sábado, 6 de junio de 2020

Apariciones de Nuestra Señora de Lourdes


PRIMERA APARICIÓN: 11 DE FEBRERO DE 1858.


Bernardita Soubirous, niña de 14 años, pobre y de salud muy delicada, ha ido con dos amigas a buscar leña para calentar su casa. 







De repente, ve en el hueco de la roca, una mujer muy joven y hermosa, con vestido y velo blanco y cinturón azul. Tiene los pies desnudos y una rosa amarilla sobre cada uno. Bernardita busca instintivamente su rosario y hace la señal de la cruz.


Estamos en la Gruta de Lourdes. Venimos con nuestras preocupaciones y esperanzas. Con Bernardita comienzo mi oración: “En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.


SEGUNDA APARICIÓN: 14 DE FEBRERO DE 1858.


Bernardita, con algunas compañeras de la escuela, ha vuelto a la gruta. Se arrodilla y puede contemplar nuevamente a la Dama. La pastorcita y la Aparición se saludan con una sonrisa. Mientras la niña recorre las cuentas de su rosario, la “Dama Blanca”, que lleva también el suyo, la imita pero sin pronunciar las palabras.

Con Bernardita y como ella, miro en silencio y ahora sé, mejor que antes, que la Virgen nos ve... Nos mira... Se preocupa de nosotros... De cada uno... De mí...


TERCERA APARICIÓN: 18 DE FEBRERO DE 1858.

Bernardita, acompañada por dos señoras, ha obtenido difícilmente de sus padres permiso para volver a la gruta. Dicen, en el pueblo, que Bernardita es una embustera o una loca. La pastorcita es asmática crónica desde que nació y lo será hasta la muerte. “No te prometo hacerte feliz en este mundo pero sí en el otro”, dice hoy la Dama a la niña. Luego añade: “Hazme el favor de venir aquí quince días seguidos”.


Feliz, sin ninguna mezcla de dolor, será nuestra vida en el Reino de Dios. Ahora, yo confío en Él. La Virgen, que ha sufrido mucho durante su vida y ha sido glorificada por Dios, me invita a tener paciencia y esperanza, como la tuvo ella, hasta llegar un día, a la casa del Padre.



CUARTA APARICIÓN: 19 DE FEBRERO DE 1858.

“Huye... huye...”, grita el Demonio a Bernardita, cuando ella se acerca a la Dama de la gruta. Entonces, la Señora levanta la cabeza, frunce el seño y mira hacia el torrente. Inmediatamente, se disipan las voces aterradas.

Yo me acerco a la Virgen porque Ella se ha acercado antes a nosotros. En Ella pongo toda mi confianza. Ella es mi madre. Es la Virgen María. Junto a Ella, nada ni nadie nos puede dañar.




QUINTA APARICIÓN: 20 DE FEBRERO DE 1858.

La Virgen enseña a Bernardita una oración destinada a ella exclusivamente. La niña la rezará toda su vida.

Cada uno debe conversar con Dios y con María, en el secreto de su corazón. Ellos siempre nos están escuchando. Además, la Iglesia nos enseña una oración universal a María: “Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor está contigo, bendita Tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén”.



SEXTA APARICIÓN: 21 DE FEBRERO DE 1858.

Bernardita esta arrobada en éxtasis. De repente, sus facciones toman un aspecto de tristeza y unas lágrimas caen de sus ojos. Se le pregunta el motivo de su tristeza repentina y ella contesta: “La señora miró por encima de mi cabeza a toda la gente que me acompañaba”. Su mirada era triste y me dijo: “Ruega a Dios por los pecadores”. 

Yo sé que el pecado es ser egoísta, amar poco, amar mal. Todos somos pecadores. Muchas veces ofendemos a nuestro Padre Dios. Por eso le decimos: “Padre nuestro, perdona nuestras ofensas como nosotros también queremos perdonar a los que nos ofenden”.}



SÉPTIMA APARICIÓN: 23 DE FEBRERO DE 1858.


El 22, Bernardita vino a la gruta, pero la Dama no apareció. Hoy, la niña recibe de la Señora tres secretos. Los llevará hasta la tumba. “¿Estos secretos anuncian cosas tristes?”, le preguntaron. “No, señor”. “¿Contarías tus secretos al Papa, si te lo pidiera?” . “No, señor. La dama me dijo que no se los contara a nadie”.


Yo también tengo mis secretos. A la Virgen le contamos todas las cosas, le agradecemos, le pedimos consejo y esperamos su ayuda. La Virgen y Madre de Jesús nos dice, en el fondo del corazón, como en las bodas de Caná: “Hagan lo que mi Hijo les diga”.



OCTAVA APARICIÓN: 24 DE FEBRERO DE 1858.

Mientras Bernardita está rezando, los testigos ven que un velo de tristeza cubre su rostro. Terminado el éxtasis, la pastorcita cuenta que la Señora, con acento doloroso, pronunció tres veces estas palabras: “Penitencia. Penitencia. Penitencia”. Bernardita llevará su cruz de enfermedades y de humillaciones hasta la muerte.


También nosotros escuchamos a la Virgen que nos invita a ofrecer nuestros sufrimientos y dolores porque el Señor Jesús murió para darnos vida. Mi penitencia se une a la suya. Un día, se transformará en gloria.



NOVENA APARICIÓN: 25 DE FEBRERO DE 1858.


“Vete a la fuente y bebe”, dijo la Visión a Bernardita. La niña que no veía ninguna fuente se dirige hacia el rio Gave que pasa al pie de la gruta. “No, por aquí”, le indicó la Señora. La niña escarbó la tierra y el agua brotó. Tres veces tiró la que había recogido en el hueco de la mano porque estaba llena de barro. Después la tomó y se lavó. La Señora le pidió también que comiera pasto. Obedeció. Esta vez, la gente que presenciaba el hecho pensó que la niña se volvía loca. Desde entonces, corre en Lourdes el agua milagrosa que ha sanado a miles de enfermos.


El agua de la fuente nos recuerda el agua bautismal que nos hizo hijos de Dios. Por lo tanto, somos todos hermanos. A menudo es difícil vivir esta realidad, pero la virgen nos invita a formar una nación de hermanos.



DÉCIMA APARICIÓN: 27 DE FEBRERO DE 1858.



“La dama me pidió que anduviera de rodillas y besara la tierra. Lo hice”. Luego, Bernardita, con gesto imperativo, ordenó a los presentes que ellos también besaran la tierra, como penitencia por los pecadores.


Yo soy pecador cuando no pienso en mi prójimo, en mi familia, en mis vecinos. Yo soy un pecador cuando no perdono, cuando no hago justicia. Somos pecadores cuando cada uno piensa sólo en lo suyo y nada en los demás. Señor, beso la tierra con humildad.



UNDÉCIMA APARICIÓN: 28 DE FEBRERO DE 1858.



Hoy el éxtasis de Bernardita dura más que de costumbre. La Señora da a la vidente este recado: “Anda y di a los sacerdotes que me edifiquen aquí una capilla”. La multitud ve que Bernardita besa el suelo largamente. Todos, con emoción, hacen lo mismo.


Somos muchos los que venimos a Lourdes a encontrarnos con el Señor Jesús y guiados por la virgen. Somos muchos los habitantes de Chile que amamos a María. Pero somos muchos también los pecadores. Cristo, ten piedad de nosotros.


DUODÉCIMA APARICIÓN: 1° DE MARZO DE 1858.


La Señora de la gruta le insiste a Bernardita que vaya a pedir a los sacerdotes: construir una Capilla y que la gente venga aquí en procesión. Bernardita tenía miedo de acercarse al Párroco de Lourdes. Sin embargo, lo hizo.
“Que diga esta señora quién es y que dé alguna prueba de su veracidad”, fue la respuesta del sacerdote. En efecto, hasta ahora, Bernardita no sabe todavía quién puede ser esta Dama tan luminosa que se le aparece. Bernardita continúa su oración. Los peregrinos que ya son unos tres mil, la imitan.


Hoy he aprendido algo nuevo: la oración, si no nos lleva a ser mejores con Dios y con el prójimo, no sirve, no es oración. Como Bernardita, que venció su miedo para visitar al párroco, así yo también, con la oración, me encuentro más fuerte y decidido para enfrentar mis obligaciones. Señor, ten piedad de nosotros.


DECIMOTERCERA APARICIÓN: 2 DE MARZO DE 1858.


Mientras Bernardita contempla a la Dama, se lleva la mano al bolsillo, saca su rosario y lo levanta en alto para mostrarlo a la Aparición. Los asistentes, creyendo que la Dama va a bendecir los rosarios, sacan los suyos. Después, la niña explica su gesto: “una amiga mía me pidió que rezara con su rosario, más bonito que el mío. Lo hice pero la Señora me preguntó dónde tenía el mío. ‘En el bolsillo’, le contesté. ‘Muéstramelo’, repuso Ella. Saqué mi rosario y se lo mostré. Entonces Ella me dijo: ‘reza con el tuyo’”.


Rezar el Rosario es lo más fácil y lo que más agrada a María. Si lo rezamos en familia, todavía mejor. La Virgen no nos pide cosas lujosas ni complicadas, sino acordarnos de Dios y hablarle.


DECIMOCUARTA APARICIÓN: 3 DE MARZO DE 1858.


La Dama explica a la niña que aquéllos que vienen a burlarse de las cosas de Dios profanan su Gruta. Recuerda también a la pastorcita su recado a los sacerdotes de Lourdes. El Párroco, emocionado por la visita de Bernardita, demuestra sin embargo aspereza exterior y sigue exigiendo que la misteriosa dama revele su identidad.


Nosotros también nos burlamos cuando rezamos con los labios oraciones o promesas, pero las desmentimos con la vida. La Gruta es para mí lugar sagrado. Me propongo corresponder de verdad a la voluntad del Señor: “Amarás a Dios con todo el corazón y a tu prójimo como a ti mismo”.



DECIMOQUINTA APARICIÓN: 4 DE MARZO DE 1858.


Último día de la quincena. Cerca de veinte mil personas han llegado a la gruta, esperando que la dama hiciera algún milagro que ellos también podrían ver. Llega Bernardita. Reza sin fijarse en la multitud. Mira profundamente hacia el nicho de la gruta. Su cara se muestra apacible. Conversa con “su Dama”. Pero nada sucede. La Virgen permanece silenciosa e invisible para los espectadores. Sólo la pastorcita la puede contemplar.


A menudo hay miles de personas en la Gruta y aparentemente no pasa nada. Sin embargo, hay un hecho maravilloso. Se siente que la Virgen está presente. Y nos trae la Palabra de Dios, el Evangelio de Jesús. El Evangelio es el libro del cristiano. Debe ser mi libro. Jamás debe faltar en mi hogar.



DECIMOSEXTA APARICIÓN: 25 DE MARZO DE 1858.


Desde el cuatro hasta el veinticinco, nada ha pasado en la gruta. Hoy es la fiesta de la Anunciación de María. Bernardita se siente impulsada hacia la gruta. Cuando entra en éxtasis suplica tres veces a la Señora: “Señora, ¿quiere tener la bondad de indicarme su nombre?”. La radiante Visión abre sus brazos, junta las manos y, los ojos mirando al cielo, entrega finalmente su secreto en estos términos: “Yo soy la Inmaculada Concepción”. 


Bernardita corre a la casa parroquial a dar la noticia al Párroco: su deseo ha sido cumplido.


Este nuevo nombre que se da a la Virgen, Madre de Dios, nos lo trae el mensaje de Lourdes: la Inmaculada Concepción enteramente abierta a Dios; nosotros, como Bernardita, pobres, vacíos de todo egoísmo, y disponibles para el bien.




DECIMOSÉPTIMA APARICIÓN: 7 DE ABRIL DE 1858.

Bernardita, con un rosario en una mano y un cirio en la otra, reza con fervor. Durante el éxtasis, la niña, sin darse cuenta, acerca su mano a la llama del cirio que toca sus dedos durante largos minutos (un médico es testigo ocular), sin que aparezca en su carne señal alguna de quemadura.


El cirio de Bernardita representa la luz que la Virgen desea ver en las manos de su confidente; luz de la resurrección, luz que desde más de ciento cincuenta años, brilla día y noche en la Gruta bendita de Lourdes. 

Mi visita a Lourdes va a terminar. Pero todos debemos salir de la gruta como portadores de la luz del Señor. Hemos comprendido que la virgen nos exige un compromiso con los que nos rodean. Donde hay tinieblas, pongamos luz. Donde hay desesperación, pongamos esperanza. Y muriendo al egoísmo, resucitaremos a la vida eterna.



DECIMOCTAVA APARICIÓN: 16 DE JULIO DE 1858.


Han pasado meses desde la última aparición. Bernardita siente un deseo intenso de ir a la gruta. La acompañan unas pocas personas. La Virgen y Bernardita se miran en silencio. Más tarde, Bernardita cuenta: “Ella se me apareció en el sitio de siempre. Nunca la vi tan bella”.


Yo miro a la Virgen, ella también me mira; me comprende porque me ama. Nos enseña a amar sirviendo. Servir a mis hermanos, a mi familia, a Chile... Hasta verla un día y ver a Dios por toda la eternidad.  (fuente: Santuario de Lourdes, Chile)




Bernardita ingresó dos años después en el hospicio de las Hermanas de la caridad de Nevers, para luego solicitar su admisión en la vida religiosa en la misma congregación.

Sor María Bernarda, se dedicó al cuidado de las enfermos, sin embargo su salud era muy delicada. Murió el 16 de abril de 1879.





Sor María Bernardita fue beatificada en 1925 y declarada Santa, en 1933 por el Papa Pio XI. 

Destacando en la figura de Santa María Bernarda su humildad y fidelidad al Señor y la Santísima Virgen.







El Santuario de Lourdes en Francia y en todas las replicas en el mundo, es un lugar de constantes peregrinaciones, donde las personas buscan el consuelo y la salud para sus cuerpos y almas.








ORACION A NUESTRA SEÑORA DE LOURDES

¡Oh amabilísima Virgen de Lourdes,
Madre de Dios y Madre nuestra!
Llenos de aflicción y con lágrimas fluyendo de los ojos, acudimos en las horas amargas de la enfermedad a tu maternal corazón, para pedirte que derrames a manos llenas el tesoro de tu misericordia sobre nosotros.
Indignos somos por nuestros pecados de que nos escuches: pero acuérdate de que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a Ti haya sido abandonado.
¡Madre tierna! ¡Madre bondadosa! ¡Madre dulcísima!
Ya que Dios obra por tu mano curaciones innumerables en la Gruta prodigiosa de Lourdes, sanando tantas víctimas del dolor, guarda también una mirada de bendición para nuestro pobre enfermo…(dígase el nombre del enfermo/a).
Alcánzale de tu Divino Hijo Jesucristo la deseada salud, si ha de ser para mayor gloria de Dios.
Pero mucho más, alcánzanos a todos el perdón de nuestros pecados, paciencia y resignación en los sufrimientos y sobre todo un amor grande y eterno a nuestro Dios, prisionero por nosotros en los Sagrarios.
Amén.

Virgen de Lourdes, ¡ruega por nosotros!.
Consuelo de los afligidos, ¡ruega por nosotros!
Salud de los enfermos, ¡ruega por nosotros!

Rezar tres Avemarías.

Alcánzanos Virgen Santísima, la salud e intercede por todos para que termine esta pandemia.

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