo tiempo se presentaba él mismo como el mejor preparado para asumir las finanzas del hospital, que era lo que quería. Con esto logró reunir a varios exaltados que se fueron contra el hospital, violentando las puertas reclamando por la claridad de las cuentas (al fin y al cabo el hospital y las monjas se mantenían con los ingresos de impuestos) y amenazando a Juliana. Pero esta, advertida, había huido a San Martín y refugiádose con la reclusa Eva. Entre tanto el obispo organizó una investigación para aclarar la verdad, mientras Juliana permanecería en San Martín y el prior era destinado al leprosorio de Huy. Finalmente se comprobó la caridad de las cuentas, lo infundado de las acusaciones y Juliana pudo volver a su monasterio y oficio. Pero no volvió a hablar del asunto de la fiesta del Sacramento.

En 1246 murió el obispo, luego de leer el oficio de la nueva festividad y recomendar a sus canónigos y sacerdotes en un Sínodo, que la celebraran en la diócesis. Pero a su muerte nadie hizo caso de su recomendación. Sin embargo, el capítulo de canónigos de San Martín, influenciados por el prestigio de santidad de la Beata Eva, decidió celebrar la fiesta del Sacramento, el jueves siguiente a la Octava de Pentecostés. Así, el 12 de junio de 1247 se celebró la primera festividad de Corpus Christi. Hay que señalar que la fecha no corresponde a visión alguna, sino a simplemente se eligió el jueves, día que recuerda la Institución de la Eucaristía, y luego del tiempo “fuerte” de la Pascua y Pentecostés.

Al año siguiente tomó posesión el obispo Enrique de Guelder, y los enemigos de Juliana pensaron era buen momento para que regresara el antiguo prior. Pero para esto era necesaria la autorización de Juliana, la cual se negó rotundamente. Por ello, sus opositores nuevamente se conjuraron contra ella, especialmente algunas monjas, y Juliana tuvo que esconderse junto a otras religiosas en el convento de Robertmont. Allí estuvo poco tiempo, por miedo de las monjas al poder de Roger, así que Juliana y las suyas se fueron al monasterio de Val-Benoit. Pero de ahí la echaron. Y así, de un sitio a otro fueron vagando, hasta hallar reposo en Namur. Allí le llegó el consuelo y apoyo de Hugo de San Caro, a la sazón cardenal de Santa Sabina, que se hallaba en Lieja como legado papal de Inocencio IV. Hugo de San Caro oyó a la ciudad contra Juliana, desestimó las acusaciones como falsas, hizo la paz y con su poder de legacía, aprobó el Oficio Litúrgico y la institución de la Solemnidad del Corpus. Y no solo esto, sino que anunció que él mismo la celebraría en la iglesia de San Martín. Entretanto, la abadesa de Salzinne había levantado pleito a favor de Juliana contra el monasterio de Mont Cornillon, pues si este había sido enriquecido por las posesiones de Juliana, ya que la habían expulsado, el monasterio o la ciudad deberían pagarle una renta vitalicia. El pleito fue ganado por Juliana, que pudo vivir más holgadamente junto a tres religiosas fieles: Isabel, Inés y Odilia. Pero más alegría le dio cuando en 1251 el nuncio apostólico en Maastricht visitó Lieja y confirmó la celebración del Corpus. Ese año se celebró solemnemente, pero ya al año siguiente solo los canónigos de San Martín la celebraron, y así fue durante años.

En 1256, Enrique II de Luxemburgo entró en Namur, sitiando la ciudadela. Durante los dos años que duró el asedio, el país fue asolado y la abadía de Salzinne fue quemada. La abadesa y Juliana, habían encontrado refugio en Fosses, donde esta última cayó enferma. Al sentir acercarse a su final, envió a buscar a su viejo amigo, Juan de Lausana, que viniera a visitarla, pero este no asistió a su lecho de muerte. Juliana falleció el 5 de abril de 1258, llevándose un secreto que el Señor le había revelado, pero que se negó a decir a nadie por desconfianza con las monjas. Ni lo redactó bajo notario, pues tampoco se confió del que le presentaron. Fue sepultada en Fosses, y sus reliquias se trasladaron a Portugal en 1565. De allí las llevó a París Antonio I de Portugal cuando fue exiliado. Su hijo Emanuel de Portugal las llevó consigo a su capilla privada en Bruselas, aunque en 1626 las donó a la iglesia del Salvador de Amberes. En 1746 los canónigos de San Martín en Lieja lograron les cedieran una porción de las reliquias de su amada “madre”. Y otras reliquias se repartieron en otras iglesias. Su culto fue autorizado en 1869.

En cuanto a la fiesta del Corpus, inseparable de la memoria de Santa Juliana, cuando Santiago Pantaleón, amigo de la Beata Eva, fue elegido papa como Urbano IV en 1261, retomó el asunto, releyó la redacción primitiva de Juan de Lausana y en el 11 de agosto de 1264 autorizó la celebración del Corpus Christi, encomendando a Santo Tomás de Aquino (7 de marzo y 28 de enero, traslación de las reliquias) la composición de un nuevo Oficio Litúrgico para toda la Iglesia. Hay que decir que el Doctor Angélico no redactó las antífonas para el Benedictus y Magnificat, ni los Himnos de Prima, Tercia, Sexta y Nona, sino que se usaron los compuestos por el humilde Hermano Juan, revisados por Santa Juliana. Lamentablemente estos textos no se conservan. En 1311 el Concilio de Vienne ratificó la bula de Urbano IV, mandando fuera celebrada por toda la Iglesia, pues algunas aún ponían resistencia.

Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo IV. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916

Pensamientos de la Santa Eucaristía













sábado, 13 de junio de 2020

San Antonio de Padua

En muchísimas iglesias del mundo está la imagen de San Antonio de Padua y junto a él, un mensaje  que lleva el nombre de “Pan de San Antonio”. ¿Qué es y para qué sirve?

La obra del Pan de San Antonio es tal vez la más antigua obra caritativa de la Iglesia católica de las que hoy existen y una de las más importantes instituciones sociales no gubernativas del mundo. Se remonta al siglo XIII, según la tradición franciscana. San Antonio de Padua fue un santo muy milagroso, ya en vida, que tuvo un amor muy grande a los pobres, que acudían a él pidiéndole comida, pan. Por eso en no pocas imágenes de San Antonio de Padua aparece con el Niño Jesús en los brazos, un libro y un panecillo, ya sea en su libro o en sus manos.

En la iglesia del convento franciscano de Araceli, en Roma, está un cuadro de Pinturicchio, anterior al 1513 (año en que falleció el artista), donde aparece San Antonio de Padua con un libro en la derecha y encima un panecillo.

El santo vivió en el siglo XIII. Fue un gran predicador y muy generoso con los pobres y los necesitados y con los que sufrían injusticias frente a los poderosos de su tiempo. Un día se presentaron ante San Antonio un grupo de pobres que no tenían para comer. Él se fue a la cocina de los frailes, cogió todo el pan y se lo dio a los pobres. Al llegar los frailes vieron que los cestos de pan estaban vacíos y pidieron a San Antonio explicaciones. El santo les dijo que miraran bien en los cestos. Fueron y estaban llenos de pan.

San Antonio de Padua vivió tan entregado a los pobres y tan lleno de sabiduría cuando predicaba, que muchos le daban por santo en vida. Tanto es así que es el santo que fue canonizado en menos tiempo: solo pasaron once meses desde su muerte (el 13 de junio de 1231) hasta su canonización (30 de mayo de 1232). Una vez, años después de la canonización, cuenta una leyenda franciscana que, cerca de Padua, a una madre que estaba trabajando en el campo se le cayó su hijo en una cisterna. Cuando lo recobró, estaba muerto, ahogado. La madre fue corriendo ante el altar de San Antonio, pidiéndole encarecidamente que devolviera la vida a su hijo y prometió dar a los pobres una cantidad de trigo igual al peso del niño. Al final de su súplica, el niño fue reanimándose hasta volver a la normalidad.

La mujer tomó el trigo, lo amasó y distribuyó el pan entre los pobres. Por eso, al principio, la obra del Pan de San Antonio, se le llamó “Peso de los niños”, después se le llamó Pan de los Pobres y finalmente Pan de San Antonio. El día de la festividad del santo, se distribuyen entre los fieles que van a la misa panecillos en recuerdo del “Pan de San Antonio” en las iglesias dedicadas al santo. 

San Antonio tiene muchos patronazgos, pero los más importantes son: patrono de los pobres, patrono de los que buscan pareja, patrono de los celíacos y patrono de los objetos extraviados.

fuente: Ateleia

domingo, 7 de junio de 2020

Venerable Madre María Elizabeth Lange


Madre María Elizabeth Lange, nació en Santiago de Cuba en 1784, sus padres haitianos se vieron obligados a emigrar a Cuba a causa de la violencia desatada en la isla. Elizabeth Clarissa Lange aprende español y francés creolé.  En los primeros meses de 1812 un segundo exilio la lleva a Baltimore , Estados Unidos,  donde había una importante comunidad de católicos de habla francesa y muchos refugiados procedentes de Santo Domingo.

Elizabeth Lange había recibido una excelente educación y una buena posición económica heredada de sus padres. Una mujer profundamente católica, se conmovió ante la necesidad de tantos niños y niñas de su propia raza a los que se les negaba el derecho a la educación, comienza a enseñar a niñas de la raza negra usando como escuela su propia casa. Lo hace en un estado esclavista, décadas antes de que se proclamara la emancipación de los esclavos.

Con otras amigas abre una escuelita que ofrece educación gratuita durante 10 años, y también enseñaban catecismo a los niños pobres en la capilla del seminario de los padres sulpicianos. La Providencia puso en el camino de Elizabeth al Padre James Joubert, que impresionado por la abnegación de este pequeño y atrevido grupo de maestras, les propone organizarse en una comunidad religiosa para la educación de la gente de color.

Para Elizabeth la invitación del P. Joubert era la gran respuesta que estaba esperando de Dios, a quien deseaba consagrarse totalmente, sin saber cómo hacerlo.

Redactadas y aprobadas las reglas por el Arzobispo James Whitfield, las Hermanas Oblatas de la Divina Providencia fueron fundadas oficialmente el 2 de julio de 1829 como la primera congregación de religiosas negras en toda la historia de la Iglesia. En una casa alquilada, las cuatro primeras oblatas profesaron pobreza, castidad y obediencia en un gesto que implicaba una tremenda dosis de coraje, valor y esperanza.

Elizabeth Lange toma el nombre de Madre María y es elegida la primera superiora. Enseguida empieza a sufrir el ataque de los católicos blancos a los que indigna verlas con el hábito religioso. Las Oblatas reciben insultos, golpes y amenazas, pero ellas no solo no cesaron su labor educativa, sino que fundaron un hogar para acoger a huérfanos, cuidaban de los enfermos, y sirvieron abnegadamente durante la terrible epidemia de cólera que azotó la ciudad en 1832.

Aunque las hermanas arriesgaron sus vidas para atender a los apestados, fueron las únicas que las autoridades locales dejaron fuera de los reconocimientos oficiales al terminar la epidemia.

La muerte del P. Joubert fue un duro golpe para la naciente congregación; una gran crisis que las dejó sin confesor ni director espiritual. Escasearon las vocaciones y faltaron las aportaciones económicas, pero la obra perseveró a pesar del abandono que las pequeña comunidad tuvo que sufrir junto con días de frío, hambre, trabajo intenso y una sensación de fracaso de una comunidad de religiosas negras que el Arzobispo Samuel Eccleston (sucesor de Whitfield) consideraba un asunto terminado: “que busquen trabajo como empleadas domésticas”.

El Señor envió ayuda a la Madre Lange en la persona del Redentorista P. Thaddeus Anwander, quién con dificultad, pero con tesón, obtuvo el permiso del arzobispo para poder servir a las Oblatas, cuya confianza en la Providencia nunca había flaqueado, a pesar de tan duras pruebas y tropiezos. Se reclutaron más alumnos, creció la comunidad, aumentaron las vocaciones y los padres jesuitas continuaron la asistencia espiritual de las hermanas.

Para poder mantener las escuelas obtenían un poco de dinero cosiendo vestiduras litúrgicas y lavando ropa y aunque el trabajo doméstico no era su misión, la Madre Lange toleró enviar a un grupo de hermanas para atender labores de servicio en el Seminario de St. Mary -- una dura decisión que ella aceptó como una misión de colaboración para la que puso claras condiciones: “Como personas de color y religiosas al mismo tiempo, nosotras deseamos conciliar estas dos cualidades…no por aparentar arrogancia…ni por perder el respeto que se le debe al estado que hemos elegido y al hábito sagrado que tenemos el honor de llevar”.

La Madre María Lange estaba convencida de que el fundamento del respeto a los demás nace del respetarse a sí mismo; 30 años antes de que en los Estados Unidos se proclamara la eliminación de la esclavitud, ella exige para sus hermanas el respeto debido al color de su piel y al hábito que llevan como mujeres consagradas a Dios y al servicio de los pobres. Las hermanas no serán simples sirvientas de los seminaristas y sacerdotes blancos, sino que harán una importante contribución al servicio del seminario, porque ninguna tarea es pequeña, ni denigrante, si se hace por amor a Dios.

De la oración, la paciencia y la confianza de la Madre Lange nacieron escuelas en Maryland, Nueva Orleans, Filadelfia y San Luis. Convencida de que la oración puede cambiar el orden de las cosas, su vida es un testimonio de todo lo que, confiados plenamente en la Divina Providencia, es posible llegar a hacer en medio de las más adversas situaciones.

Dios le dio una larga vida a la Madre Lange, que falleció en la Casa Madre de las Oblatas el 3 de febrero de 1882 a la edad de 98 años. A su muerte las Hermanas Oblatas de la Providencia han fundado casas en 18 Estados de la Unión y se han extendido a Costa Rica, Cuba y la República Dominicana.

El 1991, con la aprobación de la Congregación para la Causa de los Santos, el Cardenal William Keeler, arzobispo de Baltimore, comenzó oficialmente los trabajos para el proceso de canonización de la Madre María Lange, fundadora de la primera congregación de religiosas negras para el servicio de la comunidad negra, en los Estados Unidos y en toda la historia de la Iglesia.

sábado, 6 de junio de 2020

Santísima Trinidad

Un solo Dios en tres Personas: El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

La Iglesia dedica el siguiente domingo después de Pentecostés a al celebración del día de la Santísima Trinidad,

Un misterio es todo aquello que no podemos entender con la razón. Es algo que sólo podemos comprender cuando Dios nos lo revela.

El misterio de la Santísima Trinidad -Un sólo Dios en tres Personas distintas-, es el misterio central de la fe y de la vida cristiana, pues es el misterio de Dios en Sí mismo.

Aunque es un dogma difícil de entender, fue el primero que entendieron los Apóstoles. Después de la Resurrección, comprendieron que Jesús era el Salvador enviado por el Padre. Y, cuando experimentaron la acción del Espíritu Santo dentro de sus corazones en Pentecostés, comprendieron que el único Dios era Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Los católicos creemos que la Trinidad es Una. No creemos en tres dioses, sino en un sólo Dios en tres Personas distintas. No es que Dios esté dividido en tres, pues cada una de las tres Personas es enteramente Dios.

Padre, Hijo y Espíritu Santo tienen la misma naturaleza, la misma divinidad, la misma eternidad, el mismo poder, la misma perfección; son un sólo Dios. Además, sabemos que cada una de las Personas de la Santísima Trinidad está totalmente contenida en las otras dos, pues hay una comunión perfecta entre ellas.

Con todo, las personas de la Santísima Trinidad son distintas entre sí, dada la diversidad de su misión: Dios Hijo-por quien son todas las cosas- es enviado por Dios Padre, es nuestro Salvador. Dios Espíritu Santo-en quien son todas las cosas- es el enviado por el Padre y por el Hijo, es nuestro Santificador.


Lo vemos claramente en la Creación, en la Encarnación y en Pentecostés

En la Creación, Dios Padre está como principio de todo lo que existe.
En la Encarnación, Dios se encarna, por amor a nosotros, en Jesús, para liberarnos del pecado y llevarnos a la vida eterna.
En Pentecostés, el Padre y el Hijo se hacen presentes en la vida del hombre en la Persona del Espíritu santo, cuya misión es santificarnos, iluminándonos y ayudándonos con sus dones a alcanzar la vida eterna.

Para explicar este gran misterio, existen ciertos símbolos que son entendibles a nuestra razón: La Santísima Trinidad es simbolizada como un triángulo.
Cada uno de los vértices es parte del mismo triángulo y sin embargo cada uno es distinto

También podemos simbolizar a la Santísima Trinidad como una vela encendida: La vela en sí misma simboliza al Padre, la cera que escurre es el Hijo, que procede del Padre y la llama encendida es el Espíritu Santo. Los tres son "vela", pero son distintos entre sí. Hay quienes simbolizan a la Santísima Trinidad en forma de trébol. Cada una de las hojas es "trébol" pero son distintas entre sí.

¿Que hacemos al persignarnos? "En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo" Es costumbre de los católicos repetir frecuentemente estas palabras, principalmente al principio y al fin de nuestras acciones.

Cada vez que hacemos la Señal de la Cruz sobre nuestro cuerpo, recordamos el misterio de la Santísima Trinidad.

- En el nombre del Padre: Ponemos la mano sobre la frente, señalando el cerebro que controla todo nuestro cuerpo, recordando en forma simbólica que Dios es la fuente de nuestra vida.

-...y del Hijo: Colocamos la mano en el pecho, donde está el corazón, que simboliza al amor. Recordamos con ello que por amor a los hombres, Jesucristo se encarnó, murió y resucitó para librarnos del pecado y llevarnos a la vida eterna.

-...Y del Espíritu Santo: Colocamos la mano en el hombre izquierdo y luego en el derecho, recordando que el Espíritu Santo nos ayuda a cargar con el peso de nuestra vida, el que nos ilumina y nos da la gracia para vivir de acuerdo a los mandatos de Jesucristo.

Algunas personas argumentan que no es verdad porque no podemos entender el misterio de la Santísima Trinidad a través de la razón. Esto es cierto, no podemos entenderlo con la sola razón, necesitamos de la fe ya que se trata de un misterio. Es un misterio hermoso en el que Dios nos envía a su Hijo para salvarnos.



Oración  de Santa Isabel de la Trinidad


¡Oh Dios mío, trinidad adorable, ayúdame a olvidarme por entero para establecerme en ti!

¡Oh mi Cristo amado, crucificado por amor! Siento mi impotencia y te pido que me revistas de ti mismo, que identifiques mi alma con todos lo movimientos de tu alma; que me sustituyas, para que mi vida no sea más que una irradiación de tu propia vida. Ven a mí como adorador, como reparador y como salvador...

¡Oh fuego consumidor, Espíritu de amor! Ven a mí, para que se haga en mi alma una como encarnación del Verbo; que yo sea para él una humanidad sobreañadida en la que él renueve todo su misterio.

Y tú, ¡oh Padre!, inclínate sobre tu criatura; no veas en ella más que a tu amado en el que has puesto todas tus complacencias.

¡Oh mis tres, mi todo, mi dicha, soledad infinita, inmensidad en que me pierdo! Me entrego a vos como una presa; sepultaos en mi para que yo me sepulte en vos, en espera de ir a contemplar en vuestra luz el abismo de vuestras grandezas.


Oración de Santa Catalina de Siena


¡Oh Trinidad eterna! Tú eres un mar sin fondo en el que, cuanto más me hundo, más te encuentro; y cuanto más te encuentro, más te busco todavía. De ti jamás se puede decir: ¡basta! El alma que se sacia en tus profundidades, te desea sin cesar, porque siempre está hambrienta de ti, Trinidad eterna; siempre está deseosa de ver tu luz en tu luz. Como el ciervo suspira por el agua viva de las fuentes, así mi alma ansía salir de la prisión tenebrosa del cuerpo, para verte de verdad...

¿Podrás darme algo más que darte a ti mismo? Tú eres el fuego que siempre arde, sin consumirse jamás. Tú eres el fuego que consume en sí todo amor propio del alma; tú eres la luz por encima de toda luz...

Tú eres el vestido que cubre toda desnudez, el alimento que alegra con su dulzura a todos los que tienen hambre. ¡Pues tú eres dulce, sin nada de amargor!

¡Revísteme, Trinidad eterna, revísteme de ti misma para que pase esta vida mortal en la verdadera obediencia y en la luz de la fe santísima, con la que tú has embriagado a mi alma!


Oración


Creo en Ti, Dios Padre,
Creo en Ti, Dios Hijo,
Creo en Ti, Dios Espíritu Santo,
pero aumentad mi fe.

Espero en Ti, Dios Padre,
Espero en Ti, Dios Hijo,
Espero en Ti Dios Espíritu Santo,
pero aumentad mi esperanza.

Te amo Dios Padre,
Te amo Dios Hijo, mi Señor Jesucristo, Dios y hombre verdadero,
Te amo Dios Espíritu Santo,
pero aumentad mi amor.

Gloria al Padre,
Gloria al Hijo,
Gloria al Espíritu Santo,
Gloria a la Santísima e indivisa Trinidad,
como era en el principio, ahora y siempre,
por todos los siglos de los siglos. Amen.
Padre omnipotente, ayuda mi fragilidad y sácame del abismo de mi miseria.
Sabiduría del Hijo, endereza todos mis pensamientos, palabras y obras de este día.
Amor del Espíritu Santo, sé el principio de todas las obras de mi alma,
para que sean siempre conformes con la Voluntad del Padre.

A Ti, Padre Ingénito,
A Ti, Hijo Unigénito,
A Ti, Espíritu de Santidad,
Un solo Dios en Trinidad,
De todo corazón te confieso,
te bendigo , te alabo.

A Ti, Trinidad Santísima se te dé siempre, todo honor,
gloria y alabanza por toda la eternidad.

Amén.


(Fuentes Ecatholic y Ewtn)

Apariciones de Nuestra Señora de Lourdes


PRIMERA APARICIÓN: 11 DE FEBRERO DE 1858.


Bernardita Soubirous, niña de 14 años, pobre y de salud muy delicada, ha ido con dos amigas a buscar leña para calentar su casa. 







De repente, ve en el hueco de la roca, una mujer muy joven y hermosa, con vestido y velo blanco y cinturón azul. Tiene los pies desnudos y una rosa amarilla sobre cada uno. Bernardita busca instintivamente su rosario y hace la señal de la cruz.


Estamos en la Gruta de Lourdes. Venimos con nuestras preocupaciones y esperanzas. Con Bernardita comienzo mi oración: “En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.


SEGUNDA APARICIÓN: 14 DE FEBRERO DE 1858.


Bernardita, con algunas compañeras de la escuela, ha vuelto a la gruta. Se arrodilla y puede contemplar nuevamente a la Dama. La pastorcita y la Aparición se saludan con una sonrisa. Mientras la niña recorre las cuentas de su rosario, la “Dama Blanca”, que lleva también el suyo, la imita pero sin pronunciar las palabras.

Con Bernardita y como ella, miro en silencio y ahora sé, mejor que antes, que la Virgen nos ve... Nos mira... Se preocupa de nosotros... De cada uno... De mí...


TERCERA APARICIÓN: 18 DE FEBRERO DE 1858.

Bernardita, acompañada por dos señoras, ha obtenido difícilmente de sus padres permiso para volver a la gruta. Dicen, en el pueblo, que Bernardita es una embustera o una loca. La pastorcita es asmática crónica desde que nació y lo será hasta la muerte. “No te prometo hacerte feliz en este mundo pero sí en el otro”, dice hoy la Dama a la niña. Luego añade: “Hazme el favor de venir aquí quince días seguidos”.


Feliz, sin ninguna mezcla de dolor, será nuestra vida en el Reino de Dios. Ahora, yo confío en Él. La Virgen, que ha sufrido mucho durante su vida y ha sido glorificada por Dios, me invita a tener paciencia y esperanza, como la tuvo ella, hasta llegar un día, a la casa del Padre.



CUARTA APARICIÓN: 19 DE FEBRERO DE 1858.

“Huye... huye...”, grita el Demonio a Bernardita, cuando ella se acerca a la Dama de la gruta. Entonces, la Señora levanta la cabeza, frunce el seño y mira hacia el torrente. Inmediatamente, se disipan las voces aterradas.

Yo me acerco a la Virgen porque Ella se ha acercado antes a nosotros. En Ella pongo toda mi confianza. Ella es mi madre. Es la Virgen María. Junto a Ella, nada ni nadie nos puede dañar.




QUINTA APARICIÓN: 20 DE FEBRERO DE 1858.

La Virgen enseña a Bernardita una oración destinada a ella exclusivamente. La niña la rezará toda su vida.

Cada uno debe conversar con Dios y con María, en el secreto de su corazón. Ellos siempre nos están escuchando. Además, la Iglesia nos enseña una oración universal a María: “Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor está contigo, bendita Tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén”.



SEXTA APARICIÓN: 21 DE FEBRERO DE 1858.

Bernardita esta arrobada en éxtasis. De repente, sus facciones toman un aspecto de tristeza y unas lágrimas caen de sus ojos. Se le pregunta el motivo de su tristeza repentina y ella contesta: “La señora miró por encima de mi cabeza a toda la gente que me acompañaba”. Su mirada era triste y me dijo: “Ruega a Dios por los pecadores”. 

Yo sé que el pecado es ser egoísta, amar poco, amar mal. Todos somos pecadores. Muchas veces ofendemos a nuestro Padre Dios. Por eso le decimos: “Padre nuestro, perdona nuestras ofensas como nosotros también queremos perdonar a los que nos ofenden”.}



SÉPTIMA APARICIÓN: 23 DE FEBRERO DE 1858.


El 22, Bernardita vino a la gruta, pero la Dama no apareció. Hoy, la niña recibe de la Señora tres secretos. Los llevará hasta la tumba. “¿Estos secretos anuncian cosas tristes?”, le preguntaron. “No, señor”. “¿Contarías tus secretos al Papa, si te lo pidiera?” . “No, señor. La dama me dijo que no se los contara a nadie”.


Yo también tengo mis secretos. A la Virgen le contamos todas las cosas, le agradecemos, le pedimos consejo y esperamos su ayuda. La Virgen y Madre de Jesús nos dice, en el fondo del corazón, como en las bodas de Caná: “Hagan lo que mi Hijo les diga”.



OCTAVA APARICIÓN: 24 DE FEBRERO DE 1858.

Mientras Bernardita está rezando, los testigos ven que un velo de tristeza cubre su rostro. Terminado el éxtasis, la pastorcita cuenta que la Señora, con acento doloroso, pronunció tres veces estas palabras: “Penitencia. Penitencia. Penitencia”. Bernardita llevará su cruz de enfermedades y de humillaciones hasta la muerte.


También nosotros escuchamos a la Virgen que nos invita a ofrecer nuestros sufrimientos y dolores porque el Señor Jesús murió para darnos vida. Mi penitencia se une a la suya. Un día, se transformará en gloria.



NOVENA APARICIÓN: 25 DE FEBRERO DE 1858.


“Vete a la fuente y bebe”, dijo la Visión a Bernardita. La niña que no veía ninguna fuente se dirige hacia el rio Gave que pasa al pie de la gruta. “No, por aquí”, le indicó la Señora. La niña escarbó la tierra y el agua brotó. Tres veces tiró la que había recogido en el hueco de la mano porque estaba llena de barro. Después la tomó y se lavó. La Señora le pidió también que comiera pasto. Obedeció. Esta vez, la gente que presenciaba el hecho pensó que la niña se volvía loca. Desde entonces, corre en Lourdes el agua milagrosa que ha sanado a miles de enfermos.


El agua de la fuente nos recuerda el agua bautismal que nos hizo hijos de Dios. Por lo tanto, somos todos hermanos. A menudo es difícil vivir esta realidad, pero la virgen nos invita a formar una nación de hermanos.



DÉCIMA APARICIÓN: 27 DE FEBRERO DE 1858.



“La dama me pidió que anduviera de rodillas y besara la tierra. Lo hice”. Luego, Bernardita, con gesto imperativo, ordenó a los presentes que ellos también besaran la tierra, como penitencia por los pecadores.


Yo soy pecador cuando no pienso en mi prójimo, en mi familia, en mis vecinos. Yo soy un pecador cuando no perdono, cuando no hago justicia. Somos pecadores cuando cada uno piensa sólo en lo suyo y nada en los demás. Señor, beso la tierra con humildad.



UNDÉCIMA APARICIÓN: 28 DE FEBRERO DE 1858.



Hoy el éxtasis de Bernardita dura más que de costumbre. La Señora da a la vidente este recado: “Anda y di a los sacerdotes que me edifiquen aquí una capilla”. La multitud ve que Bernardita besa el suelo largamente. Todos, con emoción, hacen lo mismo.


Somos muchos los que venimos a Lourdes a encontrarnos con el Señor Jesús y guiados por la virgen. Somos muchos los habitantes de Chile que amamos a María. Pero somos muchos también los pecadores. Cristo, ten piedad de nosotros.


DUODÉCIMA APARICIÓN: 1° DE MARZO DE 1858.


La Señora de la gruta le insiste a Bernardita que vaya a pedir a los sacerdotes: construir una Capilla y que la gente venga aquí en procesión. Bernardita tenía miedo de acercarse al Párroco de Lourdes. Sin embargo, lo hizo.
“Que diga esta señora quién es y que dé alguna prueba de su veracidad”, fue la respuesta del sacerdote. En efecto, hasta ahora, Bernardita no sabe todavía quién puede ser esta Dama tan luminosa que se le aparece. Bernardita continúa su oración. Los peregrinos que ya son unos tres mil, la imitan.


Hoy he aprendido algo nuevo: la oración, si no nos lleva a ser mejores con Dios y con el prójimo, no sirve, no es oración. Como Bernardita, que venció su miedo para visitar al párroco, así yo también, con la oración, me encuentro más fuerte y decidido para enfrentar mis obligaciones. Señor, ten piedad de nosotros.


DECIMOTERCERA APARICIÓN: 2 DE MARZO DE 1858.


Mientras Bernardita contempla a la Dama, se lleva la mano al bolsillo, saca su rosario y lo levanta en alto para mostrarlo a la Aparición. Los asistentes, creyendo que la Dama va a bendecir los rosarios, sacan los suyos. Después, la niña explica su gesto: “una amiga mía me pidió que rezara con su rosario, más bonito que el mío. Lo hice pero la Señora me preguntó dónde tenía el mío. ‘En el bolsillo’, le contesté. ‘Muéstramelo’, repuso Ella. Saqué mi rosario y se lo mostré. Entonces Ella me dijo: ‘reza con el tuyo’”.


Rezar el Rosario es lo más fácil y lo que más agrada a María. Si lo rezamos en familia, todavía mejor. La Virgen no nos pide cosas lujosas ni complicadas, sino acordarnos de Dios y hablarle.


DECIMOCUARTA APARICIÓN: 3 DE MARZO DE 1858.


La Dama explica a la niña que aquéllos que vienen a burlarse de las cosas de Dios profanan su Gruta. Recuerda también a la pastorcita su recado a los sacerdotes de Lourdes. El Párroco, emocionado por la visita de Bernardita, demuestra sin embargo aspereza exterior y sigue exigiendo que la misteriosa dama revele su identidad.


Nosotros también nos burlamos cuando rezamos con los labios oraciones o promesas, pero las desmentimos con la vida. La Gruta es para mí lugar sagrado. Me propongo corresponder de verdad a la voluntad del Señor: “Amarás a Dios con todo el corazón y a tu prójimo como a ti mismo”.



DECIMOQUINTA APARICIÓN: 4 DE MARZO DE 1858.


Último día de la quincena. Cerca de veinte mil personas han llegado a la gruta, esperando que la dama hiciera algún milagro que ellos también podrían ver. Llega Bernardita. Reza sin fijarse en la multitud. Mira profundamente hacia el nicho de la gruta. Su cara se muestra apacible. Conversa con “su Dama”. Pero nada sucede. La Virgen permanece silenciosa e invisible para los espectadores. Sólo la pastorcita la puede contemplar.


A menudo hay miles de personas en la Gruta y aparentemente no pasa nada. Sin embargo, hay un hecho maravilloso. Se siente que la Virgen está presente. Y nos trae la Palabra de Dios, el Evangelio de Jesús. El Evangelio es el libro del cristiano. Debe ser mi libro. Jamás debe faltar en mi hogar.



DECIMOSEXTA APARICIÓN: 25 DE MARZO DE 1858.


Desde el cuatro hasta el veinticinco, nada ha pasado en la gruta. Hoy es la fiesta de la Anunciación de María. Bernardita se siente impulsada hacia la gruta. Cuando entra en éxtasis suplica tres veces a la Señora: “Señora, ¿quiere tener la bondad de indicarme su nombre?”. La radiante Visión abre sus brazos, junta las manos y, los ojos mirando al cielo, entrega finalmente su secreto en estos términos: “Yo soy la Inmaculada Concepción”. 


Bernardita corre a la casa parroquial a dar la noticia al Párroco: su deseo ha sido cumplido.


Este nuevo nombre que se da a la Virgen, Madre de Dios, nos lo trae el mensaje de Lourdes: la Inmaculada Concepción enteramente abierta a Dios; nosotros, como Bernardita, pobres, vacíos de todo egoísmo, y disponibles para el bien.




DECIMOSÉPTIMA APARICIÓN: 7 DE ABRIL DE 1858.

Bernardita, con un rosario en una mano y un cirio en la otra, reza con fervor. Durante el éxtasis, la niña, sin darse cuenta, acerca su mano a la llama del cirio que toca sus dedos durante largos minutos (un médico es testigo ocular), sin que aparezca en su carne señal alguna de quemadura.


El cirio de Bernardita representa la luz que la Virgen desea ver en las manos de su confidente; luz de la resurrección, luz que desde más de ciento cincuenta años, brilla día y noche en la Gruta bendita de Lourdes. 

Mi visita a Lourdes va a terminar. Pero todos debemos salir de la gruta como portadores de la luz del Señor. Hemos comprendido que la virgen nos exige un compromiso con los que nos rodean. Donde hay tinieblas, pongamos luz. Donde hay desesperación, pongamos esperanza. Y muriendo al egoísmo, resucitaremos a la vida eterna.



DECIMOCTAVA APARICIÓN: 16 DE JULIO DE 1858.


Han pasado meses desde la última aparición. Bernardita siente un deseo intenso de ir a la gruta. La acompañan unas pocas personas. La Virgen y Bernardita se miran en silencio. Más tarde, Bernardita cuenta: “Ella se me apareció en el sitio de siempre. Nunca la vi tan bella”.


Yo miro a la Virgen, ella también me mira; me comprende porque me ama. Nos enseña a amar sirviendo. Servir a mis hermanos, a mi familia, a Chile... Hasta verla un día y ver a Dios por toda la eternidad.  (fuente: Santuario de Lourdes, Chile)




Bernardita ingresó dos años después en el hospicio de las Hermanas de la caridad de Nevers, para luego solicitar su admisión en la vida religiosa en la misma congregación.

Sor María Bernarda, se dedicó al cuidado de las enfermos, sin embargo su salud era muy delicada. Murió el 16 de abril de 1879.





Sor María Bernardita fue beatificada en 1925 y declarada Santa, en 1933 por el Papa Pio XI. 

Destacando en la figura de Santa María Bernarda su humildad y fidelidad al Señor y la Santísima Virgen.







El Santuario de Lourdes en Francia y en todas las replicas en el mundo, es un lugar de constantes peregrinaciones, donde las personas buscan el consuelo y la salud para sus cuerpos y almas.








ORACION A NUESTRA SEÑORA DE LOURDES

¡Oh amabilísima Virgen de Lourdes,
Madre de Dios y Madre nuestra!
Llenos de aflicción y con lágrimas fluyendo de los ojos, acudimos en las horas amargas de la enfermedad a tu maternal corazón, para pedirte que derrames a manos llenas el tesoro de tu misericordia sobre nosotros.
Indignos somos por nuestros pecados de que nos escuches: pero acuérdate de que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a Ti haya sido abandonado.
¡Madre tierna! ¡Madre bondadosa! ¡Madre dulcísima!
Ya que Dios obra por tu mano curaciones innumerables en la Gruta prodigiosa de Lourdes, sanando tantas víctimas del dolor, guarda también una mirada de bendición para nuestro pobre enfermo…(dígase el nombre del enfermo/a).
Alcánzale de tu Divino Hijo Jesucristo la deseada salud, si ha de ser para mayor gloria de Dios.
Pero mucho más, alcánzanos a todos el perdón de nuestros pecados, paciencia y resignación en los sufrimientos y sobre todo un amor grande y eterno a nuestro Dios, prisionero por nosotros en los Sagrarios.
Amén.

Virgen de Lourdes, ¡ruega por nosotros!.
Consuelo de los afligidos, ¡ruega por nosotros!
Salud de los enfermos, ¡ruega por nosotros!

Rezar tres Avemarías.

Alcánzanos Virgen Santísima, la salud e intercede por todos para que termine esta pandemia.